Edición Nº 1765


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    ARTICULO

    27 de marzo de 2003

    ¿Y Las Famosas ADMs?
    Las presuntas "armas de destrucción masiva" iraquíes provocaron la guerra pero todavía no aparecen. Algo semejante sucedió en la Guerra del Golfo de 1990-1991.

    Restos de cabezas de misiles que Bagdad le mostró a los inspectores de Naciones Unidas y que habrían contenido agentes biológicos destruidos en 1991.

    ESTA guerra se ha iniciado debido a las "armas de destrucción masiva" que escondería Saddam Hussein.

    Más de cien inspectores de la ONU encabezados por el sueco Hans Blitx se pasaron semanas revisando todo tipo de instalaciones en Irak sin encontrar los dobleces que antes estorbara este trabajo, pero nada.

    Al final, señalando como es lógico que no ponían el brazo en el fuego por un tirano asesino, y pidiendo más tiempo, indicaron que su búsqueda había sido infructuosa.

    El presidente George W. Bush, sin embargo, ya tenía decidida la guerra y, a pesar de todas las advertencias, se lanzó a ella arrastrando sobre todo a Tony Blair y José María Aznar.

    Ahora el iniciador de esta guerra "preventiva" está en la obligación de encontrar esas armas de "destrucción masiva".

    Se les ha puesto un nombre equívoco, ya que para destrucción propiamente dicha, no hay bombas mejores que las de Estados Unidos.

    Los gases letales son armas de muerte masiva, silenciosa y a veces casi instantánea, como la que proporciona el agente neurológico sarín. El gas mostaza quema por fuera y por dentro, pero demora un poco más. También un compuesto de cianuro con hidrógeno que desarrolló Saddam con una firma alemana y que utilizó para matar a 5,000 civiles kurdos en 1988.

    Pero ahora, después de tantos años de inspecciones accidentadas, cerco económico, repudio internacional y afirmaciones enfáticas del gobierno iraquí asegurando que ya no produce ni tiene esos engendros maléficos, quienes declararon la guerra están en el aprieto de encontrarlos.

    Hace unos días, las tropas norteamericanas ubicaron una fábrica sospechosa al oeste del Eufrates , pero no se ha dicho más,

    Por otro lado, si Saddam Hussein tiene armas químicas y biológicas, ¿qué espera para usarlas? ¿Que la batalla se traslade al interior de sus propias ciudades? Difícil de concebir.

    Los gases letales se usan en los campos de batalla y con el viento a favor, no en la propia casa.

    Bien puede suceder, por lo tanto, que se certifique al final -y después de miles de muertos y billones de dólares- que el casus belli no existía.

    Hussein desarrolló un gas compuesto que utilizó para matar a cinco mil civiles kurdos en 1988.

    EL ANTECEDENTE DE LA GUERRA DEL GOLFO

    En 1997, la periodista peruana Diana Zileri Dougall realizó un estudio académico en la Universidad de Londres sobre el llamado `Síndrome de la Guerra del Golfo' que afectó y sigue afectando a miles de veteranos de ese primer conflicto con el régimen de Saddam Hussein -conflicto en que, como el de ahora, se temía que utilizara armas químicas y biológicas- imprecisamente llamadas de "destrucción masiva".

    Diana Zileri entrevistó a miembros de la Comisión de Defensa del Parlamento británico, a dirigentes de las dos organizaciones principales de veteranos, a representantes del Ministerio de Defensa, a científicos especializados en el tema, a militares de la Real Legión Británica y a 14 de las víctimas.

    La conclusión no fue concluyente pero sugerente. Si bien las fuerzas de Saddam Hussein habían estado usando gases letales pocos años antes -sulfuro de mostaza, una forma primitiva del gas mostaza en la guerra contra Irán y, el 16 de marzo de 1988, contra la aldea de Halabja en el Kurdistán donde produjo 5,000 muertes civiles entre su propia población- el origen del aludido síndrome puede haber tenido más que ver con las propias precauciones para proteger a los soldados y en otros contaminantes de una guerra moderna en una zona petrolera.

    Ese estudio da pistas sobre clave del presente -porque presumiblemente esta guerra se inició debido a que el gobierno iraquí esconde un arsenal de armas prohibidas.

