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Edición Nº 1763 |
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Lo de Iraq
Apesta
Con el pasar de los días, la Organización de las Naciones Unidas se inclina cada vez más en contra de una guerra ahora, la economía de EE.UU. se complica y el gobierno de Bush confronta un descontento creciente, con aliados cercanos que se juegan sus carreras ante la opinión pública adversa y un mundo musulmán que se encabrita. Diferente fue en 1991. Ver próximas páginas.
La Guerra que No Pudo Impedir Cómo el peruano Javier Pérez de Cuéllar, entonces secretario general de las Naciones Unidas, lidió con Saddam Hussein y trató con George Bush padre antes de la Guerra del Golfo en 1991. Y su actual posición frente a una nueva guerra contra Iraq. EN los muchos años al servicio de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar condujo con éxito procesos de paz en regiones y conflictos tan disímiles como los de Chipre, El Salvador y la guerra entre Irán e Iraq en la década de los '80. Pero no pudo evitar que estalle la llamada Guerra del Golfo, en 1991. JPC -actual embajdor del Perú en Francia- era entonces el secretario general de las Naciones Unidas. En agosto de 1990 Iraq invadió el rico emirato vecino de Kuwait. Durante seis meses la ONU negoció con Saddam Hussein para que pusiera fin a la ocupación de manera pacífica. Pero Hussein no cedió un centímetro. En enero de 1991, Pérez de Cuéllar se entrevistó
con Hussein en Bagdad. No era la primera vez que lo vio, pero sí
fue la última. De dichos encuentros JPC guarda un perfil de la
personalidad del mandatario iraquí muy puntual.
"Las tres veces que lo vi me trató con gran cortesía -recuerda JPC de Hussein- pero no es una persona que da a uno la impresión de que está tratando de que lo convenzan. En todo caso está escuchando para confirmarse en su posición. Me dio la impresión de una persona totalmente intransigente. No siendo militar, usa uniforme militar. Uno tiene la impresión de estar conversando con un coronel o un general. En una conversación que tuve con él me dijo que era abogado, después me enteré que tampoco era abogado. En realidad es un hombre que estudia muy bien sus problemas y los expone con mucha claridad, con mucha sobriedad. Pero naturalmente en ninguno de los dos casos ha tenido razón y, por lo tanto, por más buena que sea su explicación, no es convincente". Esa fue la última vez que JPC vio a Hussein. Tres días después estalló la Guerra del Golfo. Agotada la diplomácia, hablaron las armas. Con fecha y hora: miércoles 16 de enero de 1991; 3 a.m. Y con inapelable contundencia. En sólo 42 días las tropas aliadas lideradas por EE.UU. aplastaron la resistencia militar iraquí. Once años después el mundo se debate en la misma encrucijada: someter a Iraq por la fuerza a los mandatos de las Naciones Unidas. Sólo que esta vez las cosas son bastante distintas. GUERRA POR CONSENSO El próximo 17 de marzo se vence el plazo otorgado por los norteamericanos a Iraq para que entregue voluntariamente las armas de destrucción masiva que presuntamente esconde. En caso contrario, EE.UU. amenaza con someter al régimen de Hussein por la fuerza a los mandatos de las NN.UU. tal como ocurrió en la Guerra del Golfo, en 1991. Esta vez EE.UU. no sólo ha fracasado en reeditar la amplia coalición internacional que lo acompañó en la Guerra del Golfo, sino que Francia, Rusia y Alemania han declarado que vetarían a EE.UU. en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Estados Unidos necesita nueve de los quince votos del Consejo de Seguridad para atacar a Iraq con el respaldo de la comunidad internacional. Muy distinto fue lo que aconteció en la Guerra del Golfo. "En 1991 Iraq había invadido a Kuwait, un país miembro de las Organización en flagrante violación de la carta de las Naciones Unidas", recuerda Javier Pérez de Cuéllar, el entonces secretario general de la ONU. "Lógicamente, con mucha facilidad, se conformó un consenso en el Consejo de Seguridad. En lugar de nueve votos, fueron 13 los votos que estuvieron de acuerdo con la coalición que formaron americanos, ingleses, franceses, egipcios, jordanos y la Arabia Saudita para el uso de la fuerza. Sólo Cuba y Yemen no la respaldaron. De manera que desde el punto de vista jurídico, la operación militar contra Irak en Kuwait en la Guerra del Golfo fue inatacable". "El caso de ahora es completamente diferente", sostiene JPC. "Se trata del incumplimiento por Irak de las resoluciones que desde 1990 debió acatar. Y la última -la resolución 1441- todavía está por cumplirse o se está cumpliendo a cuentagotas".
