Edición Nº 1763


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    ARTICULO

    13 de marzo de 2003

    Flora Tristán:
    El Paraíso de La Libertad

    Este 20 de marzo, con un tiraje inicial de 40 mil ejemplares, será presentada "El paraíso en la otra esquina", la última novela de Mario Vargas Llosa.

    La novela será presentada en la Casa de América de Madrid con una exposición fotográfica de su hija, Morgana, titulada "Las Fotos del Paraíso". Centro: La carátula de la novela se remonta al juego de la gallinita ciega. Derecha, inusual Flora Tristán en retrato de Alvaro Núñez Rebaza.

    Escribe MARIO VARGAS LLOSA

    Abrió los ojos a
    las cuatro de la mañana y pensó:
    "Hoy empiezas a
    cambiar el
    mundo, Florita."

    (Comienzo de "El paraíso en la otra esquina").

    FLORA Tristán nació en el año 1801, y murió cuarenta y un años después. (...) Ella era hija de un militar español avecindado en el Perú; el Perú formaba parte todavía de España cuando Flora Tristán nació. Y su nacimiento fue, ella lo descubriría sólo después, una tragedia, porque el coronel D. Mariano Tristán no se casó guardando todas las formalidades. Estaba destacado en Bilbao, en donde conoció a una francesita, Teresa Lené, que había huido con toda su familia de la revolución y se había domiciliado allí. Para un militar español casarse con una francesa exigía un trámite, unos permisos, unas licencias que el coronel, D. Mariano Tristán, no hizo y su matrimonio, que se llevó a cabo gracias a un curita francés, también exiliado en Bilbao, no tuvo ningún poder legal. La pareja se trasladó a Francia, allí nació Flora Tristán, y cuando ella tenía apenas cuatro años y medio el coronel, D. Mariano Tristán, murió de un síncope. Vivían en un barrio residencial de París, en Guoya, en una casa que Flora Tristán recordaría siempre como un paraíso que, seguramente, con la vida difícil y sacrificada que tuvo, su memoria idealizó. Y entonces, como no tenía unos papeles que justificaran heredar esa mansión, Flora Tristán y su madre fueron arrojadas de ese paraíso y condenadas a vivir miserablemente en unos de los barrios más pobres de París, en la plaza Maubert, un barrio lleno de borrachos, vagabundos y de gentes de mal vivir. Cuando era muy jovencita Flora Tristán, su madre consiguió emplearla en una oficina de grabados como obrera colorista, obrera que coloreaba los grabados que realizaba un señor llamado André Chazal, que tenía esta pequeña imprenta. El Sr. Chazal, que era mayor, se enamoró de esta jovencita y la madre prohijó estos amores e impulsó a su hija a casarse con su jefe. Flora Tristán se casó con André Chazal y el matrimonio fue un desastre. Duró apenas cuatro años y en ellos Flora Tristán tuvo tres hijos, dos de los cuales morirían en tierna edad y sobreviviría sólo una niña llamada Aline, que sería la madre de Paul Gauguin. El matrimonio fue para Flora Tristán una experiencia traumática; descubrió no solamente que no quería a ese señor, al que la ley había convertido prácticamente en su amo, sino también que detestaba la servidumbre que representaba este vínculo matrimonial. Y entonces, en esa muchacha que no tenía casi formación, que no había recibido ninguna educación regular, brotó con una fuerza incontenible y que no la abandonaría hasta su lecho de muerte, ese apetito de libertad que es el elemento crucial en su vida y el motor que guiaría prácticamente toda su conducta.
    Gauguin vivió hasta los 7 en Perú. Hizo una carrera como agente de bolsa, luego dejó todo por la pintura.

    Descubrió, al mismo tiempo, que detestaba la institución que sentía como una esclavitud, que no había manera de librarse de ella, no existía el divorcio y la separación, si no era consentida, tampoco existía; y a pesar de ello Flora Tristán dio un paso que la convirtió, desde el punto de vista legal, en una delincuente. Abandonó su hogar, abandonó a su marido, pese a los esfuerzos de su madre, que le dijo que una mujer que abandona a su marido es poco menos que una perdida... entonces inició una vida que tenemos que conocer más a través de la imaginación y la adivinación, porque no hay fuentes sobre ella. ¿Qué cosas hizo en esos años oscuros? No lo sabemos. Hay suposiciones bastante fundadas de que trabajó en los miserables oficios en los que podía trabajar una persona que carecía de instrucción, que era el caso de la inmensa mayoría de las mujeres de su tiempo: como empleada, como obrera, y lo que sí se sabe es que, en un momento dado se empleó como sirvienta de una familia inglesa y que acompañó a esta familia, que viajaba mucho por Europa.

