Edición Nº 1763


 

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    MAL MENOR
    13 de febrero de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    Estados Obesos de América

    MOTIVOS personales me llevaron a los Estados Unidos durante algunos días. Mientras hacía lo que tenía que hacer una nueva ocupación se me fue revelando espontáneamente. No fue algo voluntario ni premeditado. Simplemente sucedió, como una persecutoria obligación ubicua: Pasé una semana viendo gordos.

    No eran gordos cualquieras. No cabían dentro de la menesterosa consideración tercermundista de gordura, usualmente un sobrepeso de implicancias más severas en la vanidad antes que en la salud. Eran gordos mayestáticos. Gordos superlativos. Gordos imperiales. Inmensos portadores de copiosas cuotas de grasa corporal y variados bloqueos arteriales que en detrimento de su fisiología se habian vuelto emblemas andantes de una cultura de consumo permanente e indiscriminado, cuyo último producto a deglutir era la superioridad moral de su país sobre el resto del mundo1.

    Los primeros avistamientos se dieron de manera brutalmente natural, cuando más del 75 % del campo visual aparecía ocupado por una sola y uniforme masa móvil. Su lento y bamboleante andar ofrecía tiempo más que suficiente para sumergirse en una mirada al borde de lo invasiva, que luego de satisfacer su cuota de morbo quedaba cautivada por el hipnótico ritmo paquidérmico de su desplazamiento. Provocaba verlos pero al mismo tiempo había algo incorrecto en hacerlo. Tal como sucede con los accidentes de tránsito.

    Las observaciones se fueron profesionalizando. Raramente andaban solos. Deambulaban en parejas de iguales dimensiones, evidenciandóse mutuo cariño. Gustaban en exceso de las alhajas, acaso un distractivo visual ante la impertinencia. El calzado habitual eran zapatillas, siempe blancas, en tallas inexistentes en el mercado latino. Sus shorts acababan indefectiblemente a mitad de rótula. Las mujeres usaban ropas de baño con faldita, el vuelo de éstas fallando en ocultar la varicosidad2 de las piernas. Era difícil, antinatural, no verlos en masticación perenne.

    Las peculiares características del hotel en cuestión eran cruciales. El lobby abundaba en sillones demasiado bajos como para que alguno de ellos se atreviera a tomar asiento. Los ascensores eran lentos, las escaleras prohibitivas. El comedor destacaba por un cumplidor buffet all you can eat 24 horas protagonizado por frituras, a la vista desde cualquiera de los sillones vetados para ellos, óptimos observatorios improvisados para el resto. Había un fotógrafo del hotel que hacía retratos no solicitados de los huéspedes, luego expuestos al lado. Antes de llegar a la playa -nunca vi a alguno de ellos pisarla- había un jacuzzi pleno de agarraderas para entrar y salir sin percance alguno que los llevara a la sección de noticias curiosas sobre obesos, ya un clásico del tabloide norteamericano3.

    A mitad de semana sólo pensaba en ellos. Imaginaba los sanitarios de sus baños rajados, a punto de quebrarse en la próxima entrega. Diseñaba posiciones anatómicas que pudieran facilitarles la vida íntima4. El monotema me llevó a la librería intentando resolver un acertijo inútil. ¿Cuál era el origen de esta oleada de obesidad masiva? ¿Qué significaba? La sonrisa de estúpida iluminación sorprendió a la dependiente de Barnes & Noble. El origen de esta era un libro titulado Fatland (How Americans Became the Fattest People in the World)5. La información factual era contundente: 120 millones de norteamericanos tienen problemas de sobrepeso, siendo la mitad de ellas obesas6.

    La saciedad, última trinchera contra la ingesta, ha sido domesticada por la industria de la comida rápida gracias al abaratamiento de la grasa saturada. El combo, el dos por uno, la porción gigante, inducen a un mayor consumo anteponiendo el aprovechar la oferta antes que las consecuencias del tragar compulsivo. El obeso afecto a la comida chatarra, heavy user en la jerga del negocio, come en un fast food más de veinte veces al mes, generando 66 billones de dólares de los 110 que este negocio mueve. Porciones de creciente contenido calórico7 compiten por un segmento del mercado que ya goza del eufemismo que el márketing aplica a sus víctimas: targets. Hay una estética de obesidad que combina la ropa bolsuda8, la joyería ostentosa, y la autoindulgencia sin culpa como paliativos al estigma despectivo que antes su condición les imponía. Ya no es así. La sociedad de consumo los ha incorporado como protagonistas estelares del festín del superdesarrollo. Claro que sin decirles que la gordura norteamericana es inversamente proporcional al ingreso familiar. Mientras más pobres y menos educados más gordos, pues consumen las grasas menos saludables. Un obeso tiene un promedio de siete años menos de vida.

    Por si es necesario decirlo, no había ánimo de burla en esta contemplación. Fue una tarea impuesta por el destino, la misma que se intentó cumplir con la frialdad del caso. No fue posible. Estaba en el jacuzzi cuando una pareja de obesos decidió unírseme. El llevaba una venda en la pantorilla y tenía los ojos prácticamente cerrados por la gordura. Se presentaron. Venían huyendo del frío de Missouri, tal como las ballenas migran por los océanos. Querían pasear en Miami antes de lo que suponían iba a ser un largo encierro por motivos de la guerra. Su mayor preocupación respecto a los ataques terroristas que podían desencadenarse era la comida.

    En casa ya se habían apertrechado de alimentos. Ni una sola de sus provisiones, las enumeraron de memoria, podía ser considerada saludable. En dos años de matrimonio habían aumentado alrededor de 48 kilos entre los dos. Sudaban abrazados dentro del agua caliente.

    Luego vi expuestas una serie de fotografías suyas, siempre tomados de la mano, aun cuando comían. Una felicidad mórbida e intachable. Nadie con el corazón en su sitio podría llamarla un exceso.

    ____________
    1
    Noción materializada en estos días en una guerra preventiva contra Irak.

    2 La presión del peso del abdomen hace que se estanque la sangre en las piernas, agrandando de manera deforme las venas.

    3 Ejemplo: " Tienen que romper pared de su casa para llevar hombre de 150 kilos al hospital"

    4 El varón obeso puede sufrir del síndrome del pene escondido, nombre que se explica solo.

    5 "Grasa Landia" (Cómo los americanos se volvieron las personas más gordas del mundo). Autor: Greg Critser.

    6 La frontera gelatinosa entre el sobrepeso y la obesidad lo da la cantidad de kilos por encima del peso normal: de 5 a 14 kilos es sobrepeso, por encima de los 14 obesidad.

    7 En 1960 una porción de papas fritas tenía 200 calorías. En el 2003 son 610.

    8 El buzo, por su mínima constricción abdominal, es la ropa ideal para los hábitos alimenticios compulsivos. El uso de correas o ropa ajustada enfatiza la sensación de saciedad.


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