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Edición Nº 1769 |
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Cara y
Sello de una Victoria
SADDAM Hussein ha salido de la escena. Su régimen se ha desmoronado sin que su ejército, y ni siquiera su fiel guardia republicana, ejercieran la valentía. Los bombardeos más destructivos de la historia, que arrasaron edificios y civiles, han permitido al régimen del presidente Bush una victoria que no entusiasma al mundo, y que no alegra a los iraquíes. El odiado régimen de Saddam ha caído, pero no hay signos de que lo vaya a reemplazar un gobierno democrático aceptado por los iraquíes, más allá de sus diferencias religiosas y políticas, salvo sectores kurdos del norte de Irak. Si el objetivo era, de acuerdo a los neoconservadores que rodean a Bush, librar a Estados Unidos y al mundo de un dictador que disponía de armas de destrucción masiva y fomentar la democracia, puede decirse que la estrategia se ha cumplido sólo a medias. Y eso, en la mitad más fácil: aquella que consistió en emplear cientos de miles de soldados, cinco portaaviones, miles de bombardeos, tanques superblindados y otras armas de destrucción masiva. En cambio, aun ahora no se vislumbra la posibilidad de un gobierno de
consenso en Irak. El general Gay Garner, halcón sumamente amigo
de Israel, llega cuando las manifestaciones masivas de iraquíes
en todo el país celebran la caída de Saddam y al mismo tiempo
reclaman la salida de las fuerzas de ocupación. El grito de "¡yankees
go home!" ha retornado a la escena mundial.
El presidente Bush y su entorno han desprestigiado a su país, dividido a Europa Occidental, debilitado a las Naciones Unidas y, lo más peligroso, puede que estén poniendo en peligro la estabilidad de todo el Medio Oriente y hasta fomentando el terrorismo de los extremistas islámicos. La guerra de Irak ha demostrado, entre otras cosas, que la novísima doctrina Bush de la guerra preventiva contra una amenaza hipotética -que, además, resulta falsa- conduce a atrocidades contra seres inocentes, como ese niño iraquí sin brazos que ha conmovido al mundo, y no fomenta la seguridad, la paz o la democracia. El régimen republicano que hoy gobierna Estados Unidos ha olvidado las lecciones que el general Robert McNamara, ex secretario de Defensa de Estados Unidos, extrajo en 1993, veinte años después de la caída de Saigón, estas lecciones de la guerra de Vietnam: - No confundir la naturaleza de un conflicto. - No desestimar el poder del nacionalismo.
- No sobrestimar lo que las fuerzas extranjeras pueden conseguir: no pueden restaurar un Estado destruido. - No actuar unilateralmente, a menos que la seguridad de Estados Unidos esté directamente amenazada. En los últimos días han aparecido los primeros signos de que, en efecto, Bush está hundido hasta el cuello en un arenal de problemas. El miércoles 16, marines dispararon contra una multitud que hostilizaba al nuevo gobernador de Bagdad, Mashan al-Guburi, en momentos en que pronunciaba un discurso de elogio a Estados Unidos. Hubo por lo menos una docena de muertos. Dos días después, seis países vecinos de Irak, -Arabia Saudí, Turquía, Irán, Siria, Jordania y Kuwait, además de Egipto-, señalaban la obligación de las fuerzas de ocupación de retirarse de Irak y de permitir la autodeterminación de los iraquíes. Varios de esos países son aliados de Estados Unidos. Los siguientes textos, incluida una entrevista, ayudan a entender por qué la ocupación de Irak no ha resuelto los problemas históricos de Irak ni coronado de laureles a los ocupantes.
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