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Edición Nº 1769 |
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Flórez a Voces
DICEN que pocos resisten los colores de su voz. Juan Diego Flórez, el cuarto y más joven tenor peruano que canta en La Scala de Milán, nos visitará. Y vuelve como un profeta, uno que conoce el poder y magnetismo de su mensaje, de su testimonio. Flórez ha conseguido, a sus 29 años, entrar en un estrecho círculo de privilegiados del canto que es la envidia de los miles que pululan fuera de él. Su agenda se abulta mes a mes y le tiene trabajo asegurado a sus cuerdas vocales hasta el 2008; los premios ganados y los discos grabados son meros redundantes del talento que han atestiguado los miles que a la fecha le han visto lucirse en intimidantes escenarios del mundo, como las Operas de Viena, París, Sao Paulo y Munich, además de la rutilante temporada 2002 en el Metropolitan Opera House de Nueva York con "El Barbero de Sevilla". Ante ello, es necesario hacer algunas precisiones. Existen varios tipos de tenores, definidos por la potencia, "colores" y tamaño de la voz: desde ligeros como Luis Alva, hasta dramáticos como Giuseppe Giacomini, de voces oscuras y casi barítonas, pasando por líricos ligeros como Kraus; líricos como Pavarotti y spintos como Plácido Domingo. Este último, por ejemplo, podría forzar su canto en roles que harían trizas otras voces. Flórez se puede definir como un lírico ligero emparentado con su ídolo Kraus. Y es precisamente la destreza de Flórez en el manejo de su registro el secreto de su precoz maestría. Algunas reseñas ya hablan de él como el sucesor de Luciano Pavarotti, tanto por estar fichado con el reconocido sello Decca como por el parentesco en sus registros. A tanto desvarío él responde que por el momento su meta mayor es perdurar. De vuelta en Lima, no sólo cantará el repertorio habitual que le ha dado fama, sino que en su presentación, del 6 de mayo en el Centro de Convenciones del Jockey Plaza, incluirá además una selección de música peruana con arreglos propios y la participación especial del maestro guitarrista Pepe Torres. "Quizás sea uno de los peruanos más admirados del mundo", se ha dicho de él y las butacas están listas para confirmarlo. Bienvenido.
CONSIDERADA como una de las voces más interesantes de la dramaturgia joven nacional gracias al limpio trabajo tanto de diálogos como de acción que significó la puesta en escena de "Los charcos de la ciudad" en el 2001, Mariana de Althaus presenta ahora en simultáneo dos nuevos trabajos escénicos. El primero en estrenarse será "Princesa Cero", una pieza que bajo el disfraz de la típica anécdota infantil (hay una reina, una princesa encantada y una rana que esconde un príncipe) plantea una obra para el público en general donde subyace el anhelo de liberación y cambio de un contexto dado. Así, esta obra dirigida por Lourdes Velaochaga y que cuenta con actuaciones de Monserrat Brugué, Marcello Rivera (arriba en la foto) y Sofía Roca se emparenta con "Tres historias de mar" al plantear el mismo anhelo pero en otro contexto: ahora se trata de lograr la convivencia de tres desconocidas que sólo tienen un lazo en común: ser hijas de la misma madre, quien en sus últimas horas manifestó el deseo de que sus hijas se reencuentren. De este modo, esta puesta dirigida por la misma autora y que cuenta con las actuaciones de Denise Arregui, Karen Spano y Rita Fernández (arriba en la foto) se nos presenta como la concreción, en otro plano anecdótico y escénico, de una búsqueda similar, ligada a la consecución de la libertad en un contexto opresivo.
FUE el líder de la que para muchos es la banda de rock en español más importante de los 80s-90s. Sus virtudes no son pocas: una enorme capacidad para crear melodías (por ejemplo, las que van de "Persiana Americana" a "Zoom"), atmósferas (Dynamo -con Soda en 1992-), texturas (Bocanada-1999); una vena poética interesantísima ("Té para Tres", "Luna Roja", "En remolinos"); y por si fuera poco, la virtud de reinventarse cada cierto tiempo (del primer epónimo de Soda Stereo -1984- al Siempre es Hoy -2002- hay muchas vidas). Desde que, en los comienzos de la década perdida, bajo la sombra del post-punk, sus siluetas lanzaran los comercialísimos "¿Por qué no puedo ser del jet-set?" o "Mi novia tiene bíceps", la evolución de Gustavo Cerati sólo puede atribuirse a un frío pero encantador camaleón. Frío porque inteligente. Su música produce ya un placer intelectual, sofisticado; cuando antes lo producía por frívolo y ligero. Encantador porque inteligente. Canción Animal -1990-, y sobre todo el Dynamo, así como el Bocanada y en menor medida el Siempre es Hoy, son entregas elaboradas, concisas, propositivas. Es una de las pautas regionales más altas de cómo un músico se adecua a su tiempo sin envejecer (junto a los dinosaurios Charly García, Spinetta, etc.), aunque ello no le haya ganado la infalibilidad. El snob "11 Episodios Sinfónicos", orquestación de un greatest hits para yuppies de los 90s, no es más que la plasmación de una insufrible vena artie. Felizmente, esto no es lo que prevalece. Esta visita es un reencuentro. Si bien Lima no estuvo en el tour de despedida de Soda, los argentinos tocaron en el Amauta en el '87 (los inicios) y en la U. de Lima en el 95 (la gira del Sueño Stereo). Es de esperar ahora que Cerati eche mano de toda su última placa, buena parte de su carrera solista y algo de Soda -que ojalá sea "En la Ciudad de la Furia" o "Lo que sangra (la cúpula)"-. De lo último, habrá que prestar atención a las versiones de Camuflaje, Karaoke y Amo dejarte así, los picos del disco. No faltar. (JP)
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