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Edición Nº 1766 |
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Cabinas
Impúdicas
INTERNET es la puerta abierta al mundo. A todo el mundo. La frase es clisé pero encierra mucha verdad. Y no menos riesgo. Otra de ellas es que el negocio-eje que sostiene la vinculación entre millones de computadoras en la llamada world wide web es el sexo. La mayor parte de gente conectada no busca conseguir información, interconectarse con especialistas de su rama profesional o buscar becas y posgrados en otros países del orbe. Por el contrario, está interesada en alimentarse de los innumerables servicios sexuales (texto, foto, vídeo, chat, etc.), en condiciones de pago varias (de gratis a la tarjeta de crédito). No es sólo sexo duro, las perversiones que se ofertan harían llorar de alegría al Marqués de Sade. La libertad exige sacrificios. El problema ahora es que se ha certificado que el consumo de pornografía no sólo es masivo, sino que también lo es en niños. No se trata de ser apocalíptico, pero una encuesta de la Sociedad Nacional de Informática ha determinado, sobre una muestra de 5,000 menores de edad, que el 80% de ellos accede a páginas que harían sonrojar de vergüenza al propio Marco Aurelio Denegri. Los datos fueron obtenidos a través de la implantación de un software en diversas cabinas públicas de distritos representativos de Lima y Callao.
El problema, de acuerdo a Cesáreo Vargas, presidente del directorio de la entidad encargada del sondeo, se acentúa cuando se certifica que el 84% de los padres encuestados aseveró no saber manejar Internet. "La supervisión es nula, se puede dar el caso de que un niño le diga a su padre que ha estado estudiando biología toda la noche, cuando ha estado visitando sitios pornos. Con un click esconde las ventanas y aquí no pasó nada". En vista de evitar tales efectos, Vargas propone distribuir gratuitamente un programa (freeware) que interconecte los servidores de las cabinas con la Reniec, necesitando que el usuario ingrese un número de DNI válido para ingresar a contenidos adultos. Esta perspectiva controlista tiene algunas experiencias en EE.UU., sin embargo, en los países del Primer Mundo las cabinas públicas no abundan, pues hay un acceso amplio en los hogares, donde una medida de este tipo es impensable. Los sitios más requeridos son los que ofrecen vídeos pornográficos, pornografía infantil, así como cultos al satanismo, apologías a la violencia (terrorismo) y a las drogas. El peligro radica en que, dada nuestra realidad, "y gracias a iniciativas como el Plan Huascarán", para el 2006 existirán en Perú más de 8 millones de cibernautas. Esto suscita diversas interrogantes: ¿es acaso necesario una inquisición electrónica que se encargue de regular los contenidos a los que acceden los usuarios? ¿Tiene el administrador de la cabina alguna responsabilidad sobre las páginas a las que los menores ingresan? La Sociedad Nacional de Informática plantea iniciar un plan piloto en el distrito de Miraflores, por lo que requerirían de una alianza estratégica con el municipio. Hasta ahora no ha habido respuesta de parte de la alcaldía.
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