Edición Nº 1766


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    ARTICULO

    3 de abril de 2003

    El Desgaste Físico de los Soldados
    La guerra se prolonga y el desierto no perdona. Entrenamiento norteamericano versus determinación iraquí.

    A través del Dexedrine se suprime el cansancio.

    ¿Qué pasa por la cabeza de una persona para que deje su casa y hogar, viaje miles de kilómetros y acabe en un desierto bíblico matando iraquíes o, por el contrario, siendo blanco de fedayines suicidas?

    Es claro que existe un contexto bélico y entenamiento militar que racionaliza lo que para una persona con dos dedos de frente es una locura. Además de ciertas recompensas: la nacionalidad para los inmigrantes (ésta, como la primera del golfo, fueron guerras de latinos), beneficios médicos y estudiantiles, facilidades hipotecarias, la promesa de amistades (compañerismo o espíritu de cuerpo, que le llaman), así como una aventura que dé sentido a vidas que probablemente no lo tengan (algo que contar a los nietos).

    ¿Pero qué es lo que realmente sucede?

    EL GOBIERNO USÓ MI CABEZA
    COMO UN REVÓLVER

    Desde tiempos olvidados la psicología del combatiente y su capacidad de resistencia han jugado un papel fundamental en la historia. Desde siempre, los distintos Estados Mayores de Guerra crearon técnicas de instrucción que perfeccionaron las virtudes que éstos exigían en los soldados, a saber, obediencia, disciplina y eficacia. La gaita escocesa, el grito "¡Banzai!" de los japoneses, así como el perfeccionamiento de las marchas militares (el reglamento prusiano del s. XVIII determinaba que el paso de marcha debía ser de 71 cm. con una frecuencia de 76 pasos por minuto) funcionan como elementos cohesionadores e intimidantes. De esta forma, se cuaja también la despersonalización absoluta del individuo en aras de un sujeto mayor y complejo que lo compone todo: el ejército. En este sentido, es mejor soldado el más obediente, el que menos piensa, el más autómata, el menos sensible. El que, como afirma el doctor Mariano Querol, "puede convertirse en un aditamento más del fusil". Pero de todas formas, por más concientizado que esté, las largas misiones, la invasión de territorio hostil en situación de guerra, afecta invariablemente la psiquis de los soldados (finalmente se están jugando la vida).
    El pensamiento islámico, dado a la inmolación por el paraíso, alienta los atentados suicidas.

    Reducir el estrés del soldado es una preocupación central en el planeamiento de la guerra. Los militares destacados en el Golfo tienen tarjetas de crédito, centros comerciales en sus campamentos centrales. Poseen turnos de lucha y centros de atención médica a pocos metros de los campos de batalla. No les falta nada.

    Sin embargo, los padecimientos de una guerra larga (de guerrillas), como la que pretende implantar Saddam Hussein, pueden ser funestos para la endeble psicología de los militares norteamericanos. En palabras de Querol: "como ha demostrado el propio EE.UU. en otras guerras que empezaron como un paseo y acabaron con derrota -me refiero a Vietnam-, los cuadros estadounidenses tienen marcadas tendencias a las alteraciones de conducta. Prueba de ello es la enorme cantidad de farmacodependientes que arrojó Vietnam. Esta gente desarrolló cuadros psicopáticos. El psicopático es el que genera sus propias normas y las pretende hacer cumplir aun cuando él mismo las transgreda. Es gente brutal, el tipo perfecto que requiere una milicia. Ahí está la élite. Después de Vietnam muchos de los veteranos se volvieron asesinos. Empezaron a matar indiscriminadamente. Pero en el fondo eso es lo que son, asesinos. Sólo que el asesinato está encubierto por una parafernalia".

    Con el fedayín, la Guardia Republicana y los fieles a Saddam la cosa es distinta. Aquí estamos frente a musulmanes que ven en la muerte el camino al paraíso. Apunta Querol que "la actitud de ellos es fatalista como consecuencia de una vida de privaciones por su lucha contra el desierto y la pobreza. Saben lo que les espera, son dados a la inmolación. Así la convicción del iraquí es mucho mayor, su capacidad de caer bajo estrés es menor. Son fatalistas. Y, finalmente, están invadiendo su patria".

     
    Los nazis desarrollaron una droga basada en la cocaína, pero finalmente prefirieron anfetaminas. Repartieron 29 millones en 1939. Al lado, Querol: "la sociedad norteamericana exalta la violencia".

    EL ESTRES MATA
    (Y LAS PASTILLAS TAMBIEN)

    No siendo suficiente semejante desbarajuste psicológico, a esto hay que añadir la ingesta de anfetaminas. Focalizadas como están las actuales guerras en la aviación, es sabido que, con carácter optativo, los aviadores norteamericanos consumen dexedrina, llamada comúnmente go-pill, pastilla que les permite estar despiertos y soportar largas jornadas de viaje y bombardeo (entre 10 y 12 horas). El impacto en los neurotransmisores incrementa la conciencia y puede ayudar a estabilizar el sueño, lo que resulta muy importante si se toma en cuenta que, según datos de la Fuerza Aérea de EE.UU., la fatiga, exclusivamente, ha causado ya 100 accidentes fatales. Sin embargo, sus efectos colaterales son el aumento de la presión arterial, taquicardias, nerviosismo e insomnio. Por ello, los aviadores civiles están prohibidos de consumir nada más fuerte que café. Y la Food and Drug Administration la tiene prohibida.

    El uso de esta pastilla entró en polémica cuando en enero de este año, en Afganistán, dos pilotos estadounidenses arrojaron una bomba matando accidentalmente a 4 militares canadienses. Ellos, en su descarga, acusaron a la go-pill como la causante de su error. Las actuales bajas de la coalición por "fuego amigo" podrían tener la misma explicación.

    Por si fuera poco, el soldado norteamericano puede tomar la no-go pill, respuesta a su antecesora, un sedante que arroja a los brazos de Morfeo a quien no pueda conciliar el sueño después de finalizar su misión.

    La duración de la guerra y los serial-killers que aparezcan luego de ésta serán buenos parámetros para medir los resultado de estas políticas. (Jerónimo Pimentel).


     

    Anatomía de Película
    Supersoldados de ficción en el imaginario norteamericano.

    LA búsqueda del supersoldado es un sueño que ha desvelado a la humanidad desde siempre. Y mucha de esta ansia se ha vertido en la ficción, donde los hombres han sabido volcar sus obsesiones, pesadillas y utopías. El primero de ellos, fruto de la II Guerra Mundial, fue el Capitán América, quien gracias a la ingesta de un suero (la Fórmula del Supersoldado) poseía fuerza y agilidad sobrehumanas. Además, se le otorgó un escudo invulnerable que le servía también de práctico bumeran con el que combatía al nazi Cráneo Rojo. Uno de los más recientes es Wolverine, mutante miembro de los X-Men, quien formó parte de un experimento del servicio secreto canadiense llamado Weapon X, que buscaba crear super guerreros alterados genéticamente. Wolverine tiene los sentidos ultradesarrollados, fuerza animal, además de poderosas garras de un metal indestructible. La versión "realista" viene de manos del ex combatiente John Rambo, militar prototípico en fortalezas y psicopatías, quien paradójicamente ayuda a los afganos a liberar su país de la invasión de la Unión Soviética.

     
    Wolverine, proyecto canadiense de supersoldado . Al lado, Rambo, veterano de Vietnam. Der.: Héroe norteamericano por antonomasia, el Capitán América peleó contra los nazis.

     


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