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Edición Nº 1763 |
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Madera Para Armar
NOS recibe un puño gigante en posición de alerta. Es amarillo, hecho a base de fierro, piedra y madera. Se llama Trabuco de guerra para bailar el Alcatraz y su nombre es una broma, como la mayoría de los nombres de las obras que PP Santos crea. José Santos, es un escultor que no produce sólo para sí sino para todos. Y para que todos lo entiendan. Por eso eligió los símbolos claros, el cura, la bicicleta, la madera. Para que sus retratos sean los más fieles a la realidad, para que así, finalmente, lo comprendan. Junto a la puerta un Quijote, tallado a mano y escoltado por un mural de su retrato, observa meláncolico. Ha perdido la batalla contra los gigantes-molinos y su lanza (esta vez hecha de madera) se ha partido por la mitad durante la lucha. "Lo que traté de hacer con esta escultura fue poder compilar todos los elementos presentes del capítulo VIII de Don Quijote. El, Dulcinea, Rocinante, todos dando vueltas." Y es que el escultor quiere que el público se divierta. Por ello en su trabajo siempre existe el factor sorpresa. Como el policía que dispara dardos de la cabeza o el San Cipriano que se arrepiente de sus pecados. "Eso es lo que relaciona a todas mis esculturas. Su carácter lúdico, que se pueda interactuar con ellas". ¿Y qué es lo que intenta transmitir?, nos preguntamos al observar que en sus obras existen referentes históricos y personales que constituyen un mensaje. Que existe un contenido, que habla. "No es que sea un único mensaje, la verdad es que yo también juego. Con datos exactos o inventados, con personajes reales o irreales. Pero ese sí, ese que ves podría ser y no ser Cipriani". Aunque luce igual, éste no habla, no opina. Tiene las manos en posición contrita y la cara enmudecida. Parece arrepentido. "Por eso no puede ser Cipriani, ¿no?" La puerta del taller se cierra mientras PP cuenta que trabajar en cada escultura es un proceso largo y riguroso. Y es que antes de ponerse manos a la obra, Santos reflexiona, indaga e investiga.
Imagen en los Andes
AYACUCHO fue la sede de inspiración. El foco de atención y el centro de trabajo elegido por los estudiantes de fotoperiodismo de la Escuela de Periodismo y Comunicaciones de la Universidad de Florida. Su riqueza histórica, sus costumbres milenarias sorprendieron
a la comitiva americana -conformada por 13 estudiantes y profesores- y
la obligaron a registrar todo aquello que sus lentes captaban. La belleza
del paisaje y la belleza de su gente que compartiendo sus historias con
los jóvenes periodistas ayudaron a dar origen a un trabajo fotoperiodístico
de alto nivel. "Ayacucho : Una mirada de Cerca", la muestra, la primera de la escuela, fue presentada por John Kaplan, Premio Pulitzer 1992 y además director del proyecto -este se realiza todos los años como prácticas finales y en distintos destinos- Ronnie Lovler, corresponsal de CNN en Latinoamérica y encargada de coordinar la exposición y el alumno Michael Martina.
Retrato Beatnik
LA historia se desarrolla en el barrio bohemio de North Beach, en la bahía de San Francisco. Los personajes: Papasán, un negro pintor que no entiende el acto mercantil de vender sus cuadros y los regala; Gail una joven criminóloga que vive atraída por el mar; Michael Mac Kinley, también pintor; Pablo, el narrador, todos ellos entregados al licor, a la hierba y al arte, es decir, a la bohemia. Estos personajes tan ricos viven en la novela `La encrucijada del paria' (Mariner Libros. Lima, 2002) de Carlos Jallo. La trama, recreada en los años sesenta revela lo que es el mundo beatnik, aquella corriente cultural nacida en Norteamérica y que se proyectó a la literatura. Los beatnik eran muchachos y muchachas consumidores de drogas, preocupados en vivir el presente a como diera lugar. O podían seguir otra línea, la de ser sentimentales acérrimos amantes de la humanidad, pero sin poder exteriorizar sus sentimientos por lo que se dedicaban a la marihuana. Aunque su entrega total era hacia el arte. `La encrucijada del paria' es producto de las vivencias juveniles del autor durante su estadía en San Francisco. Carlos Jallo fue también un beatnik que en su adolescencia tuvo la influencia del poeta persa Omar Khayyam, difusor de la libertad completa del hombre y su goce de la vida. En San Francisco, puso en práctica lo aprendido frecuentando el barrio bohemio, la famosa librería City Ligths, encontrando algunos amores y avivando su gusto por la obra de Allen Ginsberg, Gregory Corso y Laurence Ferlinghetti, los máximos exponentes de esta corriente literaria.
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