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Edición Nº 1770 |
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Por
FERNANDO VIVAS
MAGALY tiene mil ojos y mil oídos, como reza el lema del partido de Abimael Guzmán, como la cabeza de la Medusa, como el cielo de Lima que está viendo crecer su población de gallinazos -parientes de las urracas- en un ritmo mayor al 4% anual de la economía. ¡Pero me quedo corto! Si su rating llega a 24 puntos, entonces son 390,000 hogares en Lima y por lo menos dos millones de ojos y oídos peruanos que la siguen. El ministro Carlos Bruce quizá se equivocó al insinuar que la Urraca no tiene credibilidad en su dominio del chisme pero sí dio en el clavo cuando habló de una magalización de la política: La tendencia de convertir el ampay en denuncia desestabilizadora ha hecho carne en críticos del régimen; la envidia y el celo mandan sobre la capacidad de indignación cívica; la intriga se impone sobre la competencia partidaria. La creencia en que los cambios, jales o renuncias sólo pueden hacerse efectivos por la vía del escándalo -seguido de enguajes bajo la mesa- se ha convertido en táctica opositora, al menos en la Comisión de Fiscalización presidida por Mauricio Mulder. Se equivocó pues Bruce disculpándose ante Medina, sobre todo luego de oír una andanada de graznidos entre los que destacó una amenaza: Si se meten conmigo les mando mis cámaras. El ministro con mayor techo del posibilismo (el que le da el proyecto Mi Vivienda) es muy macho cuando responde al APRA pero muy cobarde cuando encara un chantaje de la Urraca. El de Bruce es el perfil de un nuevo político ganador delineado en la aventura del gobierno: Pragmático pero pleitista, cortante pero elocuente, populista con las bases partidarias y democrático en las conferencias de prensa. No tiene ni la pompa de un Solari, ni la sobonería de un Willy González, pero tampoco los principios y el coraje para sostener su palabra en una ocasión en que lo valía. La confusión de la política, atacada por el personalismo que corroe sus instituciones, reina en la pantalla. "La alegría del mediodía" es su expresión meridiana; "Habla barrio" su plagio nocturno; "24 minutos" su digno comentario editorial. César Hildebrandt apenas puede sumar algo de análisis fino a lo que noticieros y programas dominicales lanzan con desparpajo, dictámenes de empresa u otros motivos subalternos al deber de informar. "Cuarto poder" insistió en la especie de Beto Ortiz sobre el presunto chantaje a Lucrecia Orozco y "Reporte semanal" respondió en nombre del aludido Baruch Ivcher, mientras que Alejandro Guerrero en "Panorama" preparó para Jessica Tapia -la más guapa conductora dominical desde que perdimos a Lola Rey- una entrevista timorata con Eliane Karp en Sevilla. Notas, por supuesto, compensadas por otras en que los 3 programas lucieron sus habilidades en la espectacularización de la noticia, la edición de vídeo y la investigación; pero ¡mala onda! que periodistas que aprendieron a negociar su opinión y acatar órdenes en los 90 tropiecen con la misma piedra. "Entrelíneas", desde el cable, no pelea la bronca del rating dominical; por lo tanto está eximido del pago a la farándula y puede ventilar más temas políticos. Si en sensacional primicia de "Panorama" Coco Marusix, recién maquillada por Carlos Cacho en su lecho de hospital, resucitaba in extremis al vedettismo; en el programa de N Susana Villarán contaba su plan nacional a Cecilia Valenzuela. Vale destacarlo por que habló de reformas, de las aspiraciones de un nuevo partido surgido de la Transición, y de reacciones cívicas moralizadoras como el plantón del lunes en defensa de José Ugaz, aunque el sustrato colectivo de esta queja se ha personificado tanto en el ex procurador que nos hace olvidar, por ratos, que el valor en combate es la lucha anticorrupción. Mientras el rollo cívico no se involucre, sin deponer su afán institucional y moralizador, con los temas top de la pantalla abierta (entre los que también están protestas sociales como las de los cocaleros) seguirá teniendo ese tufillo impopular a lo que la China Tudela llama GCU y el fujimontesinismo izquierda caviar. Que la oposición escape, como no ha podido hacerlo la pantalla, a la toledización; que Alan García bote su escopeta de dos cañones y cuente sus planes con el corazón en la mano; que el Frente del 2006 vaya tomando cuerpo; sería "Demasiada belleza" como reza la última telenovela nacional.
Escribe HUGO NEIRA
Soy exigente en música y en lecturas, no ante la pequeña pantalla. En canales de señal abierta veo a las 21 "Magaly TV". TNP no está mal, los sábados con "Presencia Cultural", con "Reportaje al Perú" y con "Costumbres". Veré a Gisela, siempre me cayó bien. No me pierdo ( si puedo) "Los Expedientes X" en Frecuencia Latina, lo sigo aquí como cuando vivía en Tahití. Lo mismo "Actor`s Studio" de James Lipton. En cable, un programa argentino, dirigido por una mujer además de guapa, inteligente, " La página en blanco", de literatura y pensamiento, al mediodía en Canal 49. Y Discovery en el 21. History en el 22. Para informarme qué pasa en el mundo, escucho el RAI de Italia y la TV5 de Francia para América latina y algo de la TV española cuando no se ponen frívolos. En cuanto a CNN, en pocas dosis, es la voz del Imperio. Volviendo a la televisión nacional, cierto que no vuela muy alto pero, me parece, se salvan varios programas. Hay en Lima excelentes hablistas. Resulta un lujo un Marco Aurelio Denegri en "La función de la palabra". Y un César Hildebrandt que tiene dicción y coraje. Entre los hablistas, Canal 6, "Boca ancha", por natural. Y el panel de periodistas de "Rueda de prensa" en Canal N. Y lo de Cecilia Valenzuela: sabe preguntar. Rápida y con carrera por delante, Josefina Townsend. Olímpico, Raúl Vargas. Sí pues, veo en estos días mucha televisión, pero ni amarrado el Chapulín Colorado. Ni los de Rock latino, cantan en falsete. Hay que entenderme: acabo de volver del extranjero, supongo que mi curiosidad se irá amenguando y mi tiempo de ocio se reducirá al comenzar a dictar cursos o me encierre a escribir los libros que me esperan. Por ahora confieso me divierto con " 24 minutos". Y es una pena que a Ernesto Pimentel no le dejen hacer la Chola Chabuca. Su personaje tenía un aire a Mufarech, pero en mejor. Beto Ortiz, ni con una pistola contra la sien.
Jala la cadena, Andrea
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