Edición Nº 1763


 

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    ARTICULO

    13 de marzo de 2003

    Paginas 24 y 25 de la edición impresa.

    El próximo 20 de marzo, recibirá sentencia por el juicio de tráfico de influencias. Le espera otro por corrupción de funcionarios. De puño y letra. "Huamán hizo que su secretaria nos tomara los exámenes". El Diario narra las circunstancias en las que llegó al SIN.


    El Diario Intimo de Jacquie
    Primera entrega del testimonio escrito de la ex pareja de Vladimiro Montesinos.

    DOS mujeres conocidas como voceadoras gritan a pulmón pelado los nombres de las chicas que tienen visita. En un rincón, pastores evangélicos elevan plegarias con algunas de las reclusas. De mesa en mesa, las comidas pasan de los pollos a la brasa, al arroz con pato y a los pescados fritos. La que no tiene apetito permanece sentada, sin despegar la mirada de la persona querida que viene a pasar con ella la mañana del sábado.

    Debajo de una sombrilla se sienta Jacqueline Beltrán, la ex pareja sentimental de Vladimiro Montesinos. Los rigores de la cárcel no han ido en detrimento del cuidado que le pone a su apariencia. Lentes oscuros sobre la cabeza, conjunto informal negro, maquillaje llamativo. "Una lástima conocernos en estas circunstancias", dice.

    No es una santa pero con casi dos años de encierro en el penal Santa Mónica cumple un castigo que parece salido del infierno. CARETAS viene advirtiendo en este caso y en algunos otros, un exceso de severidad que puede desvirtuar el rigor y la justicia con los que necesariamente se debe conducir el mega-proceso contra la corrupción de la década pasada. Beltrán no tiene cuentas significativas a su nombre. A juzgar por el estricto interrogatorio al que ha sido sometida en las últimas semanas, parece que no tuvo relación con las grandes fechorías del ex asesor. A pesar de ello está en la cárcel. No le concedieron la comparecencia o el arresto domiciliario que sí tienen procesados comprometidos hasta el cuello.

    A partir de esta edición CARETAS publica en exclusiva el diario de la Beltrán. En esta primera entrega reflexiona sobre el proceso judicial, hace sus descargos y narra cómo llegó a poner el pie en las instalaciones del SIN en Las Palmas. Su vida no volvería a ser la misma. (E.CH.)

     
    El año pasado la volvieron a encarcelar luego de otorgarle arresto domiciliario. "¿Habrá alguien en mi lugar tranquila e imperturbable?"

    El Diario I

    "Lima, 8 de marzo del 2003

    Quisiera empezar estas notas compartiendo cómo me siento en esta etapa que, por circunstancias ajenas a mí, me ha tocado vivir.

    Sé que se ha dicho mucho de mí en estos dos años y no necesariamente cosas buenas, sino más bien mentiras y calumnias de gente que seguramente me tiene muy mala fe. Pero también sé que por encontrarme en estas condiciones no he podido defenderme como lo hubiera hecho cualquier persona en libertad.

    El 18 de febrero empezó el juicio oral por el delito de tráfico de influencias. De hecho fue un día de mucha expectativa, tanto para los medios periodísticos como para la opinión pública. Para la sorpresa de muchos y de la que habla fue el inicio de un panorama que considero sumamente patético y vergonzoso. Quisiera explicar por qué

    Primero, el gran acusador, el señor Montesinos, decidió guardar silencio. Considero aquello contradictorio, ya que era la oportunidad que tenía, si es que era cierta, de sustentar su acusación frente a mí.

    En segundo lugar, existió un exceso de severidad de la Sala presidida por la doctora Inés Villa Bonilla. En todo momento manifestó su poder, siendo evidentemente injusta al no permitir que me defienda, no sólo de la acusación del señor fiscal, sino también de las impertinencias del mismo. Me recordó en todo momento que suspendería la diligencia si perdía la serenidad.

    Me pregunto, ¿es acaso que el poder que tiene la doctora Villa Bonilla la ha vuelto tan insensible que olvida que ella viene a la audiencia desde la comodidad de su hogar y que yo estoy injustamente encarcelada más de dos años? ¿Habrá alguien en mi lugar que esté tranquila e imperturbable?

    En tercer lugar, quisiera puntualizar la actitud prepotente del señor fiscal, que más parece buscar venganza y no justicia. Llegó al punto de la ofensa al llamarme indigna, sólo por no aceptar un delito que no cometí.

    El señor fiscal dice que encontraron documentos que acreditan mi culpabilidad en tráfico de influencias. Pero, como autoridad, el señor fiscal tendría que explicar cómo se puede acreditar este hecho si la incautación del inmueble de playa Arica se hizo sin mi presencia o la del abogado, estando yo aún en libertad. Esto sorprendió a la propia doctora Villa.