    (...) Un buen día en una hostería de París, un señor que estaba cerca de ella a la hora de la comida, oyó que la dueña de la pensión pronunciaba su nombre de soltera, Doña Flora Tristán. Entonces se acercó a ella y le dijo: "usted se apellida Tristán. ¿Usted no será pariente de unos Tristán del Perú? Yo soy marino. Hago viajes regularmente hacia América del Sur, he estado muchas veces en el sur del Perú, en la ciudad de Arequipa, y allí la familia Tristán es la familia más poderosa e influyente. Yo conozco a D. Pío Tristán, que fue uno de los últimos virreyes del Perú y uno de los primeros presidentes de la República". Y entonces Flora Tristán descubrió así, que el hermano de su padre, el coronel D. Mariano Tristán, que era D. Pío Tristán, era un personaje poderosísimo en el remoto Perú. Y le escribió una carta, diciéndole que ella era su sobrina carnal, que le gustaría muchísimo conocer a su familia peruana, que su madre había tratado de ponerse en contacto con ella a la muerte de D. Mariano y no lo había conseguido. Muchos meses después D. Pío Tristán le contestó.

     
    En Los Diarios de Londres de Flora Tristán, ella retrata el lado oscuro de la modernidad industrial.

    D. Pío Tristán le envió un pasaje para que viajara al Perú y así cambia radicalmente el destino de esta mujer, todavía joven, apenas treinta años, que se embarca un buen día, en Burdeos, en un barco de pasajeros llamado El Mejicano, en el que había diecinueve hombres y ella era la única mujer. (...) En Arequipa, la familia Tristán la recibió con los brazos abiertos y allí, durante cerca de diez meses, vivió una vida que era poco menos que una vida de sueño, con una familia enormemente próspera y de ínfulas aristocráticas que la trataba como una verdadera reina; la noche que llegó le regalaron una esclava y así descubrió la esclavitud, una institución que en Francia ya había desaparecido hacía bastante tiempo. Y descubrió también un país, un país que era una República recientísima, pero que estaba todavía impregnada de las instituciones, las costumbres, los usos, los prejuicios de la era colonial. Todo ello lo describiría luego al regresar a París un año más tarde en un libro hermosísimo que se llama "Peregrinaciones de una Paria", donde ella dio un paso absolutamente insólito para su tiempo, el paso de la franqueza total. En ese libro no sólo se limita a referir su viaje al Perú, sino que cuenta su vida con una libertad de palabra insólita, asumiendo su condición de hija ilegítima, de mujer bastarda a la que esta falta de nacimiento condena en la vida a una suerte de marginalidad. (...) Este libro fue escrito de una manera espontánea y sin elegancia ni calidades literarias que, evidentemente, ella no tenía -ya digo que su formación era mínima y siempre la avergonzaron las faltas de ortografía que tenía que hacerse corregir-. A pesar de todo ello, el libro tuvo un éxito enorme en París, y de la noche a la mañana convirtió a Flora Tristán, esta desconocida, esta paria, como se llamó así misma, en un personaje popular en el medio intelectual. Allí apareció André Chazal, esgrimiendo esos fueros que le concedía la ley como marido abandonado por una mujer moralmente indigna para la moral de la época, a la que entonces se dedicó a perseguir judicialmente.

