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Edición Nº 1769 |
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El Otro
Vargas Barbado, sonoro -a veces vociferante-, informado y con un corazón que dos infartos no han podido reducir, el director de noticias de Radio Programas del Perú, Raúl Vargas Vega, muestra en esta entrevista sus otras múltiples facetas. Desde su pasión por la educación y su voracidad por la lectura hasta su inquieta afición por los viajes y la buena cocina. También habla de sus últimos sacrificios: austera dieta y caminatas.
Entrevista TERESINA MUÑOZ-NAJAR EL dice que está "jodido", porque observa, desde algunos meses y casi de por vida, rigurosa dieta combinada con ejercicios. Pero, ¿cómo puede estar jodido Raúl Vargas si mientras obedece a sus doctores inventa un nuevo plato para que lo disfruten otros? Ocurre que ayer nada más, Raúl presentó a los más destacados gourmets locales su última creación: el Honoris Causa. Sorprendente causa preparada con dos ajíes, rellena con langosta, caviar y demás suculencias. "El problema -explica él- es darle la forma de una condecoración, algo así como la Legión de Honor de Francia. En eso estoy". Vamos camino a una playa del sur donde Raúl Vargas alquila una casa que le permite escaparse de la ciudad y seguir las indicaciones médicas. "Todo por comer y chupar demasiado pero aquí, me siento como en una clínica privada. Puedo caminar, pensar y leer con tranquilidad. En Lima eso es imposible". -¿No ha intentado caminar por el malecón de Miraflores? -Es inútil. Me paran, me piden cosas, me entregan cartas. En el Perú todo el mundo tiene un expediente en curso. Todo el mundo tiene juicios y denuncias, siempre hay un enemigo, una tierra que conquistar, una mujer que desagraviar, un puesto público que solicitar, una estafa que legalizar. -Bueno, es un hombre de radio... -Lo que pasa es que Radio Programas, además de un medio de comunicación es una especie de beneficencia, de club social, de agencia de viajes -haces turismo interno- y la cosa es que al final vas por todas partes y terminas en una especie de festival de amigos. Todo el mundo te tutea, todo el mundo se acerca. Es terrible. -Dedicar parte de su tiempo a la gastronomía ¿lo divierte, lo relaja? -Me divierte, no me relaja porque me meto en honduras y ahí comienza la complicación. Y la verdad es que uno se hace cocinero porque le gusta comer, entonces comienzas a averiguar qué cosa es esto y porqué se prepara así y, como yo no bailo ni hago deporte, pues me dedico a la cocina. -¿Nunca ha bailado? -Mira, una vez fui invitado a la Universidad del Valle en Cali a dictar un cursillo y me quedé prendado de la decana de Educación, una mujer guapísima. El hecho es que en la comida del cierre de curso -Cali produce un ron extraordinario-, me puse a bailar cumbias con una de las alumnas y la decana me tiró a la piscina con todo, con mi camisita. Me calenté, salí de la piscina y yo la tiré a ella. Todo este escándalo significó una nota en el periódico de Cali y la destitución de la decana. Es decir, no conviene que baile. -¿Cuándo se hace periodista? -Lo soy desde muy joven. Cuando estaba en el segundo año
de letras, en la Católica, Luis Jaime Cisneros me recomendó
al decano.
