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    ARTES & ENSARTES 27 de marzo de 2003
    Por LUIS E. LAMA

    Sobreviviendo a Matisse

    1.-Finalmente llegó al MOMA la muestra Matisse- Picasso, quizás el mayor blockbuster que uno podrá volver a ver en su vida. Después del Tate Modern y el Grand Palais en París, ésta se avizora como la última oportunidad de ver juntos a dos artistas emblemáticos. Ningún museo, institución o coleccionista volverá a prestar obras de cotización impensable en medio de un mundo amenazado por el terrorismo y la guerra. Los que se atrevan, vayan a Nueva York al encuentro del inmenso placer de una exposición tan didáctica y a la vez erudita, que el espectador no puede menos que quedarse perplejo ante las obras de dos de los protagonistas del siglo XX.

    Es cierto que Picasso deslumbra por su inventiva, pero Matisse seduce con el espléndido color y su alegría de vivir. El montaje es tan perfecto que el visitante puede sacar sus propias conclusiones, aunque al final sólo hay una posible: A su manera, el uno se nutrió del otro y viceversa. Pero en ellos más que apropiación hubo emulación (Ver foto). Ambos son eróticos e irónicos, pero las formas de sus representaciones aparentan separarlos del mismo modo como cada uno amó a sus mujeres: Matisse íntimo, opulento, sensual, ornamental y... "femenino". Picasso, en cambio, el grandilocuente minotauro que decía poseerlas. El primero las comprendió mejor.

    Los dos revolucionaron el arte. Picasso con mayor capacidad mediática que Matisse, quien llegó a ser relegado durante el apogeo conceptual, hasta que en los años 80, con la reivindicación de la pintura, el MOMA hizo una retrospectiva que permitió a las nuevas generaciones el redescubrimiento del mayor pintor del siglo.

    Odié la película en la que Hopkins transformaba a Picasso en monstruo. Ni tanto ni tan poco. Los únicos cinco minutos verosímiles eran aquellos en los que Matisse recibía la visita de su enemigo íntimo. Lejos de la ficción, la muestra del MOMA ofrece un recorrido perverso que no se limita al placer de mirar, sino al ejercicio de comparar. Y quien pierda el tiempo tratando de descifrar quién es el mejor, se llevará una desilusión, porque en este combate nadie pierde. Pero para quien esto escribe, mientras ambos estaban activos, Picasso la pasó sobreviviendo a Matisse.

    2.-JOSE CARLOS MARIATEGUI de ATA se ha convertido en el principal promotor cultural que existe en el país. Es cierto que está orientado al video y a la multimedia, ayudando artistas dedicados a la nueva tecnología, lo cual en un medio tan conservador, pudiera resultar incomprendido pero lleno de satisfacciones.

    Confío que algún día llegue a ver fotografías en la pared de alguna casa limeña, un televisor con vídeo arte en la sala o la PC conectada a una obra interactiva. No es utópico. En París, por ejemplo, los videos más radicales los vi en una tienda en los Champs Elysees y el MOMA de San Francisco tiene la mejor página-www.artmuseum.net para bajar a su PC obras de artistas consagrados sin costo alguno.

    La nueva tecnología es sólo una herramienta más para hacer arte. ATA nos lo recuerda con frecuencia. Gracias a Mariátegui, en la página de Leonardo Gallery del MIT, se pueden encontrar obras de cinco artistas peruanos seleccionados por él. Ellos son: Atasi, Martinat, Lozano, Esquivel y Velarde. Gran labor.

    3.-CHARO LUZA no jugaba dentro del mainstream de la plástica peruana, porque su obra contenía más susurros que alaridos. Su abstracción de tonos enclaustrados revelaba una rica personalidad de interior que sólo los que tuvimos la oportunidad de conocerla llegamos a apreciarla en su verdadera dimensión. Trabajé con ella un par de muestras, la última fue la internacional mate de coca con la cual intentábamos romper el mito de que la coca sólo podía consumirse en polvo. Ella hizo un espléndido trabajo de texturas a partir del cartón corrugado y costuras sobre papel.

    En los últimos años vivió en la playa donde encontraría paz entre las brumas. Alta, sin un gramo de grasa y con toneladas de melancólico humor, Charo Luza fumaba y el placer se la llevó a destiempo. Ella todavía tenía mucho que dar a un arte que se debate en busca de su propia definición. Estoy seguro que la volveré a encontrar.



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