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Edición Nº 1765 |
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Las Invasiones
Civilizadoras
Por HUGH POPE Y
PETER WALDMAN, MIENTRAS el presidente Bush lanza a EE.UU. a una guerra, la historia ofrece alarmantes elecciones para Occidente. Durante los dos últimos siglos, fuerzas foráneas han estado conquistando tierras del Medio Oriente para sus propios propósitos, prometiendo enaltecer a las sociedades árabes en el proceso. Algunas veces han modernizado ciudades, enseñado nuevas ideas e implantado tecnologías modernas. Pero en casi cada incursión ambos lados han sufrido una ráfaga de consecuencias inesperadas. Desde la invasión de Egipto por Napoleón, pasando por el control de Irak por los británicos en los años '20 a la invasión del Líbano por Israel en 1982, las naciones del Medio Oriente han tentado a los conquistadores para luego sacarlos trastabillando. No es ninguna sorpresa que muchos árabes que detestan a Saddam Hussein vean la posibilidad de una invasión de Irak liderada por EE.UU. con cierto recelo. "Salvo que los estadounidenses sean mucho más sutiles de lo que han demostrado serlo antes, y más sutiles que los (colonizadores) ingleses, esto va a terminar en llanto", predice Faisal Istrabadi, un abogado nacido en Irak pero que vive en Michigan y quien ha trabajado para el Departamento de Estado en lo que concierne a planes para reconstruir el sistema judicial iraquí. "La luna de miel será breve". Una y otra vez, los occidentales han entrado al Medio Oriente con la seguridad de que pueden imponer libertad y modernidad a través de la fuerza militar. En el camino han calculado mal el apoyo que recibiría esta medida, tanto internacionalmente como en las tierras que ocupan. Han nombrado minorías (que los apoyan) para gobernar sobre mayorías resentidas. Se han estancado en ocupaciones que han durado más de lo previsto y cuando el apoyo local se ha desvanecido se han encontrado con levantamientos sangrientos y los han aplastado por medio de la fuerza brutal. LA HISTORIA SE REPITE Veamos un mapa de las invasiones occidentales del Medio Oriente, sus resultados y las lecciones aprendidas. "Tenemos la tendencia a no tener en cuenta una regla básica: que la gente prefiere un mal gobierno de su propia etnia a un buen gobierno administrado por otros", dice el historiador David Fromken de la Universidad de Boston, autor de un estudio clásico del año 1989 sobre el fracaso del colonialismo en el Medio Oriente titulado "Una Paz para terminar con Toda Paz". George W. Bush dice que esta invasión será diferente. En las últimas semanas ha ampliado su objetivo preliminar de sacar a Saddam Hussein del poder y destruir cualquier arma de destrucción masiva, a transformar a Irak en un modelo de la libertad en el Medio Oriente. En una conferencia de prensa el 6 de marzo, Bush dijo que las tropas de EE.UU. se quedarían para ayudar a administrar a Irak hasta que un nuevo gobierno representativo tomase el control. Con la pasión de un converso, habló emocionadamente de combatir el totalitarismo, de propagar el `regalo de Dios' de la libertad `a cada y toda persona' y de cómo `la vida y la libertad de los iraquíes nos importa tremendamente'. Napoleón proclamó una era similar de igualdad y respeto
para los "verdaderos musulmanes" y marchó al Cairo en 1798 y mató
a mil miembros de la casta gobernante de Egipto. Estuvo acompañado
por 100 científicos franceses que hacían investigaciones
para una nueva enciclopedia y que propagaban `progreso ilustrado' a intelectuales
egipcios escépticos.