Ese es el problema. Los inspectores de la ONU al mando del sueco Hans Blix no han proporcionado las evidencias de que Iraq posea armas de destrucción masiva. "Yo lo conozco muy bien al señor Blix -señala JPC- porque fue un funcionario que trabajó conmigo en la ONU. Es más, yo lo nombré como director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía Atómica con sede en Viena en 1981. Es un funcionario de gran seriedad y corrección. Los informes que da no son nunca: `no se puede seguir adelante porque Iraq no coopera'. Dice: `colabora pero no lo suficiente'". "Nadie duda de la mala fe de Saddam Hussein, eso yo creo que es indiscutible", señala JPC. "Y nadie duda de la indispensabilidad de que ese país sea plenamente desarmado. El problema es el de las pruebas. ¿Vale la pena desencadenar una guerra mundial cuyas consecuencias no son predecibles?" "Por eso una fórmula para evitar la guerra pueda ser que en lugar de que el próximo jueves 13 se vote en el Consejo de Seguridad de la ONU la nueva resolución presentada por EE.UU., Gran Bretaña y España, se extienda por ejemplo el plazo para que se complete el desarme de Iraq. Eso naturalmente debilitaría la posición de quienes se oponen a una acción bélica: Francia, Rusia, China y Alemania. Lo que pasa es que no se sabe hasta qué punto los norteamericanos están dispuestos a hacer una nueva concesión. Desde noviembre están preparándose para una gran ofensiva, y han hecho una colosal inversión para acumular en la frontera con Iraq una fuerza militar casi sin precedentes en la historia". DERROCAR A HUSSEIN Las muy explícitas declaraciones del presidente de EE.UU. George W. Bush de que la acción militar busca también derrocar al gobierno de Saddam Hussein marcan otra sustancial diferencia con la acción militar avalada por la ONU en 1991. "Los EE.UU. y sus aliados no pudieron ir hasta Bagdad por la sencilla razón que el mandato que ellos habían recibido del Consejo de Seguridad era desalojar a los iraquíes de Kuwait". Recuerda JPC. Una vez acabada esa labor de limpieza, no tenían derecho de seguir más adelante. No es que Bush padre no se atrevió a ir -o no quiso ir- hasta Bagdad. Es que no podía ir desde el punto de vista legal. El padre del actual presidente de EE.UU. quería mantenerse dentro del marco legal. De otro lado, sabía perfectamente que si él hubiera avanzado y tomado una posición agresiva respecto a Hussein -no obstante que la merecía- se iba a deshacer la coalición en lo que se refiere a sus componentes árabes que eran Egipto, Arabia Saudita, Jordania, etc". En cambio, el pretender derrocar a Hussein ahora, declaró Pérez de Cuéllar esta semana a la BBC, "está en contradicción con el artículo 2 de la Carta de la ONU, que exige la no intervención de la organización y los países miembros en los asuntos internos de otros países".
EL PODER DEL VETO La fractura en Occidentes respecto a la guerra con Iraq ha producido la peor crisis que confronta la ONU desde su creación al final. Pero tampoco sería la primera vez que una potencia desconozca la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. En tiempos de la Guerra Fría los rusos todo lo vetaban: el ya famoso Mr. Niet! (no en ruso). Pero los soviéticos no fueron los únicos, ni es ésta la primera divergencia en Occidente. "En la Guerra del Canal de Suez en 1956, EE.UU. fue quien vetó la acción armada de Francia y Gran Bretaña en defensa de lo que creían ellos que eran sus intereses. Yo recuerdo muy bien que lo que los norteamericanos decían que no se podía tomar ninguna acción militar sin el apoyo de las NN.UU. y que estos países habían violado la Carta de las Naciones Unidas. ¡La misma situación pero al revés! "También el problema del Cercano Oriente -el de israelíes y palestinos- ha sido vetado de un lado y del otro, sobre todo vetos norteamericanos". Claro que esta vez la magnitud del conflicto no tiene precedentes. Los cuatro países grandes Francia, Rusia, China y Alemania consideran que las evidencias proporcionadas por la misión de inspectores no justifican que se declare una guerra mundial de impredecibles consecuencias. Siempre se sabe cuándo arranca una guerra, pero nunca cuándo terminará". "En todo caso yo como Embajador del Perú estoy en una posición de observación como lo está mi gobierno. La decisión de nuestro gobierno dice que hay que exigir que Iraq cumpla las resoluciones, pero al mismo tiempo sabe que el uso de la fuerza debe ser el último recurso".
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