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Edición Nº 1773 |
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¿Habrá
un Gabinete CASI sin proponérselo, Javier Silva Ruete se aclaró la garganta y acuñó la mejor frase de la semana: "El Perú podría irse al diablo con tanta turbulencia y barullo político". El ministro de Economía no jugaba a ser pitoniso. Lo dijo -rodeado de periodistas y con el eco de los reclamos sindicales zumbándole los oídos- con el pensamiento puesto seguramente en los huelguistas del Sutep o en los dirigentes cusqueños que, al momento de escribir estas líneas, dudaban sobre si boicotear o no la Cumbre presidencial del Grupo de Río. Sin embargo, la observación que "Bokasa" se sacó de la manga es perfectamente aplicable a lo que hoy en día se aprecia en una parte sustancial del Legislativo y al interior mismo del Ejecutivo. Es decir, parecía un mensaje dirigido tanto a Perú Posible y a sus socios políticos como a otros colectivos. Si no, no se entiende cómo en momentos de ardua negociación sindical David Waisman, el segundo vicepresidente de la República, hable de licenciar a más de un tercio de ministros. "Como veo que están las cosas, ahora debería irse el 40 % del Gabinete", añadió el popular "Payasito" en estos días, demostrando que la pugna por las cuotas de poder al interior del oficialismo podrían ponerse al rojo vivo.
LEVANTANDO LA CARPA Una fuente cercana al presidente Alejandro Toledo asegura que la actitud chúcara de Waisman se origina en que desde hace casi tres semanas éste no es recibido en Palacio. ¿Es ese distanciamiento personal una razón válida para impulsarlo a torpedear a las principales cabezas del Ejecutivo? Luis Solari, siendo una figura del partido, ha sentido la pegada. Del mismo modo, Silva Ruete, Allan Wagner, Fernando Villarán y cualquier otro ministro con asomo de independencia. La razón es simple: las palabras de Waisman ponen en evidencia una ofensiva de la dirigencia de PP con presencia en el Legislativo para forzar a Toledo, en las próximas semanas, a una definición que le permita colocar a más militantes en el Ejecutivo. Lo tragicómico de la situación, para un Presidente al que cada vez se le hace más difícil convocar a buenos colaboradores -y ahí están los nombramientos de Alberto Sanabria (Interior) y Gerardo Ayzanoa (Educación) como prueba de ello-, es que sea precisamente su partido el que tome la iniciativa para complicarle las cosas. Ese es el sainete que nadie se explica, pero que animan Waisman y compañía. "La posición de Waisman anticipa una lucha de poder al interior del gobierno en un momento en que Toledo necesita entrar a discutir algún tipo de relación con otros partidos o con figuras independientes. El Presidente podrá tener una mayoría parlamentaria, pero carece de una mayoría política que lo ayude a incrementar las cuotas de gobernabilidad que el país necesita", advierte el sociólogo Alberto Adrianzén. Sin embargo, el despelote es tal que el grueso de la clase política parece subsumida en un circo de tres pistas:
El Congreso (donde las bancadas privilegian el escándalo y la confrontación superflua a los temas de fondo. La última: la supuesta violación perpetrada por Gustavo Pacheco -FIM- denunciada por el Apra). El Ejecutivo (con ministros que se señalan entre sí como responsables de tal o cual indecisión política. "No soy la mamá de Ayzanoa", dicho por JSR, por ejemplo), y Gremios laborales enardecidos, capaces de dilapidar el capital turístico de una ciudad como el Cusco con tal de alcanzar sus objetivos. El presidente del Congreso, Carlos Ferrero, también vive días difíciles y es zaherido por cierta prensa que recoge munición de entre sus propios "hermanos" de PP. Ferrero podría ser el Primer Ministro que Toledo necesita si decide prescindir de Solari este 28 de julio, pero, según parece, el propio Presidente no estaría del todo convencido y continuaría deshojando alternativas. ¿A dónde mirará éste? Escoger un jefe de gabinete es cosa seria y las alternativas no son muchas -se sabe de ministros como Silva Ruete, Diez Canseco o Wagner que, de ser tentados, dirían "No, gracias"-. Y así, ha surgido la posibilidad de que Solari permanezca al frente de la PCM más allá de los próximos dos meses. Si bien Toledo debería ofrecer novedades programáticas y ministeriales al inicio de su tercer año en el cargo, la alternativa no es descabellada: Solari ha demostrado que puede imprimir orden y cohesión al gabinete. La incógnita se despejará en las próximas semanas, aunque en la comedia que pergeñan al alimón Waisman y otros dirigentes de PP, la posibilidad que implique un segundo aire para Solari saque roncha.