"Pueblo de Egipto, os dirán que he venido a destruir vuestra religión", dijo Napoleón al entrar al El Cairo. "No lo crean. ¡Contesten que he venido a restaurar vuestros derechos!". Los fines verdaderos de Napoleón se relacionaban con la rivalidad colonizadora que mantenía con Gran Bretaña. Buscaba frustrar los esfuerzos de los británicos de encontrar una nueva ruta a la India. Pero los franceses cometieron un grueso error repetido por casi todos los poderes occidentales desde entonces al tratar de dividir y gobernar mediante el nombramiento de grupos minoritarios para gobernar un pueblo mayoritariamente hostil. Para reprimir otras rebeliones de los kurdos, los británicos inventaron la técnica de bombardear a los rebeldes civiles desde el aire. El general Maude sucumbió al bacilo del có1era a los ocho meses de haber entrado en Bagdad. MONARCA IMPORTADO En 1921, con la idea de establecer una apariencia de gobieno local, los británicos trajeron del exilio en Londres al líder de una revuelta árabe y lo nombraron rey de Irak. El rey Faisal era vástago de una familia que gobernaba a 2,000 millas de Bagdad en La Meca, situada en la península árabe. Anteriormente, en 1918, había sido instaurado como rey de Siria, siendo depuesto luego por los franceses. Le fue mejor en Irak bajo el tutelaje de una infatigable diplomática británica llamada Gertrude Bell. Describiendo a Irak como "una masa embrionaria de tribus", la Srta. Bell atravesó los ardientes desiertos reuniéndose con los líderes de cada tribu. A Faisal lo llevó de la mano para que conozca desde los grandes jeques a los rabinos y a cada noble: "Aquí está, escúchelo, necesitamos su apoyo", cita Janet Wallcha, quien publicó una biografía sobre miss Bell en 1996. Años más tarde, Saddam Hussein haría de las tribus el baluarte de su propio régimen. Hasta el día de hoy, cuando Saddam saluda a los comandantes militares en la televisión, menciona sus afiliaciones tribales y saluda al jefe tribal. "No tenemos gente que pueda hacer eso, que tenga la capacidad de escuchar a todos", dice la Srta. Wallach. A pesar de los contratiempos que Gran Bretaña tuvo durante su dominación de Irak que duró más de un cuarto de siglo después de declarada la independencia en 1932, fue, posiblemente, más exitosa que cualquier otra intervención occidental en la región. Algunos iraquíes aún recuerdan esa época como la gran era del orden, de la educación y del desarrollo. Pero los británicos y sus reyes escogidos nunca podían vencer sobre el pueblo sometido y deliberadamente frustraron los deseos iraquíes de una cultura política independiente. En un memorándum de 17 puntos a sus oficiales británicos, Lawrence de Arabia advirtió: "Al extranjero y al cristiano no se le tiene mucha simpatía en Arabia. No importa cuán amigable e informal sea el tratamiento hacia ustedes, recuerden siempre que vuestros cimientos son muy arenosos". Cuando fue derrocado el nieto del rey Faisal, Faisal II, en 1958 por el general Abdel Karim Hassem, el rey y su familia fueron muertos y sus cadáveres arrastrados por una turba en Bagdad.
Desde entonces, aparte de un período de crecimiento económico impulsado por el boom del petróleo en los años '70, la historia política de Irak ha sido una serie de golpes, purgas, guerras y tiranías. "La idea de que uno puede cambiar al Medio Oriente con fusiles y bayonetas es errónea", dice Bob Dillon, embajador de EE.UU. en Beirut en esa época. Algunos en Israel están preocupados que los líderes de EE.UU. podrían hacerse en Irak la misma ilusión que Israel tenía concerniente al Líbano. Si los norteamericanos conquistan Bagdad, dice el coronel reservista Meir Pial, autor de una docena de libros históricos militares, "tendrán que auspiciar un nuevo gobierno. Será visto por el pueblo como un gobierno que coopera con el conquistador, por lo cual necesitará apoyo". Pial predice: "cuanto más tiempo permanezcan los norteamericanos en Irak, más enterrados en el barro estarán". La administración de Bush admite que se enfrentan a un campo minado, pero expresa su confianza en que EE.UU. logrará un buen desempeño debido a su récord en el derrocamiento de tiranías tanto en Alemania como en Japón. En particular, de acuerdo con un oficial de la administración Bush, EE.UU. cree que evitará mayores dificultades montando un ataque militar devastador seguido por miles de millones de dólares para la reconstrucción y la ayuda humanitaria. También están optimistas de que Irak, con sus enraizados sistemas educacionales y administrativos, su historia de secularismo, su total agotamiento después de tres décadas de totalitarismo -y su riqueza petrolera- está excepcionalmente preparada para pegar el gran salto hacia adelante. Miembros de la administración estadounidense han estado ocupados durante meses organizando comités de iraquíes exiliados y estudiando con ellos el aspecto de la reconstrucción política y económica de Irak, incluyendo a chiitas iraquíes basados en Irán. Willian Burns, estudioso de la historia del Medio Oriente, dijo el mes pasado en una conferencia en San Francisco: "Siempre he pensado que una cierta dosis de humildad es importante al imponer el poderío americano en el Medio Oriente. Irak es una sociedad muy compleja. Se necesitará una gran cantidad de apoyo, no sólo de parte nuestra, sino de todo el mundo. Este no es un desafío que EE.UU. puede abordar solo".
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