    Existía el rumor de que Flora Tristán había regresado del Perú rica, dueña de una herencia, y uno de los motivos por los cuales André Chazal inició una persecución legal contra su mujer -(...)- era la supuesta fortuna que había traído del Perú Doña Flora Tristán. (...) Esta persecución está llena de incidentes violentos, y alguno espantosamente triste: André Chazal secuestraba a los hijos de Flora Tristán. En una de estas ocasiones se descubrió que había intentado violar a su hija Aline, la futura madre de Gauguin, a la que hacía, luego de haberla secuestrado, dormir con él en una sola cama en un cuartucho donde vivía. Cuando Flora Tristán se entera de esto irrumpe en casa de André Chazal, rescata a su hija y denuncia a este padre violador e incestuoso ante los tribunales. El juicio provoca un escándalo mayúsculo y (...) pasa de ser un juicio contra un padre violador, a ser un juicio contra Flora Tristán, madre indigna, esposa indigna que carece, de acuerdo a la moral y a la ley de la época, de la credibilidad necesaria como para presentar una acusación de esta índole. (...) Finalmente, André Chazal es absuelto por esta acusación; dos de los hijos -uno de ellos muerto ya-, le son arrebatados a Flora y son puestos en un internado donde el padre y la madre tienen derecho de ir a verlos una sola vez al mes. Y luego de esto, de esta suprema humillación que significa para Flora Tristán este veredicto, un buen día André Chazal la espera en la puerta de su casa, en la Rue Du Bac, con dos pistolas. Le dispara la primera y no consigue disparar la segunda paralizado por una sensación, o de culpa o de miedo, con lo cual Flora Tristán se salva milagrosamente de morir, pero se queda con una bala junto al corazón que la acompañará el resto de sus días. Dos médicos muy conocidos de la época la atienden, tratan de extraerle la bala, no lo consiguen, le advierten que desde entonces, con ese metal que tiene allí cerca del corazón, ella debe llevar una vida extremadamente calma, prudente, serena, sedentaria, y ella hace exactamente lo contrario.

    (...)

     
    Pruebas de carátula que no fueron. Una de ellas es una pintura de Delacroix que le encantaba a MVLL, pero la editorial la rechazó.

    Flora hace un viaje a Londres y escribe, luego de pasarse cuatro meses en la capital de lo que era entonces el centro de la Revolución Industrial, un libro también admirable, que se llama "Paseos por Londres". Gran parte de estos cuatro meses los pasó disfrazada de hombre, para poder entrar a todos los sitios que ella quería conocer y describir en su libro, y donde no estaban autorizadas las mujeres, como el Parlamento británico. (...) Allí, en Inglaterra, ella concibe de pronto (...) esta idea: "En realidad nosotras las mujeres, luchando solas, nunca vamos a transformar la sociedad. Vamos a ser atajadas, frenadas, reprimidas, y nuestra lucha será un sacrificio inútil. Hay que unir a las mujeres con las otras víctimas de la sociedad, que son los obreros, los trabajadores explotados". (...) Y entonces ella dice: "eso es lo que hay que hacer, vamos a unir a las mujeres y a los obreros, de Francia, de Europa, del mundo. Y con eso vamos a crear una fuerza irresistible que va a transformar profundamente la legislación y que va a hacer de la libertad por fin un derecho al alcance de todos los seres humanos sin excepción".

    (...)

    Así llega a Burdeos, donde simplemente el cuerpo no le da más; a los dos días de llegar la habían invitado a un concierto que daba Franz Liszt, en el gran teatro de Burdeos y allí, en medio del recital, se desploma desmayada. Una pareja de sansimonianos, otros utopistas de la época que la admiraban, la llevan a su casa. Allí agoniza, allí muere y allí la entierran. Un centenar de obreros acompañan su cadáver hasta el cementerio de La Cartuja, donde está enterrada.

    Cuando muere Flora Tristán, su hija Aline, la única que sobrevive, está trabajando en Amsterdam con una modista. Entonces regresa a Francia y los amigos de Flora Tristán, entre ellos George Sand, que es una amiga que la trató siempre con cierta superioridad y arrogancia, se ocupan de esta niña que queda sin familia, sin recursos y le buscan un marido, un periodista republicano llamado Clovis Gauguin, quien se enamora de esta muchacha, se casa con ella e inmediatamente entra en una situación dificilísima desde el punto de vista político porque Luis Bonaparte, que parecía que iba a ser un líder republicano y democrático, da un golpe de Estado y restablece el imperio, y empieza a seguir encarnizadamente a todos los republicanos que lo habían apoyado, entre ellos a Clovis Gauguin. Y entonces huyen al Perú. Y van, como hizo Doña Flora Tristán, a pedir asilo y refugio a D. Pío Tristán, que en el Perú, hombre casi inmortal, sigue prosperando y sigue aumentando su influencia política. (...) El viaje de Aline y Clovis hacia América del Sur es una tragedia, por las tensiones, la angustia y la incertidumbre. Clovis Gauguin, que era muy joven, tiene un síncope, muere en el viaje y es enterrado en un pequeño pueblecito de la costa chilena, Puerto Hambre, de tal manera que Aline Gauguin llega a Lima con dos hijos pequeñitos, Paul, el futuro Paul Gauguin y su hermana María Fernanda.

    ___________________
    * Charla dictada por Mario Vargas Llosa en Las Palmas de Gran Canaria, en la inauguración de la "I Conferencia Internacional sobre la Libertad".



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