|
Edición Nº 1766 |
|||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||
|
|
La Guerra:
Escribe LUIS NAVAJAS LA guerra contra Irak será un conflicto de semanas más que de meses" vaticinaba el vicepresidente de Estados Unidos Dick Cheney; altos funcionarios de la administración Bush preveían masivas deserciones de parte de las tropas de Saddam Hussein y el derrumbe del régimen como "un castillo de naipes", en el marco del júbilo con que la población recibiría a las tropas "liberadoras" que acabarían con la sangrienta dictadura de Hussein. La fuerte e inesperada resistencia opuesta por el régimen iraquí a las tropas de la coalición ha conducido a moderar las previsiones por boca del presidente Bush, que ha repetido lo que venía diciendo desde tiempo atrás: la campaña en un terreno inhóspito y en un país del tamaño de California puede ser algo más difícil y largo que lo que muchos habían previsto. La resistencia iraquí y la falta del esperado apoyo de la población civil también han provocado una discusión pública respecto a la estrategia empleada cuando el 19 de marzo la coalición lanzó la ofensiva que desató la guerra. Los elementos de esa discusión plantean un cuadro que merece ser considerado con atención, si bien pocos dudan que la superioridad militar de Estados Unidos prevalecerá en definitiva. LOS SUPUESTOS DE LA "BLITZKRIEG" La superioridad tecnológica de las fuerzas armadas estadounidenses y la masiva acumulación de soldados y pertrechos que tiene lugar desde meses atrás, fueron parte de una estrategia que provocaría el rápido colapso de la resistencia iraquí. Ésta se basaría en el empleo intensivo de bombas "inteligentes" y misiles de crucero con la capacidad de ubicar y destruir los blancos con escalofriante precisión. Los datos de inteligencia permitían asumir masivas deserciones y revueltas populares contra Hussein. Sobre esas bases, las tropas de la coalición debían ganarse "las mentes y corazones" de la población civil a la cual brindarían masivas cantidades de ayuda humanitaria. Teniendo en cuenta que luego de esta "blitzkrieg" vendría el período de reconstrucción a cargo de un gobierno "amigo" era necesario minimizar la destrucción de la infraestructura y afectar a la población civil lo menos posible. Esta estrategia se complementaba con la acción de tropas especiales ya infiltradas en Irak desde meses atrás y con rápidos movimientos de tropas que multiplicarían los efectos de sus ataques. Estos supuestos condujeron a acuñar términos a veces sorprendentes como el "shock and awe" (que puede ser traducido como golpear y aterrar para someter) aludiendo a los efectos sicológicos provocados por la intensidad de los ataques aéreos contra Bagdad. Hoy ya no se menciona el término. También se refirió a la estrategia de "decapitación" destinada a dar muerte a Saddam Hussein con la ayuda de las bombas de precisión de su arsenal. Esta estrategia estuvo a punto de dar frutos cuando el 19 de marzo la información de inteligencia indicó que el líder iraquí se encontraba en un refugio de Bagdad y se disparó un misil de precisión que lo destruyó. Hussein resultó ileso pues se encontraba con su familia en la casa vecina. Este ataque "quirúrgico", además de haber adelantado el inicio de la guerra, permite a los proponentes de esta estrategia (adjudicada principalmente al vicepresidente Cheney, al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld y a su segundo Paul Wolfowitz, así como al asesor Richard Perle) mantener que ella puede dar los resultados esperados. También argumentan que en un corto tiempo (doce días al escribirse estas líneas) se han logrado avances muy importantes en el terreno y se ha evitado el incendio de los campos de petróleo. En todo caso, ellos estiman que es muy pronto como para sacar conclusiones definitivas sobre el conflicto. LAS OBJECIONES A LA ESTRATEGIA Además de las objeciones generales planteadas contra la estrategia empleada en esta guerra contra Irak (dañar el funcionamiento de las Naciones Unidas y su Consejo Permanente, distanciarse de aliados tradicionales y unir a su campo dudosos nuevos aliados, iniciar una guerra preventiva y sin justificación suficiente, provocar una mayor desestabilización del mundo árabe, incrementar las probabilidades de ataques terroristas, etc.) han surgido objeciones referidas a los aspectos militares de la operación de parte de personas familiarizadas con estos asuntos. Las principales críticas señalan las excesivas expectativas creadas sobre un rápido triunfo en Irak por los políticos que dirigen la guerra, lo cual condujo a la asignación de recursos insuficientes, ya que, se suponía, los avances tecnológicos aliviarían costos y víctimas. Se indica que ello ha sido posible debido al escaso contacto del secretario Rumsfeld con los militares de alta