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Edición Nº 1766 |
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Ira Que Crece
Las Ciudades y la Guerra Cuando las tropas se acercan a Bagdad, registro histórico de los más encarnizados combates y peores matanzas. LAS ciudades y la guerra. Basora. Nasiriya, Najaf, Karbala, Hilla y Kut. También Mosul, Kirkuk y, claro está, Bagdad. En Irak están llegando a definiciones y, en este callejón sin salida político, posiblemente sean muy sangrientas. Ninguna de esas ciudades ha sido reducida todavía por las fuerzas de la coalición de Estados Unidos y el Reino Unido, pero ya el Pentágono anuncia la "primera fase de la campaña de Bagdad". Dicen que las ciudades son hoy el equivalente de los castillos y alcázares del pasado. Las tropas de incursión podrían merodear por la comarca, pero lo importante era tomar los reductos. BAGDAD, 1258 En realidad, las ciudades siempre fueron los reductos finales. Incluso Lima tuvo murallas protectoras en la época que servían para algo. La caída de ciudades marcaba el fin de gobiernos, dinastías, imperios y civilizaciones. Uno de los casos más catastróficos se dio en la propia Bagdad cuando en 1258 las huestes tártaras y mongólicas de Hulagu Kan, descendiente político de Genghis Kan, entraron a lo que era entonces la capital cultural y comercial del mundo, y durante 40 días se dedicaron a demolerla y matar a unos 400,000 de sus habitantes, incluyendo a Al-Mustasim, el último califa. Bagdad superaba el millón de habitantes y la cultura árabe nunca volvió a recuperar el esplendor de esa época. Nadie en su sano juicio comparará las huestes tártaras del siglo XIII con las tropas norteamericanas y británicas que se baten con pinzas en los alrededores de ciudades menores de Irak y se acercan a los suburbios de Bagdad armadas de volantes, periodistas y altoparlantes para advertir a los civiles que se queden en sus casas -como si éstos pudieran oír en el estruendo de las bombas o sus casas fueran más seguras que las calles, y como si muchos de esos iraquíes no quisieran plegarse a la resistencia imbuidos ahora, ante la creciente destrucción y sabor a sangre, de una ira letal.
LONDRES 1990 Pero hay casos en que, guardando distancias y registros fílmicos en vivo, la historia se repite. Por ejemplo, esa estrategia norteamericana denominada de `shock and awe' (trauma y asombro), y aplicada en los espectaculares bombardeos "quirúrgicos" en Bagdad para amedrentar y someter al régimen de Saddam Hussein, tiene antecedentes -y casi todos son contraproducentes. El llamado `blitz' alemán de Londres es un caso pertinente. Se inició el 7 de diciembre de 1940 a las 4 de la tarde con 348 aviones bombarderos y 657 cazas, y sólo terminó al amanecer del día siguiente. La ciudad quedó en llamas pero la hecatombe no amedrentó a los ingleses sino que templó su espíritu guerrero. Siguieron 57 noches consecutivas de incursiones y semanas adicionales de ataques periódicos que dejaron más de 27,000 muertos. Sin embargo, fue Hitler quien terminó retirando el 11 de mayo de 1941 sus aviones para derivarlos hacia el frente soviético. Mientras tanto, los extraordinarios discursos de Winston Churchill prometiendo "sangre, sudor y lágrimas" habían galvanizado a la población, y lo que al principio fue un puñado de pilotos de caza comenzó a derribar Heinkels alemanes con alarmante frecuencia en la llamada `Batalla de Gran Bretaña'. LENINGRADO, 1941 Pero si Bagdad llega a ser sitiada en las próximas semanas, como hasta ahora lo es Basora, antes de un asalto final, más vale recordar el asedio de Leningrado en la II Guerra Mundial. Nuevamente hay que resaltar las naturales diferencias y proporciones. Las tropas de la coalición vienen armadas de alimentos e implementos para reponer los sistemas de agua potable que ellas mismas destruyen, pero esas benévolas contradicciones iniciales no se daban con las divisiones nazis que terminaron de cercar Leningrado (antes y hoy San Petersburgo) el 22 de junio de 1941. La Operación Barbarrosa, como se denominó la invasión nazi de la Unión Soviética, conducía a la aniquilación y generó millones de muertos. Consecuentemente, en el cerco de Leningrado murieron 641,000 civiles, la mayoría de hambre y frío, durante los 900 días que duró el sitio, Sólo en enero y febrero de 1942 fallecieron 200,000, en su mayoría mujeres y niños. Pero el ejército alemán no pudo entrar a la ciudad y ésta fue rescatada sin caer el 27 de enero de 1944. A lo largo de ese terrible período se volvió a demostrar que el castigo por fuerzas extranjeras enardece a los pueblos, y a pesar del hambre, el frío y las bombas, la ciudad siguió vibrando. Dmitry Shostakovich, por ejemplo, compuso allí su Sétima Sinfonía, `Leningrado', y la estrenó en la ciudad sitiada.