    En cuarto lugar, se presentaron irregularidades en la diligencia con la señora Pinchi o Rosita como ella misma admitió se hacía llamar. Hasta el momento ella no ha dado ninguna explicación. No sólo la trataron como una verdadera lady a la cómplice de Montesinos, sino que tanto el fiscal como la propia Sala se cuidaron en todo momento de proteger el testimonio de la persona de Pinchi. Esto llegó al punto que estaban considerando irrelevante una confrontación entre las dos, cuando había de por medio puntos evidentemente contradictorios. Lamentablemente no se pudieron aclarar, debido a la prepotencia de los miembros de la Sala que, estoy totalmente segura, sabían que yo iba a desenmascarar con la verdad a la cómplice de Montesinos.

    Ella dice que Montesinos le decía que discutía conmigo por problemas judiciales de mi familia y que yo lo amenazaba. Ante esta acusación falsa de la cómplice del acusado Montesinos no me queda más que ratificarme en mis declaraciones, que son de conocimiento de todos los medios periodísticos y de la opinión pública.

    Es de conocimiento que he sido sometida a un interrogatorio fuerte y duro, al punto que me he visto obligada a revelar intimidades de mi vida privada con el único deseo de que los señores magistrados entiendan de una vez que sólo fui la compañera sentimental de Vladimiro Montesinos y que éste, aprovechándose del poder que tenía, pudo ocultarme de la manera más audaz toda su vida ilícita e incluso a su familia de la que me hizo creer que vivía en Estados Unidos. Vladimiro Montesinos es abogado, manipuló políticos, corrompió a funcionarios, manejó millones. Yo sólo fui una simple secretaria que por obra del destino me enamoré de una mentira de honorabilidad y caballerosidad. Nunca me metí en política, no sé nada de derecho y nunca participé en cuestiones de Estado.

    No participé en la vida social del señor Montesinos, no asistía a los cumpleaños, nunca me vinculé con los traficantes de armas, no conocí a los generales y menos a sus esposas. Por el contrario, él me tenía escondida y nadie sabía de mi existencia.

    ¿Cómo podía, señores, saber con este estilo de vida de dónde provenían los ingresos del señor Montesinos si yo no era la que manejaba sus cuentas? ¿Si ni siquiera sabía que existían?

    En todos los expedientes figura que eran los familiares directos del señor Montesinos quienes realizaban esas actividades y no era yo. Sin embargo a ellas ni las tocan y hasta les dan libertad mientras que a mí se me mantiene presa, se me lastima como madre y como mujer. En fin, confío mucho en Dios, quien sabe la verdad que no discuto.

    ¿COMO CONONCI AL SEÑOR MONTESINOS?

    Era el mes de junio del año 1994 y yo me encontraba sin trabajo porque la línea aérea a la cual pertenecía, Aeroperú, había quebrado. Con el dolor de mi alma me retiré.

    Tuve el honor de trabajar casi cinco años allí y la empresa me dio la oportunidad de experimentar cosas maravillosas, como viajar por otros países del mundo. Fue entonces que ante estas circunstancias me acerqué a la Academia Columbia, donde estudié Aviación Comercial, idiomas y secretariado. Tuve una experiencia muy linda en esta academia, cuyos directores son honorables personas a quienes les guardo un profundo cariño y respeto. Fue un día de junio que fui a la academia en busca de una oportunidad de trabajo en alguna línea aérea como American Airlines, debido a la experiencia adquirida en Aeroperú. Fue aquel día que conocí a una señora de nombre Martha, quien desde que me vio en la academia no escatimó en proponerme trabajar en el Ministerio de la Presidencia. Cuando escuché esta proposición no me interesó y le dije que mi interés era trabajar en lo que me gustaba: una línea aérea. Lamentablemente me dijeron en la academia Columbia que no había vacantes por el momento.

    En estas circunstancias es que acepto el trabajo de secretaria. Recuerdo que en un automóvil de lunas oscuras me recogieron de mi casa esta señora Martha con tres señoritas más. Nos dirigimos por toda la Vía Expresa hasta la entrada de Las Palmas. Cuando llegamos bajamos todos a la oficina donde se encontraba en ese entonces el comandante Roberto Huamán. El mismo hizo que su secretaria personal nos tomara el examen y recibiera los currículums. Transcurrido el tiempo del examen el comandante Huamán nos hizo entrar a su oficina a todos y nos dijo que nos evaluaría los exámenes, que él daría su informe final y en base a eso nos llamarían a nuestros domicilios en caso fuéramos seleccionadas para el puesto de secretaria.

    Luego de 10 días, me avisaron que había obtenido el puesto. No era en el Ministerio, sino en la Alta Dirección de Inteligencia Nacional. Una semana más tarde recién conocí al señor Montesinos. Se acercó muy educado a saludarme y me dijo: "soy el doctor Montesinos. Usted habrá escuchado hablar de mí".



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