graduación, repitiendo el error que se asignó a Mc Namara durante la guerra de Viet Nam. La escasez de recursos asignados ha reforzado las carencias provocadas por la negativa de Turquía de autorizar el uso de su territorio a las tropas estadounidenses. Ello se sumó a la estrategia de ataques rápidos en diferentes lugares del territorio iraquí, lo cual ha dejado las líneas de abastecimiento con protección insuficiente. También cambió la secuencia de los ataques en relación con la primera guerra del Golfo: comenzar con una campaña aérea de ablandamiento de la resistencia iraquí (que fue de cinco semanas en la anterior guerra) e introducir las fuerzas terrestres cuando se hubiese logrado ese objetivo. Esta vez se lanzó un ataque general. Se indica que el peligro que genera esta situación es que el desplazamiento de personal y material al teatro de operaciones puede llevar un tiempo demasiado largo como para responder a los requerimientos de la campaña de la coalición. Estos errores de criterio se explicarían, según los analistas, por las fuentes de información utilizadas por quienes adoptan las decisiones básicas de la guerra: la preponderancia concedida a los informes de la Fuerza Aérea sobre su capacidad de dar golpes definitivos a la defensa iraquí; a los informes proporcionados por los exiliados iraquíes que no tienen la mejor perspectiva para juzgar los hechos que transmiten, en especial en lo referido a los levantamientos de la población civil y su recepción a las tropas de la coalición; igual consideración merecen los informes de inteligencia proporcionados por Israel. Estas fuentes confirman lo que los ideólogos de la administración Bush querían escuchar. Según Galloway, no se han tenido suficientemente en cuenta los informes de la CIA y de la Agencia Nacional de Seguridad que considera más objetivos. Igual error de cálculo ha teñido al comportamiento esperado de la población civil. Según Galloway, ello se debe a que, después de doce años de sanciones, la población adjudica sus penurias más a Estados Unidos y Gran Bretaña que a Saddam Hussein. Otro error importante ha sido menospreciar la capacidad de resistencia iraquí y vincular la situación de Irak con la de Afganistán. Según los analistas, la estructura de las fuerzas armadas iraquíes es mucho más sólida y ha capitalizado las experiencias de la guerra anterior modificando radicalmente su estrategia. La inadecuada evaluación de la capacidad de resistencia iraquí fue también señalada por el experimentado y controversial periodista Peter Arnett en una entrevista que concediera a la televisión iraquí y que fuera transmitida el 30 de marzo pasado. Según Arnett, él ha transmitido repetidamente informes que dan cuenta de la determinación iraquí de resistir una acción armada pero ni él "ni otros que pensaban lo mismo fueron escuchados por la administración Bush". (Ver recuadro). Otro asunto que no ha sido considerado en toda su dimensión es el relativo al costo de la guerra urbana en general y de lo que significará la toma de Bagdad. Según Galloway y otros analistas, la guerra urbana es extremadamente costosa en términos de bajas y de prestigio político. Se menciona al respecto que el sitio de Leningrado llevó 900 días y la ciudad no pudo ser conquistada a pesar de la total supremacía de Alemania; la ciudad de Hue, en Vietnam, sufrió cuatro semanas de bombardeos y cuando por fin fue tomada por las tropas de Estados Unidos, ya no quedaba nada de ella. En el contexto político internacional, las imágenes de las víctimas civiles iraquíes y de la destrucción provocada por los bombardeos (imágenes que no se transmiten en Estados Unidos) acentuaría una oposición a la guerra que no tiene precedentes. Tarde o temprano, esta situación se reflejaría en Estados Unidos. Las medidas adoptadas en los últimos días parecerían indicar que se está tratando de responder a algunas de las objeciones planteadas en lo que a estrategia de la guerra se refiere. Lo cierto es que la incertidumbre continúa siendo la sensación dominante. Los atentados suicidas que han ingresado al teatro de guerra y la resistencia iraquí pueden prolongar la guerra por meses, con numerosas e imprevisibles consecuencias para la coalición. La superioridad militar y tecnológica de Estados Unidos puede asestar golpes que aceleren un conflicto que está convencido de ganar. Pocos hay que piensan lo contrario. Pero que los hay, los hay. En la jerga militar de Estados Unidos, se llama "amplificación incestuosa" definida en Jane's Defense Weekly, "a la condición que en la actividad militar conduce a escuchar sólo a aquellos con los cuales se está de acuerdo, reforzando las creencias establecidas y creando una situación propicia para realizar cálculos equivocados".
|
||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||