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Edición Nº 1771 |
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La Sorpresa
Gutiérrez Escribe CESAR LEVANO LA noticia conmovió al Perú: tras largos años de un supuesto eclipse, el padre Gustavo Gutiérrez recibía un merecido galardón: el Premio Príncipe de Asturias. El año pasado había sido incorporado a la academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos. La fundación que ha otorgado el galardón español al gran teólogo peruano y al polaco Ryszard Kapuscinski -creador del "periodismo mágico"- subrayó la preocupación de ambos "por los sectores más desfavorecidos y su independencia frente a presiones de todo tipo". Después de rudos combates, que libró con coraje y discreción, el pensador peruano más universal de hoy, se reafirma en el respeto de los peruanos más distintos y distantes. Entre los 12 y los 18 años de edad, Gustavo Gutiérrez Merino vivió casi inmóvil en su casa de Barranco. A veces se desplazaba lentamente en silla de ruedas, pero casi siempre estaba en cama, leyendo. Una grave osteomielitis le impedía caminar. En esa etapa llegó a su hogar, en gesto solidario, Juan Gonzalo Rose. Ambos adolescentes eran alumnos del barranquino Colegio Nacional "José María Eguren". Rose era alumno regular; Gutiérrez, debido al impedimento físico, alumno libre. Con el tiempo los senderos se bifurcaron: Rose se hizo aprista y luego comunista, y conoció el destierro. Gutiérrez, lector temprano de Pascal, se aferró a su fe en Dios. En nombre de éste se sometió a dos serias operaciones quirúrgicas en las que rehusó ser anestesiado. El poeta lo contó así: "Muchos de sus conocidos asistimos a tales operaciones, que se cumplieron sin que él emitiese un solo ay; lo cual le valió, entre algunos, un temprano olor de santidad". (CARETAS 692). Suena a milagro. Como puede sonar a muchos el que el 30 de abril fuera galardonado con el Premio Príncipe de Asturias, otorgado por la Fundación que preside Felipe de Borbón, heredero de la corona española. No es menor milagro que el otrora físicamente disminuido joven recobrara el andar, e ingresara en la difícil Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en 1947. Allí estudió hasta 1950. Y desde entonces no paró de peregrinar. En 1948 y 1949 estudió Letras en la Universidad Católica. Cursó Filosofía en la Universidad de Lovaina, Bélgica, entre 1951 y 1955. En esa misma casa de estudios siguió Psicología. Entre 1955 y 1959 se trasladó a Lyon, Francia, para estudiar y doctorarse en Teología. Sin tomar aliento, pasó a Roma, Italia, a la Universidad Gregoriana. Sus doctorados son innumerables. Su calidad de profesor no conoce fronteras. Ha dictado cátedra en universidades de Alemania, Francia, España, Estados Unidos, Japón, Canadá, Brasil, Holanda y Gran Bretaña. Siguen países.
TEOLOGIA DE LA LIBERACION Ya como sacerdote dominico, Gustavo Gutiérrez publicó su polémico libro Teología de la liberación, que, desde su publicación, en 1961, ha alcanzado traducciones en más de treinta idiomas. Sus tesis prendieron sobre todo en el clero pobre del tercer mundo, y más que nada en América Latina. En México o en Brasil, en Nicaragua o en Venezuela, su influencia ha crecido en las bases católicas, a lo largo de décadas. A pesar de que las más altas jerarquías católicas, incluido el Papa Juan Pablo II, lo sometieron a acerbas críticas. ¿Por qué, a pesar de eso, la palabra del padre Gutiérrez ha seguido agitando conciencias y ganando respeto? Sin duda porque contribuyó, en la ruta de la renovación introducida por el Concilio Vaticano II, a un acercamiento a la realidad social de nuestro tiempo, colocándose, osadamente, en el lado de los pobres y en defensa de la justicia. Hubo en la teoría de Gutiérrez, sin duda, un empleo de categorías del marxismo. Por ejemplo, la lucha de clases, que por lo demás no fue una idea acuñada por Marx, lo cual indica que no hace falta ser marxista para reconocer que existen antagonismos de intereses (por ejemplo, sobre derechos laborales y jornada de ocho horas en el Perú). Otra cosa es que se adopten estrategias y tácticas marxistas, como las referentes a dictadura del proletariado o la organización de partidos clasistas. Las tesis del padre Gutiérrez fueron rebatidas en 1984 por la Congregación para la Doctrina de la Fe que preside el cardenal Joseph Ratzinger, personaje de confianza del Sumo Pontífice, las observaciones de tan alta instancia fueron contestadas por el sacerdote peruano en sesenta folios, que circularon privadamente entre los obispos peruanos. Desde entonces, el teólogo ha afirmado su fidelidad a las instancias de la Iglesia y proseguido su búsqueda de un camino cristiano hacia una sociedad más justa. No ha acallado su convicción, la ha afinado, para no contradecir a su Iglesia, a su credo. Habría que precisar que, al final de cuentas, la Iglesia Católica ha consagrado la opción por los pobres que la teología de la liberación propugnó con tanta fuerza. Uno de los libros más recientes del padre Gutiérrez es En busca de los pobres de Jesucristo. El pensamiento de Bartolomé de las Casas (1993). Allí se lee esta reafirmación: "no hay, para un creyente, nada que lo lleve a rechazar más profundamente la miseria y la opresión social que la voluntad de amor y de justicia del Padre". En ese monumento escrito al inolvidable Obispo de Chiapas, el padre Gutiérrez recuerda a Felipe Guamán Poma de Ayala: "En una bella fórmula de soplo evangélico nos dice el motivo que lo impulsó a hacerlo (un largo viaje por las tierras del antiguo Tawantinsuyo): `andaba por el mundo en busca de los pobres de Jesucristo' ". Es el camino que ha recorrido también el otrora impedido Gustavo Gutiérrez, entre cuyas hazañas cristianas puede contar el reacercamiento de Juan Gonzalo Rose al cristianismo y el abrazo con José María Arguedas en el rechazo de fariseos disfrazados de sacerdotes.
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