-Pero también es educador... -Estudié educación en San Marcos y literatura en la Católica. Y claro, he sido maestro, docente, profesor muchas veces. En realidad mi sueño era ser profesor primario en una lejana escuelita del Perú para que así todas las chicas se enamoraran de mí, precisamente por el amor que yo le tenía a la educación. -Hablando del amor, se ha casado una vez, ¿lo volvería a hacer? -De ninguna manera y ahora menos que estoy mal acostumbrado. Como dice Pereda: "El buey suelto bien se lame". -Lo de sus dolencias al corazón, ¿cómo han afectado su vida? -Me ha cambiado la vida. Es algo que deprime profundamente porque descubres que eres completamente débil y frágil. -Volviendo a lo de la cocina, ¿cómo va su libro? -Está en camino, demora, macera, pero ahí está. -¿Cuál será el contenido, reflexiones culinarias, recetas? -Seguramente y como todo lo que he hecho será algo absolutamente dudable, informal, muy poco orgánico. Como la cocina me divierte, me divierto escribiendo sobre cocina. O sea, un puro juego verbal donde la receta es un mero accidente. Lo que pasa es que esas solemnidades peruanas no me agradan. Me achacan, por ejemplo, ser el propulsor del día del pisco sour, cosa que no es cierta. En los días de mi vida se me hubiera ocurrido que se dé un decreto supremo declarando el día del pisco sour. Lo que yo sugería era un día para que todos lo bebamos pero resulta que un ministro pensó que era su gran oportunidad. Tendemos a la solemnidad, grandiosa, fenomenal. Yo he devenido un chef, un gastrónomo, palabras que no tienen nada que ver con un guisero, un cocinero que es lo que verdaderamente soy. Basta de solemnidades, sólo sirven para disfrazar la inacción. -Viajar es algo que sí lo ha mantenido constantemente activo... -He tenido una suerte increíble y debo confesar que con la excepción de una sola vez no he pagado un pasaje. Ahora, le tengo un poco de miedo al avión y claro, los viajes más temibles han sido los que he hecho en el avión presidencial. -¿Qué lugar es el que más le ha impresionado y a qué lugares le gustaría ir? -Desde que era escolar primario soñé con la península de Kamchatka (Siberia). Lo que no imaginé fue que un día llegaría ahí en el avión presidencial, bebería vodka a la velocidad de un rayo y entraría en una especie de delirio al comer caviar y salmón en abundancia. Ahora, hay dos viajes que quisiera hacer: arrancar desde El Cairo hasta el corazón de Africa y luego, tomar el transiberiano, viajar en tren desde Lisboa hasta Kamchatka.
-¿Y hay otro país que hubiera preferido para vivir? -Italia. Una de las experiencias más increíbles que he tenido en mi vida ha sido vivir allí, de lo cual no me repongo jamás porque sigo creyendo que regresaré. Y la verdad es que regreso todos los días. -Sobre sus lecturas, ¿alguna preferencia? -Soy un omnívoro en cuestión de lectura. Leo todo sin ser un pánfilo, es decir que no todo me asombra. Pero de todo lo leído siempre la literatura y de toda la literatura, siempre la poesía. -¿Sobre su relación con el poder? -Ser absolutamente impermeable al poder le permite a uno tener una relación completamente espontánea con los poderosos. -¿Habría sido ministro de Educación? -No. No soy por ningún motivo para la política. Desde el periodismo aliento todo esfuerzo educativo que me parece importante. Lo que me indigna es la incapacidad del Estado, de la sociedad, de hacer un esfuerzo sostenido en defensa de nuestra educación, de nuestra cultura. -Bueno, pareciera que en este país, el problema de la educación nunca se va a resolver... -Como lo vio muy bien Octavio Paz, especialmente en su libro "El laberinto de la soledad", no podemos tener una educación equilibrada porque no somos un país vertebrado. No hemos sabido ver nuestra propia fuerza, riqueza, herencia cultural con normalidad. Las vemos siempre con complejos, sin equilibrio. Nuestra educación es frustrante, desarraiga a la gente, la excluye, no la incorpora a un concepto de nación, de patria. Creo que en la medida que no tengamos una sociedad articulada, no tendremos educación. -A estas alturas de su vida, ¿cuáles podría decir que son sus frustraciones? -La vida conmigo ha sido particularmente amable. Me frustra, sin embargo, tener a mi hijo mayor lejos. Quizás, no tener más dinero para viajar. No saber inglés, chino, ruso, japonés. No ser disciplinado. Habría querido ser arquitecto, polígrafo, músico, geógrafo, más culto, más preparado, de pronto más aburrido...
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