Edición Nº 1769


 

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    MAL MENOR
    24 de abril de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    El Método Toledo

    SEAMOS realistas. Envolver pescado es el fin último del mejor periodismo. Esto no impide, en el ínterin, ejercer su humilde pero honorable misión: dar escrupulosa cuenta de los hechos. La tarea puede ser de penosa vena contable, pero se gratifica en el aprecio de las generaciones futuras que encontrarán en su seno aquel dato demasiado banal para la historiografía. De esta labor de acopio tratan las presentes líneas. En medio del deplorable panorama político que asoma, urge concentrarse, antes que el agrio infundio, en el recojo paciente de la información. Veamos lo positivo dentro de lo negativo: La constante disposición para el error del presidente Toledo ya ha conformado un corpus de trabajo lo suficientemente copioso como para documentar la mecánica de su funcionamiento.

    La premisa es simple: La solvencia y personalidad con las que el Presidente navega en contra de la sensatez, evidencia el funcionamiento a su favor de un sistema perfecto del yerro organizado. Si bien mucho de inspiración e impronta personal hay en esta cadena hacia lo equívoco, su devenir no puede ser ajeno a las leyes que rigen las proporciones lógicas. Esto se comprueba sometiéndolo a un razonamiento lógico básico, el modus ponens o silogismo hipotético.

    Según el modus ponens, dada una implicación cualquiera, si se da el antecedente, entonces necesariamente podemos inferir el consecuente:

    Si miento, me joderé.

    Miento.

    Me jodí.

    Pero no nos distraigamos en el mero onanismo intelectual. Lo relevante es proceder de la manera más acuciosa posible al registro de estos procedimientos interdependientes. A fin de cuentas es en este organismo que se ha parasitado el más puro remanente fujimorista, siendo la combinación de nulo intelecto con voraz oportunismo del congresista Mufarech el mejor homenaje al disparo al pie que Perú Posible hace a la patria. Dicha especie, alimentada del error ajeno, se dedica a su tarea fisiológica de siempre: el violento descrédito de la ya de por sí etérea democracia peruana en favor de un autoritarismo mercantilista que se mueve en Jaguar.

    En las líneas siguientes se intenta una primera y apurada aproximación a esta frondosa concatenación de variables que rigen la producción constante de errores autoinducidos. El orden intenta seguir una demostrada sucesión cronológica.

    1) Intuir lo Inapropiado.- En esta primera instancia es donde el talento personal rige y se manifiesta a plenitud. El descriteriado nace, no se hace, y es a través del particular acceso que le ofrezcan sus esferas de acción que detecta y aprovecha toda ventana de oportunidad para iniciar un ciclo de equivocación. Requisito sine qua non es que esta acción inicial deje rastros documentales, lo cual sucede en todos los casos a pesar de una entrañablemente ingenua creencia en lo contrario.

    Ejemplos clásicos: Fondo de contingencia democrática en Charlotte a nombre del sobrino, el aumento del sueldo presidencial, asesoría bancaria paralela de la Primera Dama, instalar un jacuzzi en Palacio a través de PetroPerú, etc.

    2) Negarlo En Publico.- La denuncia pública del crucial paso anterior genera una reacción instintiva, la negación oficial. Suele ser a título personal, aunque viene antecedida de amenas manifestaciones cuasi verbales de portavoces palaciegos. Esta negación genera el movimiento del sistema mediante una poderosa fuerza centrífuga: la contradicción. La erosión de la propia credibilidad, valor agregado del sistema en funcionamiento, se anticipa mediante una oferta verbal inversamente proporcional a su significado: He venido a decirles quiere decir que no tiene nada que decir.

    Ejemplo clásico:
    "Esa niña no es mi hija".

    3) Negociar en Privado.- En público nada se acepta, pero en privado todo es negociable. Condición de este punto es que toda reunión sea en la locación lo más inapropiada posible según sea el caso. Esta adquiere doble valor si la negociación es con alguien a quien se fustiga en público (ver regla siguiente). Igualmente, la presteza de cualquier negociación privada dependerá del grado de compromiso judicial y peso económico del interlocutor. (Pedro Arbulú esperó dos días por su cita en Palacio, 5 mil cocaleros tuvieron que caminar a pie desde Ayacucho.)

    Ejemplo clásico: con Crousillat en casa de Nicolás Lúcar, con Shütz en Camacho, con Silva Vallejos en Camacho, etc.

    4) Contradecirse.- Entra en acción la lógica contrafáctica. Aquí se niega la negación, aceptando en segunda instancia lo que oficialmente se daba por falso. Es una etapa que requiere de víctimas y sacrificios, reforzando tangencialmente el valor de la deslealtad dentro del régimen. Esta fase llega a su fin cuando -en la plenitud de su interés noticioso- unilateralmente se da el caso por "cerrado". Como contraprestación distractiva se suele recurrir a algo notoriamente feble, tal como la ciudadanía del caballo de paso. En esta etapa la figura presidencial se parapeta detrás de un entorno selecto. Este control de calidad del interlocutor oficialista de turno se logra en base a dos criterios: según el grado de servilismo, y según una rigurosa prelación establecida por su contribución económica durante la campaña.

    Estableciendo una analogía sencilla podría decirse que comparándola con los momentos de un día, la etapa de la contradicción vendría a ser el equivalente del mediodía, donde el desatino brilla con mayor luminosidad.

    Ejemplo clásico: "Buenas noches Zaraí."

    5) Culpabilización.- Tal vez sea éste el rubro menos ingenioso pero no por ello menos funcional. Tiene un papel definitorio del proceso en sí. Además facilita el terreno para una característica especialísima del circuito, la dilatación de las decisiones. Las alternativas de culpabilidad son rotativas según lo amerite cada caso.

    Ejemplos clásicos: La Mafia, El Fujimontesinismo, Las Encuestas, La Minoría Blanca, etc.

    6) Punta Sal.- Destino final obligatorio que confirma la consumación de un despropósito determinado. El porqué es este el lugar elegido obedece a un misterio natural comparable al suicidio masivo de ballenas. Dado lo abultado y festivo de la comparsa que suele acompañarlo en esta fase final superficialmente podría interpretarse este momento como uno de jolgorio. Nada más inexacto. El soberbio paisajismo tumbesino, con su majestuosa puesta de sol, facilita un ambiente de introspección y balance ante la tarea cumplida. La caída de la tarde es el corolario idóneo para que el Presidente se nutra en la esperanza de un nuevo amanecer. Y con él, en la oportunidad de hacer alguna otra cojudez que empiece el ciclo de nuevo.


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