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Edición Nº 1763 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Mi Porvenir
HIJA, me fui a leer las cartas y si me atengo a lo que me ha dicho la Berta, cómo te explico, en dos meses debo estar casada con un caballero alto, trigueño, uniformado, con fortuna y un compromiso anterior. Bueno, habría que echar mano a los denunciados por haber trabajado para el `Doc', hija, porque militar con fortuna en este país significa narcochuponeador, así que Berta, anda cambiándome el destino. Voy a tener tres hijos (que se apure el militar porque las Tudela somos de menopausia precoz) y me debo cuidar de una rubia de "cabello escaso" y subida de peso, que me tiene envidia porque a mí todo me sale bien y ella recoge mis migajas, ejem Sue. Bueno, en un momento, hija, salió una carta del ahorcado patas arriba, y yo sé que esa carta es ho-rri-ble. "Ya Berta", le dije, "confírmame que saliendo de acá me va a atropellar un bombero". Me miró, prendió cigarro y me dijo: "Un árabe, cúidate mucho de un árabe". Hija, Bin Laden. O sea, tú no te imaginas cómo me estoy preparando yo para la guerra, te mueres. Para comenzar, pucha, he vendido mi depa de NY porque la renta está bajando ho-rri-ble y yo no quiero que mi loft que adoro con vista a Central Park, termine costando lo que vale la casa de Marciano Rengifo en la que vivía antes de que fuera congresista, no sé si me entiendes. Pero no sabes cómo me quedó dando vueltas en la cabeza lo del árabe. Bertha me dijo, "pregunta más" "¿Y cómo es físicamente?" "Una mierda, Chinita, con tu perdón. Tiene pezuña, las canillas flacas, no se lava los dientes y se tira unos pedos que ya mató varias palmeras enanas que adornaban el vestíbulo del Congreso" Pucha, paré la oreja: "¿El Congreso? Pero, ¿no me estás hablando de Bin Laden?" "¿Cuál Bin Laden? No, Chinita, creo que es ese adefesio que se llama Mufarech, que le está haciendo daño a uno de tus novios porque Montesinos le paga para eso." Pucha, yo ahí pensé que Berta debería colgar las cartas y dedicarse a la televisión, como Jaime, porque nadie me lo había dicho tan claro. Con razón, pucha, las últimas veces que he estado con Jóse lo había notado medio ido, ya no quería hacer el sillón de peluquero que tanto le ha gustado siempre, le venían ahogos y se pasaba la noche en blanco, hija, cuando a mí me gusta tanto pasarla en negro, qué te puedo decir. Casi me muero. Le pedí de inmediato a la Bertha que me busque un brujo malero pero con moral tipo Martucha, ag, para que no se frene en cuanto a sacármelo de en medio al cabrón del Mufarech, aun si para ello sea necesario que le convierta el páncreas en una rana y el corazón en un mojón, ¿no te parece? Regio. Bueno, la Berta siguió: "Otra mujer te quiere hacer daño, cuídate de ella porque sí que es mala como el agua del floripondio" Pucha, pensé, y Sue será Santa María Goretti, pero nada, siguió: "Tiene el cabello rojo como el fuego y no es peruana..." "Ay ya, Bertucha, si me vas a hablar de madame Carrot, pasa la página porque me sé de memoria lo de `esa debe mogig'". Tiró otra carta y salió una figura que yo no conocía: entre cuatro oros, una especie de erizo con corbata verde, metro y medio sobre el suelo, patitas de llama y anteojo. No necesité que Bertha me dijera nada. "¿Y qué tiene que ver Pachi con mi vida, me puedes explicar?" "Mucho: se ha enamorado de ti y según esta otra carta, si tú aceptas, con él puedes rehacer tu vida". Hija, en ese momento sentí que los hados se estaban pasando de vueltas o que hasta los arcanos del más allá había llegado la modernidad andina. "Berthita", le dije, "échate un poco de agua y vuelve a la realidad, ¿quieres?" "Chinita, no seas orgullosa, acá las cartas dicen que el hombre es sano y ya no soporta a la mujer que tiene al costado porque ella le pega hasta con toalla mojada, sobre todo por un asunto de una hija no reconocida". "Sí está reconocida, Bertha, y por si no lees periódicos, se llama Zaraí, lo que pasa es que el pendejo ya se olvidó y me han contado que en cualquier momento va a anular la resolución de reconocimiento, con el argumento de que lo hizo bajo presión, porque así son éstos..." Pucha, la Bertha se quedó sin aliento, "¡pero si eso es exactamente lo que dicen las cartas, Chinita!, tú deberías dedicarte a esto". Y claro, me imaginé en el futuro leyéndole las carta, ay no sé, por ejemplo a Jóse, diciéndole algo así: "Acá está la mujer de tu vida. Es regia, trabaja como psicoanalista, te va a hacer feliz, tira como una pantera y tiene más plata que tú, así que por ese lado no te preocupes, mi amor, deja el saco por acá, el pantalón por allá y hagamos realidad tu destino", ¿qué te parece? Regio, ¿no? Chau, chau. (Rafo León).
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