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Edición Nº 1771 |
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Corre, Corre Pajarito Polémica planta de fraccionamiento del gas en Pisco levanta revuelo de la madona. LAS intenciones del consorcio liderado por la empresa argentina Pluspetrol de construir una planta de fraccionamiento del gas natural de Camisea en la bahía de Paracas ya está levantando un verdadero revuelo. No sólo varias organizaciones ecologistas han pegado el grito en el cielo. La semana pasada el Colegio de Arquitectos del Perú y la Universidad Nacional de Ingeniería también expresaron su rechazo al proyecto. La planta de fraccionamiento de Pluspetrol procesará los líquidos de gas natural que se obtengan de las operaciones de explotación en Camisea, y que serán transportados desde el corazón de la Amazonía hasta la costa peruana a través de un gasoducto de 500 km de largo. La planta de fraccionamiento producirá derivados del líquido como el gas butano, el gas propano, el diesel y la nafta. La inversión anunciada es de US$ 140 millones y la planta ocupará 42 hectáreas de terreno. "Inicialmente procesaremos 15 mil barriles diarios de líquidos, hasta llegar a 45 mil en la vida plena del proyecto", dice Daniel Guerra de Pluspetrol. En ese plan, una flota de tanqueros de LPG (cinco al mes inicialmente) y buques petroleros, atracarán en Pisco para llenar sus depósitos de butano y propano (licuefactados a -30 C), diesel y nafta, respectivamente. En suma, el proyecto de Pluspetrol traería consigo mayúsculas operaciones portuarias en plena bahía de Paracas, el punto más rico y sensible del complejo y vasto ecosistema marino de la mundialmente reconocida Reserva Nacional del mismo nombre. En marzo último la World Wildlife Fund (WWF) calificó el proyecto como "un riesgo inaceptable". Añadió: "exigimos que se identifiquen otras áreas de la costa que reúnen las características necesarias para la construcción de este tipo de infraestructura". Las características excepcionales del litoral de Paracas la convierten en un centro migratorio de aves irremplazable, sostiene el WWF. De hecho, entre la bahía de Paracas y la desembocadura del río San Juan, al sur de Chincha, se han identificado las mayores concentraciones de aves de orilla neárticas en el sur del Perú (Morrison, R, 1989). Según cálculos de Donahue y Morrison, al menos 100,000 "playeros" llegan a pernoctar en el ámbito de la Reserva Nacional de Paracas (RNP) en las etapas más críticas de la migración. Las enormes bandadas llegan a representar hasta un 10% del total de playeros que cada año dejan sus áreas de reproducción en el hemisferio norte, escapando del duro invierno boreal, para aterrizar en las nutritivas orillas de Paracas. Lo que resulta más relevante aún es que al menos el 85% de las poblaciones de aves de orilla en la RNP se concentran en la orilla fangosa del extremo sur de la bahía de Paracas para alimentarse (Riveros y Fernández, 1992), pico a pico con poblaciones de parihuanas y otras aves migratorias altoandinas. No hay que ser un especialista para prever las nefastas consecuencias ambientales que causaría al ecosistema de Paracas un accidente marítimo durante las operaciones petroquímicas. ¿O acaso el impacto de la contaminación de las fábricas de harina de pescado que ya operan en la zona no es suficientemente elocuente? Increíblemente el INRENA -autoridad que debe aprobar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA)-, en lugar de rechazar de plano el proyecto, sigue dudando. El tiempo corre en contra. Pluspetrol debe tener operativa la planta de fraccionamiento de líquidos de gas en agosto del 2004, según el contrato Camisea, o será penalizada económicamente. Y alternativas hay. La propia Pluspetrol preseleccionó playa Camacho, también en Pisco, El Silencio en Chincha, Pampa Clarita en Cañete y Centinela en Cerro Azul como potenciales alternativas a Pisco. Todas exigen de los máximos cuidados ambientales, pero en ningún caso las operaciones industriales amenazarían con barrer el valioso patrimonio natural de Paracas. (Marco Zileri)
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