    EXTRACTOS

    Fueron 51,000 los soldados británicos que fueron a esa guerra diferente en 1991, escribió Diana Zileri. Después de unos mil combates de alta tecnología volvieron a su país. Fue corta y poco dolorosa.

    Seis años después, entre 2 y 3,000 veteranos de la Guerra del Golfo sufren misteriosas enfermedades. Es que el conflicto armado para liberar a Kuwait tenía ciertas implicancias especiales. Por primera vez en mucho tiempo se temía el uso de armas químicas y biológicas.

    El Reino Unido implementó un programa de inmunización especial y proporcionó a cada soldado un `cocktail' de drogas y vacunas para protegerlo.

    Aunque algunos documentos sugieren que se encontraron agentes químicos en el teatro de operaciones, no hay suficientes evidencias que lo prueben. Pero si los hubieran habido y los soldados tenían formas de protegerse, ¿por qué se han manifestado estas enfermedades que dicen están relacionadas con su servicio en el Golfo? ¿Tuvieron los programas de inmunización un efecto cruzado con el fosfato orgánico que contenían los insecticidas con que se impregnaron carpas y uniformes?

    Los norteamericanos han admitido que el origen de las enfermedades de un grupo de sus veteranos bien puede haberse derivado de la demolición cuatro días después del cese de hostilidades de un arsenal de sarín al sur de Bagdad.

     

    Blix encabezó a más de cien inspectores que no encontraron evidencia contundente.

    ¿HABIA O NO HABIA? CRONOLOGIA

    16 de enero de 1991. Aviones de EE.UU., el Reino Unido, Arabia Saudita y Kuwait atacan una serie de blancos en Irak, entre ellos instalaciones de presumiblemente capaces de producir armas nucleares, químicas y biológicas.

    17 de enero. Saddam Hussein anuncia la `madre de todas las batallas' y promete utilizar un arma secreta que "asombrará a nuestros enemigos y fascinará a nuestros amigos".

    De allí en adelante, Irak lanzó misiles Scud contra Israel y otros blancos, pero no contenían elementos químicos o biológicos.

    Un equipo de especialistas checos detectó al norte de Fair at Batin bajos niveles del agente nervioso sarín y tropas francesas reportan "minúsculos" rastros a 30 kilómetros de la ciudad militar de King Khalid.

    Una explosión en la frontera de Kuwait dejó un fuerte olor a amoníaco y a los soldados en la zona se les irritaron los ojos y quemó la piel.

    Días después, los checos detectaron rastros de vapor de mostaza cerca a King Khalid y allí los franceses reportaron cantidades no tóxicas de sarín.

    El 24 de enero los checos encuentran a 50 kilómetros de Fair al Batin un metro cuadrado de arena contaminado de mostaza. No se sabe cómo llegó allí.

    3 de marzo un oficial norteamericano informa a la NBC (Unidad Nuclear, Biológica y Química) a un soldado con quemaduras en un brazo características del mostaza. Poco después se reportó una sospechada "mina química" en un bidón, lo que no se confirmó.

    Y nada más.

    LA ENFERMEDADES MISTERIOSAS

    Si los afectados por el Síndrome de la Guerra del Golfo en el Reino Unido son entre 2 ó 3,000, en Estados Unidos suman 45,000.

    Los británicos afectados aseguran que el deterioro de su salud está relacionado con la Guerra del Golfo y algunos de ellos han muerto.

    El `cocktail' de drogas aplicado está bajo sospecha.

    En 1993 el Parlamento con las asociaciones de veteranos establecieron un programa de evaluación médica. Se determinó inicialmente que 15 % de ellos sufrían de fatiga crónica o encefalomyelitis nyálpica.

    Estudios a realizarse determinarían si el sistema inmunológico de la víctimas fue afectado por el cúmulo de vacunas aplicadas -hasta 19 en un día-, y por las pastillas NAP (`Nerve Agente Pre-treatment sets') que se les ordenó tomar cada 8 horas.

    Por otro lado, está el fosfato orgánico que, combinado con algunas de las medicinas, puede afectar el sistema inmunológico.

    Finalmente, ¿se contaminaron las fuerzas aliadas al destruir ciertas plantas químicas iraquíes?

