Edición Nº 1771


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    MAL MENOR
    8 de mayo de 2003

    Por JAIME BEDOYA
    El Sagrado Nombre

    SACROSANTO es el altar desde el que cada hombre venera a la autora de sus días. Menos no podría esperarse como agradecido tributo por la vida misma, siendo mayúsculas las obras gestadas al calor de la irisdiscente chispa de este amor sabio e incondicional. Seguramente habría que enumerar tantos ejemplos como madres hay en el mundo, pero la tiranía del espacio obliga a recurrir a lo sintetizado en el caso de Alberto Aguilera, (a) Juan Gabriel, quien su carrera toda -incluido ese himno mamario que constituye su canción símbolo1- es un homenaje cantado a doña Victoria Valadez Rojas, su mamá.

    Dicho esto subrayemos que hay temas sagrados pero no imposibles siempre y cuando se traten con altura. Hecha tal salvedad y expresado el debido respeto preventivo, pasemos a revisar el tema de fondo de estas líneas: la repetida mención materna en el vituperio nacional.

    La madre santa es un tópico universal más allá de toda duda o sospecha terrenal. Esta noción religiosa y laica está profundamente arraigada en sociedades edípicas como la nuestra, aun a pesar de que técnicamente hablando siempre hubo y habrá sendos hijos de aquellas mujeres dedicadas profesionalmente al comercio carnal con mayor o menor éxito.

    Es en la palabra bisílaba proveniente del latín vulgar utilizada para referise a este oficio, donde se empieza a forjar el contundente peso ofensivo del infundio materno en su versión castiza. Su carácter corrosivo reside en su ambivalencia, pues es una voz que al mismo tiempo puede ser insulto y elogio, demérito y provocación2. Freud apunta en Totem y Tabú (1913) que era el horror al incesto la causa del tabú en la sociedades primitivas. El preámbulo filial hijo de, más la bífida palabra en cuestión reúne de manera perturbadora a madre e hijo en medio de apetitos desordenados acerca de placeres deshonestos3. He ahí la razón de su grueso calibre. (Nótese que no existe un insulto al padre u otro consanguíneo de primer grado.) La mencionada injuria, sin embargo, palidece por elemental ante la alambicada y polivalente mentada de madre a la usanza peruana.

    El primero que en vez de arrojar una flecha al enemigo le lanzó un insulto fue el fundador de la civilización, decía Freud. Mentar viene de ementar, venir en mente. Recordar intempestivamente a la madre ajena en un momento dado es un ejercicio nemotécnico del que nadie honesto se podría considerar al margen.

    Tal recordación, sin embargo, admite graduaciones acordes a cada situación. La más leve de ellas podría ser el pediátrico mal nacido, que lejos de involucrar a terceros ausentes en la disputa se limita a adjetivar el proceso mismo del alumbramiento del destinatario.

    Los territorios del insulto nacional se pisan desde el momento en que la imprecación supone derivar físicamente al aludido al interior de la cubierta de carbonato cálcico propia de moluscos y otros invertebrados, en este caso atribuida como propiedad materna. Según sea el ánimo este concepto se exacerba in crescendo a pesar de la engañosa simpatía de variaciones como el onomatopéyico mai (pronunciado siempre nasal y agudo), o falsos antropónimos como el muy difundido Larry. Tórnase álgida la inflamación verbal, creando un escenario aparente para lo que la frase "irse de manos" encierra, cuando esta mención a la madre es antecedida del elemento compositivo re, que en este caso denota repetición y aumento y reverberación gracias a la consonante alveolar vibrante múltiple sonora, el fonema /r/. Este enfatiza musicalmente lo imperioso del traslado a dicho lugar así como lo laberíntico de su topografía interna.

    Al igual que en su versión castiza el improperio materno nacional alberga también una naturaleza antitética: según sea el caso puede significar algo malo o algo bueno4. Y esto es apenas asomarse a su singularidad y verdadero significado. Tal como aseveró el doctor en lengua Alfredo Valle Degregori en amena conversación sobre la mentada de madre, si bien es éste un insulto de alta sofisticación, "el peruano es incapaz de odiar a la madre"5. En efecto, si se analiza fríamente lo que se quiere decir al utilizar el imperativo del verbo andar vinculado con una metáfora del molde materno, lo que se hace es invitar al interlocutor a regresar al lugar de donde salió. Esto en el fondo no es sino una exquisitez filosófica que piadosamente promete la cálida seguridad de la matriz primigenia a cambio de una elegante sugerencia a favor de la autoeliminación. Muérete sería más fácil de decir, pero devendría en un simplismo mórbido.

    Es más. Si se diera el caso de que la cordialidad estuviese descartada, pues imbéciles hay por doquier, la riqueza idiomática de la manifestación deja latente la posibilidad que su sola pronunciación configure una sonora demolición verbal, pero con la salvedad -y he aquí lo rescatable de la mentada de madre- de permitir al hablante la delicadeza de insultar al prójimo sin necesidad de ofender también a su rama materna. Esto es perfectamente posible según lo demuestra la fórmula:

    -Tu madre es una santa, pero tú eres un perfecto...etc.

    Lo cual dejaría a buen recaudo, esperemos que de una vez por todas, a aquellas inocentes injustamente aludidas diariamente en un semáforo cualquiera.

    ___________
    1 "Amor Eterno" es un canto que trasciende el más allá. El tema materno subyace en toda la obra de Aguilera. Nótese en el vindicativo "Hasta que Te Conocí " (un reproche a un mal amor), la constante comparación con tiempos mejores expresados en los versos "No sabía de tristezas/ni de lágrimas, ni nada/que me hicieran llorar/yo sabía de cariño, de ternura/porque a mí desde pequeño/eso me enseñó mamá/eso me enseñó mamá/eso y muchas cosas más..."

    2 "Andate a la p. m." versus "es un futbolista de la gran p.". Citemos a Miguel de Cervantes: "-Digo- respondió Sancho- que confieso que conozco que no es deshonra llamar hijo de puta a nadie cuando cae debajo del entendimiento alabarle" (El Quijote de La Mancha, II, XIII)

    3 "La Madre Voluptuosa", Ariel Arango, ed. Planeta 1991.

    4 "¡ La película estuvo de la c. s. m. !"

    5 La nobleza peruana: al decir "Hitler era un hijo de p." se implica una alusión no documentada al trajinar de riñones de la Sra. Klara Hitler. En cambio, en "Hitler era un c. de su m." se cirscunscribe el ataque a su persona.


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