FICHAS EN EL CONGRESO Tiempo de cambios, tiempo de nuevos operadores que le permitan al Ejecutivo capear el vendaval político. Así, en el Congreso PP estaría llevando a la presidencia a Jesús Alvarado. El actual secretario general de PP -que entrega la posta a David Waisman en agosto próximo- ha conseguido no sólo el compromiso del grueso de su bancada (alrededor de 35 votos), sino que ya contaría -según fuentes de Alfonso Ugarte- con los 28 del PAP, la mayoría de Unidad Nacional -salvo Antero Flores-Aráoz y dos congresistas pepecistas- y los 6 del GPDI (ver gráfico). A ellos se sumarían los 10 votos del FIM, que apoyará al candidato que nomine PP. Las posibilidades de Anel Townsend disminuyeron drásticamente luego de su amonestación junto a Jorge Mufarech. De este modo, Alvarado se alzaría cómodamente con la presidencia del Legislativo. Y aún en el caso de que Solari volviera al Congreso y Toledo le diera la bendición para que presidiera la Cámara, la correlación de fuerzas al interior de la bancada hace rato que dejó de ser solarista. Alvarado, si bien no tiene ni el manejo ni las maneras democráticas de Ferrero, tampoco es un improvisado: presidió la Comisión de Economía durante 2001-2002 y ahora, desde la primera vicepresidencia, maneja la agenda parlamentaria. GUARISMOS CON REDOBLE
La aprobación presidencial y, por ende, la del gobierno, tampoco trae consigo cifras alentadoras. Tanto CPI ("alza" de 2,4 % respecto a abril) y Apoyo ("bajón" de 1 % en relación al mes anterior) muestran que la popularidad presidencial se mantiene estable, aunque dentro del punto crítico que para todo Jefe de Estado representa ubicarse por debajo del 20 %. Sin embargo, si se observa la calificación por niveles socioeconómicos (ver recuadro) se observa que en los NSE C y D la aprobación de Toledo desciende al 10 y 11%, respectivamente. Ambos niveles representan más del 50 % de la población de Lima, por lo que este indicativo debiera ser observado de cerca por los consejeros y estrategas comunicacionales del Jefe de Estado para afiatar mejor el mensaje. Un dato singular de la encuesta de Apoyo es que el grueso de ministros aparece con mejor nota que el Presidente. Así, mientras Toledo tiene 14 % de aprobación, Bruce (44 %), Romero (34 %), Diez Canseco (34 %), Carbone (29 %) y Wagner (25 %) encabezan una lista en la que sólo Sanabria y Ayzanoa "empatan" con el Jefe de Estado y Fausto Alvarado, del FIM, cosecha un magro 13 %. Otro sí: por primera vez un ministro -Ayzanoa, con 71 %- supera en desaprobación al titular de Economía Javier Silva Ruete (67 %). Este 14 % de aprobación devuelve a Toledo a los días previos al reconocimiento de Zaraí (octubre 2002). Difícil escenario para un mandatario forzado a remontar estos precarios güarismos. Ahora, ¿a qué recurrir? La Cumbre presidencial del Grupo de Río, que debía representar un respiro de una semana para el régimen, probablemente no lo sea dado el escenario de demandas sociales y laborales que aprovecharán la cita continental para hacer sentir su reclamo. ¿Se sumará PP por boca de Waisman u otros al cargamontón contra su propio gobierno? A juzgar por como transcurre esta tragicomedia, cualquier apuesta es de pronóstico reservado. (Pedro Tenorio).
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