NANKIN, 1937 Aún peores cosas, por cierto, habían sucedido en 1937 en Nankín, la capital entonces de China, aunque en diferentes circunstancias. Lo que quedaba del ejército nacional chino se había replegado, dejando la ciudad desguarnecida y con medio millón de civiles. El 13 de diciembre de ese año ingresaron 50,000 soldados del Imperio del Sol Naciente japonés. La invasión de China continental había comenzado en 1931 y en el curso de los años de conquista y ocupación habían utilizado gas mostaza y armas biológicas, causando entre 10 y 30 millones de muertes. En Nankín las atrocidades fueron espantosas. Se estima que en el curso de 6 semanas mataron entre 200,000 y 300,000 personas, y violaron a 80,000 mujeres y niñas, para después mutilar a muchas o darles también muerte. Muchas de las víctimas fueron decapitadas, quemadas, enterradas vivas o muertas con bayonetas por tropas que entrenaban así con los prisioneros de guerra. Eventualmente se contarían 360,366 cadáveres atribuibles a lo que se dio en llamar `El Rapto de Nankín'. En 1997, al cumplirse los 60 años de esa masacre, se realizó una notable exposición en la universidad de Princeton con 400 fotografías que de alguna forma sobrevivieron para documentar esos terribles hechos. MADRID, 1936 Una ciudad que resistió el asedio de fuerzas superiores durante años fue Madrid en la Guerra Civil española. Hubo varios intentos de tomar la capital de la República por las fuerzas nacionales rebeldes de Francisco Franco. Lo más intenso de este proceso se dio en la llamada Batalla de Madrid que duró de noviembre de 1936 hasta la primavera de 1937. Apoyando a los nacionales estaba la Legión Cóndor alemana y las tropas fascistas de Mussolini. Madrid había recibido refuerzos de las Brigadas Internacionales. El frente llegó a estar dentro de la periferia de la ciudad, Las tropas nacionales cruzaron el río Manzanares. Ocuparon el Cerro de los Angeles y penetraron en la Casa de Campo donde fueron detenidas, centrándose el frente en la línea Casa de Campo-Ciudad Universitaria-Moncloa. Hubo momentos en que los nacionales tomaron el Palacio de la Moncloa y la Residencia de Estudiantes. En la Ciudad Universitaria se luchó palmo a palmo, llegando a la situación que en algunos edificios se encontraban batallando fuerzas de ambos bandos. Mientras tanto, entre bombardeos y cañonazos, las vida en la ciudad, entonces de un millón de habitantes, continuaba y en sus cafés atestados se podía escuchar a poetas como Rafael Alberti recitando inflamadas arengas: Madrid, corazón de España, late con pulsos de fiebre. En ese ambiente, y ante la presencia de corresponsales de guerra simpatizantes
como Ernest Hemingway e Ilya Erenburg además de Mathews y Koestler,
surgió el lema "¡no pasarán!" Y no pasaron. Franco
desistió de los intentos de tomar la ciudad en marzo de 1937. Sus
tropas recién entrarían a Madrid en 1939, cuando había
caído la República.
STALINGRADO, 1943 Las luchas dentro de las ciudades siempre han sido complejas y sangrientas, y a menudo precedidas de bombardeos devastadores. La batalla de Stalingrado duró de agosto de 1942 a febrero de 1943 y allí sin duda se luchó de casa en casa, quedando la ciudad en escombros. Se presume que en Stalingrado se inventó el `cóctel molotov', botella cargada con gasolina que cualquier vecino podía dejar caer desde su ventana sobre la escotilla de un tanque. Murieron en Stalingrado unos 70,000 soldados alemanes atacantes y eventualmente, cuando las fuerzas del general soviético Zhukov rodearon al Sexto Ejército del general Paulus, cayeron 90,000 prisioneros -de los cuales sobrevivieron los campos de concentración sólo 6,000. HAMBURGO Y DRESDEN No hay que remontarse, por lo tanto, a Troya y su caballo o a la Roma del siglo V saqueada por los bárbaros para recordar grandes desastres bélicos urbanos. Como réplica al `blitz' sobre Londres y otras ciudades británicas, la Real Fuerza Aérea realizó 817 incursiones sobre Hamburgo comenzando en 1940, pero las más intensas se llevaron a cabo en julio y agosto de 1943 con bombas incendiarias. Se estima que éstas causaron 50,000 muertes. Sin embargo, el bombardeo quizás más devastador de una ciudad alemana fue el de Dresden en la noche del 13 al 14 de febrero de 1945. Dresden era pequeña urbe histórica cuya población se había inflado a más de 100,000 habitantes por los refugiados que huían de las fuerzas soviéticas avanzando desde el este. Unos 1,300 aviones aliados descargaron sobre Dresden 3,500 toneladas de explosivos incendiarios, generando lo que se llamó una "tormenta de fuego". Entre los muertos se contaron por los menos 35,000 mujeres y niños. BEIRUT, 1982 Desde entonces, y después de Hiroshima y Nagasaki, no se han registrado hecatombes urbanas de esa magnitud, aunque sí una serie de situaciones intermedias frente a las cuales las bajas que se registran en Irak, que hasta el cierre de esta edición no llegan a 300, son nimias. Por ejemplo, se estima que cuando Israel invadió Líbano en 1982 reaccionando ante el intento de asesinar a su embajador en Londres por palestinos asentados en Beirut, las bajas que eventualmente se registraron al llegar a los suburbios de esa ciudad en setiembre fueron 3,000. Las tropas israelíes, por cierto, no se metieron en el berenjenal faccioso de Beirut. Sólo ocuparon una franja en el lado occidental de la ciudad, al lado del mar, y rodearon la urbe. Fue en esas circunstancias que sus aliados, los Falagistas cristianos libaneses, ingresaron a Sabra y Shatila, campos de refugiados, y dieron muerte a centenares de palestinos. El general israelí Ariel Sharon fue responsabilizado de la masacre y depuesto del Ministerio de Defensa. Israel pronto se retiró de Líbano pero, dado el conflicto palestino y sus reiteradas incursiones en zonas pobladas como la franja de Gaza y el campamento de refugiados de Jenin, seguramente cuenta con las fuerzas militares mejor preparadas para librar combates limitados dentro de ciudades. Otra cosa es, por cierto, Bagdad con su 5 millones de habitantes y el armamento del ejército de Irak, su Guardia Republicana y los Fedayines de Saddam.
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