Edición Nº 1765


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    ARTICULO

    27 de marzo de 2003

    El Frente de Pantalla
    El botín es la información. Los rivales, CNN y Al-Jazeera. Las presas: los espectadores.

    En 1991 CNN tuvo el monopolio informativo. Hoy la cadena libra su propia guerra con Al-Jazeera, televisora árabe que, desde las trincheras iraquíes, propaga las pérdidas norteamericanas que la CNN censura.

    LA guerra mata todo, pero lo primero en caer es la verdad. Y con ella los enfoques "regulares", éticos, que las grandes cadenas televisivas del mundo abanderan: objetividad, imparcialidad, etc.

    Algunas cadenas, como la BBC, tienen el decoro profesional de hacer públicas su línea ética en tiempos de guerra. Los llamados War Guidelines, publicados en la página web de la cadena británica, determinan las pautas de trabajo a las que los periodistas están sujetos. Estas incluyen apartados acerca del tono en que se darán las noticias graves; qué tipo de palabras se usará para hablar de los muertos; cuáles son los encuadres permitidos para mostrar escenas de caídos; así como de la necesidad de especificar las fuentes de información en el campo de batalla (oficiales o no); si éstas están confirmadas por fuentes alternativas; incluso, están obligados a evidenciar, cuando el gobierno británico u otro provee material periodístico para mostrar éxitos militares, el propósito de los mismos. En pocas palabras, explicar a la audiencia fidedignamente -en vez de engañarla- los reparos y autocensuras (por motivos reales de seguridad) que se utilizan en el procesamiento y difusión de la información.

    Paradójicamente, el gobierno estadounidense recriminó duramente a la histórica cadena europea el hecho de haber transmitido, con varios segundos de antelación, un discurso de George Bush. En el tiempo previo se pudo apreciar cómo acicalaban al presidente americano mientras éste practicaba su alocución. Guillermo Giacosa, conductor de Mapamundi y afanoso periodista antibélico, sentencia: "para ellos Bush es Dios y Dios, por supuesto, no se puede peinar".

    Por su parte CNN, otra de las cadenas abocadas íntegramente al conflicto, tiene por todo código ético externo un tímido letrero al final de sus informaciones llamado "Nota del Editor", en el que se asegura que la política de la cadena norteamericana es la de no brindar información que ponga en riesgo la seguridad de las operaciones bélicas. En todo caso, no es secreto para nadie que la Cable News Network es prácticamente una extensión de la oficina de prensa del Pentágono, lo que quedó ampliamente confirmado en la cobertura de la primera Guerra del Golfo, hace más de una década, donde la cadena con base en Atlanta tuvo como concesión gubernamental el monopolio de la información, con tristes resultados. Felizmente esto ya no sucede. Sin embargo, una anécdota ilustra perfectamente la adicción incondicional al gobierno de Bush.

     

    La CNN no muestra muertos ni cuenta bajas. al lado: Al-Jazeera propala la versión iraquí de la guerra, radicalmente distinta a la occidental.

    El pasado domingo 23 de marzo, el conductor Aaron Brown entrevistó a un corresponsal de la cadena árabe Al-Jazeera en Washington, increpándole que hayan difundido imágenes de los prisioneros de guerra norteamericanos en manos iraquíes. Como se sabe, el secretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, aludió a la Convención de Ginebra para recriminar que se haya mostrado imágenes de los militares capturados. El periodista árabe, impasible, le respondió que varias cadenas norteamericanas y europeas habían hecho lo propio con los prisioneros iraquíes, para luego sacar la edición del día del Washington Post, en cuya portada aparecían dos soldados de la coalición con un militar capturado iraquí con el rostro descubierto.

    Al-Jazeera es una cadena televisiva árabe considerada por muchos militares gringos como parte del "enemigo", por lo que esperaban sacarla del aire a menos de 48 horas de iniciado el conflicto -tal cual sucedió en la guerra de Afganistán-. Increíblemente, ésta y la cadena nacional iraquí siguen operando, y sus transmisiones pueden apreciarse en Perú eventualmente, cuando CNN o la BBC se cuelgan de ella, o cuando los canales nacionales recogen sus informaciones para difundirlas. Por momentos, DubaiTV, el Canal 95, también transmite la señal.

    La curiosidad es que la proporción de las cadenas guarda simetría con la de sus huestes. CNN ha desplegado 500 reporteros en Irak, en campos de batalla, entre las tropas, en las ciudades. El costo de la campaña es de $25 millones. Al-Jazeera, a su lado, es una batería antiaérea contra una B-52.

     

    Guillermo Giacosa propone la consulta de medios alternativos para una buena información.

    El caso es que la guerra de los me-dios, salvo algunas excepciones, es inevitable. Y, como se parafrasea en la película El Americano, tarde o temprano hay que tomar una posición. Lo que en el filme basado en la novela de Graham Greene funciona como una llamada al compromiso, es tomado por otros sin pudor ni vergüenza. Es el caso del magnate australiano Rupert Murdoch, quien cuenta con decenas de televisoras y 175 diarios en todo el mundo con un tiraje total de 40 millones. Él, desde tribunas como el The Sun, se encarga de hacer los llamamientos probélicos más escabrosos de occidente.

    El mentado diario sensacionalista, que tira más de tres millones de ejemplares diarios, posee una volada en la carátulas que reza: "El diario que apoya a nuestros muchachos en el Golfo". Es sabido que el periódico más vendido del Reino Unido otorgó 45 mil rollos de papel higiénico a las tropas británicas, uno para cada uno. El carácter unívoco de las empresas periodísticas de Murdoch se comprueba en un artículo escrito por Roy Greenslade, de The Guardian, en el que afirma que tras sondear las editoriales de todos los diarios pertenecientes al australiano comprobó que sólo uno tenía un llamado pacifista, el Papua New Guinea Courier Mail, donde se leía: "¿cómo un país civilizado puede atacar otro país sin ninguna prueba?". El texto era la carta de un lector.

    El espectador avisado tendrá que urdir fino para leer entrelíneas y buscar medios de información alternativos a los hegemónicos. En ese sentido, Giacosa recomienda la visita de páginas españolas críticas como la de El Mundo, así como la suya propia, www.informalisimo.com, en la que se buscan puntos de vista distintos a los que la maquinaria informativa alineada a Bush mantienen.

    Como primer paso, se podría empezar por leer el artículo de Robert Fisk, del británico The Independent, en el que se narra como la cadena inglesa ITV grababa en la Guerra del Golfo de 1991 a perros salvajes alimentándose de cadáveres iraquíes. La escena, que bien define el horror de la guerra, no se propaló nunca. Pero posiblemente su extrema crudeza pueda sensibilizar a quienes ven en los bombardeos a Bagdad, no masacre, sino inocuos juegos artificiales. (Jerónimo Pimentel)



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