    Los norteamericanos han admitido esa posibilidad. Hasta 24,000 tropas puedan haber sido afectadas por dosis pequeñas de sarín por estar próximas el 4 de marzo de 1991 cuando se demolió un blocao de Kamisayah.

    ¿Andrómeda simulacro de un ataque toxico en Kuwait.

    Durante los meses previos a la guerra el entrenamiento NBC (nuclear biológico químico) se volvió esencial. El General Cordingley dice en su libro: "Repetimos los ensayos hasta volverlos automáticos. Cierra los ojos, aguanta la respiración, ponte de espaldas al viento, saca la máscara de su bolsa, siempre contigo, póntela y expira fuerte gritando `¡gas, gas, gas¡'"

    Se entrenó a los soldados a ponerse las máscaras en 9 segundos y después los trajes NBC con guantes y botas.

    Sin embargo, años después de ese conflicto hay miles de soldados con síntomas similares: fatiga crónica, dolores a las articulaciones, jaquecas graves, problemas respiratorios y digestivos, náusea y vómito, pérdida de memoria y sueño, pérdida inexplicable de sueño.

    Un neurólogo alude a daños periféricos al sistema nervioso.

    Y desde algún tiempo se habla de la Enfermedad de la Guerra del Golfo y de la Fiebre de la Tormenta en el Desierto.

    Elizabeth Sigmund del Grupo de Trabajo de las Ranas Químicas y Biológicas lidera campañas en contra de estas armas, las estudia muy de cerca pero no está segura que tuvieran algo que ver con el Sindrome aludido.

    Por otro lado, el informe Nš 11 de la Comisión de Defensa de la Cámara de los Comunes aludió a otros contaminantes en el teatro de operaciones que podrían contribuir a un síndrome insalubre:

    La arena: la inhalación de arena muy fina puede tener un efecto negativo sobre el sistema inmunológico.

    Elementos químicos orgánicos de los insecticidas pueden resultar venenosos combinados con ciertas vacunas.

    Petróleo en llamas: la inhalación del humo es tóxico y contiene plomo.

    DU, un componente de uranio que se utiliza en cierta munición para que penetre en el blindaje. Con el impacto se vaporiza emitiendo algo de radiación.

    El cúmulo de vacunas aplicadas en poco tiempo con efectos colaterales.

    Finalmente, la posibilidad que se hayan producido ataques con armas químicas y biológicas.

    En 1990, claro está, el temor de que Irak recurriera a estas armas era justificado. La revista Middle East International publicó en agosto de ese año un artículo que decía: "Más allá de Francia, Israel, EE.UU. y la URSS, Irak es el único país que admite estar produciendo y almacenando elementos químicos letales. Su arsenal no será tan sofisticado como el de las grandes potencias, pero tiene una ventaja puntual: la experiencia de haberlos usado".

    En 1993, Irak las comenzó a usar contra Irán violando el Protocolo de Ginebra de 1924, y las continuó usando contra su propia población en Kurdistán utilizando un compuesto de cianuro con hidrógeno desarrollado con la ayuda de una firma alemana.

    Subsiste el interrogante, sin embargo, si Irak utilizó armas químicas y biológicas en la Guerra del Golfo. Un informe de los Marines asegura que se detectaron estos elementos en el teatro de operaciones y otro de la CIA alude a un bombardeo en Muhammadiyat, al oeste de Bagdad en enero de 1991, en el que volaron una tres toneladas de sarín que habían sido bombeadas dentro de proyectiles de la fuerza aérea iraquí.

    Las tropas de los aliados fueron provistas con dos tipos de detectores de gases letales, CAM y CB, pero estos eran tan sensibles que registraban cualquier contaminante, como el escape de un auto, y se encendían a cada rato -14,000 veces durante el conflicto, según una estadística. Al final, los oficiales mandaron apagarlos.

    Uno de los indicios que sugieren que Irak no usó armas prohibidas y que fueron las precauciones medicinales las culpables de las enfermedades, lo proporcionan los soldados franceses.

    A diferencia de los norteamericanos y británicos, a ellos sólo los vacunarán contra el polio. Nadie se enfermó. "Comían, claro está, mucho ajo", comentó un oficial inglés.



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