Edición Nº 1774


 

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    ARTICULO

    29 de mayo de 2003

    Dos Rostros de una Misma Pena
    Jacqueline Beltrán y Eugenia Sessarego, sometidas a los prejuicios de un sistema judicial severo.

    El haber sido pareja de Montesinos le ha costado caro: su libertad. der.: El juez que vio su caso la calificó de calculadora. Pasó 6 años presa.

    Escribe PATRICIA CAYCHO

    DESDE hace dos semanas Jacqueline Beltrán decidió no continuar escribiendo su diario, que CARETAS ha venido publicando desde marzo pasado, una semana después de haber empezado, con mucho ruido pero pocas nueces, el primer juicio oral de todos los procesos anticorrupción (CARETAS 1763), que la tuvo a ella como protagonista central junto a Vladimiro Montesinos.

    A lo largo de su inconcluso diario ha clamado su inocencia y denunciado amargamente el maltrato sufrido. Procesar a la ex pareja de Montesinos como si fuera un miembro clave de la mafia montesinista suena excesivo y ha despertado más de una crítica.

    Ana María Yáñez, abogada y directora de la ONG Manuela Ramos, considera que hay muchos prejuicios y hasta algo de ensañamiento en el caso de Jacqueline Beltrán. "Probablemente sí se ensañen porque es una mujer que decidió vivir bien, se enamoró de Montesinos y lo gozó. Como es guapa y no es mosca muerta, se rebela y protesta, es un poco símbolo de una mujer que trasgrede los valores sociales establecidos. ¡Ay de todo aquél que trasgrede y amenaza los modelos a los que mucha gente se aferra! Esta es una mujer que es `la otra', que es guapa, que se luce con sus curvas, y a las mujeres trasgresoras como ella las castiga la sociedad", dice Yáñez.

    Luego de haber sido sentenciada a 4 años de prisión efectiva por el delito de tráfico de influencias el 24 de marzo pasado (fue acusada de interceder ante Montesinos para que Dionisio Romero condone una deuda de la empresa de su tío Antonio Vera Juárez y de haber chantajeado al ex asesor con el fin de lograr que su hermano, preso por tráfico de drogas, sea indultado), aún le falta enfrentar dos procesos más: corrupción de funcionarios -el que comenzará en aproximadamente un mes y en el cual estará frente a frente con Trinidad Becerra, la esposa de su ex amante- y receptación de bienes producto del narcotráfico.

    En el proceso que se le seguirá por haber recibido bienes adquiridos con dinero del narcotráfico las pruebas con las que se le pretende condenar son el departamento que el ex asesor puso a nombre del padre de ella, y otros regalos que recibió de él.

    Treinta años atrás ocurrió uno de los asesinatos más sonados de los últimos 50 años: el caso Banchero Rossi.

    "La sociedad castiga a las trasgresoras".

    El primer día de enero de 1972 Luis Banchero Rossi, el magnate de la pesca en el Perú, y su secretaria, Eugenia Sessarego Melgar, llegaron a la casa que el empresario tenía en Chaclacayo. Juan Vilca, hijo del jardinero del dueño de casa, un muchacho esmirriado y de 25 años, se escabulló al interior de la vivienda y los atacó. Golpeó a Banchero en la cabeza y cuando quedó tendido en el piso de la sala le propinó varias puñaladas en el cuerpo. El empresario moriría luego en la Clínica Javier Prado.

    Mientras Banchero se desangraba en el primer piso, en la segunda planta Eugenia fue ultrajada por Vilca. Sessarego salió de esa pesadilla con vida, pero sólo para hundirse en otra pesadilla cuando pasó de víctima a ser acusada como cómplice maquiavélica del crimen de su jefe. Fue denunciada y enviada a la cárcel de mujeres de Chorrillos el 3 de enero de 1972.

    Para el juez instructor Ad Hoc que vio su caso, José Santos Chichizola el crimen contra el empresario más poderoso del país había sido un complot organizado en las más altas esferas y que Eugenia Sessarego fue cómplice del asesinato. Aunque se defendió con convicción, Sessarego fue condenada a seis años de prisión. En los 18 capítulos de su diario, que publicó CARETAS entre marzo de 1972 hasta setiembre del año siguiente, Eugenia Sessarego relató desde prisión las innumerables irregularidades que sucedieron durante su juicio y los detalles de su relación con Banchero.

    Un 30 de setiembre de 1973, durante la confrontación entre Eugenia Sessarego y Juan Vilca, ella le lanzó lo que sentía: "Porque eres feo y te sabes feo. No eres más que un pobre acomplejado. Le tienes miedo a tu padre, tienes complejo con tu madre, complejo de retrasado mental, complejo de impotente". La Sessarego coronó su intervención diciendo: "¡Cínico!, ¡Acomplejado!" (CARETAS N°ree; 484).

    Treinta años después, el martes 18 de febrero de este año, durante el primer juicio oral en el que se enfrentaron Jacquie Beltrán y su ex pareja sentimental, ella no dudó enrostrarle: "Que sea hombre y me desmienta, ese señor lo que quiere es no tener un juicio, pero a costa de mi sufrimiento, y yo no lo voy a permitir", dijo mirándolo fijamente. Montesinos rehuyó la mirada y mantuvo su hermético silencio.

    Tanto Jacqueline Beltrán como Eugenia Sessarego fueron ajusticiadas y sentenciadas de antemano por la opinión pública y tratadas con excesiva severidad por la Justicia. "Las dos son guapas, seguras, inteligentes, osadas, trasgresoras, libres. En la época feudal las hubieran metido a la hoguera", señala Ana María Yáñez.

     

    La Dama del Reich.

    Un caso con final distinto es el de la alemana Leni Riefenstahl. Esta berlinesa de cien años recién cumplidos carga en su pasado el haber sido la cineasta a quien Adolph Hitler encargó hacer dos documentales propagandísticos ("El Triunfo de la Voluntad" y "Olimpya") que hicieron lucir como oro la piedra pómez que era el Tercer Reich.

    Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Riefenstahl fue acusada de ser cómplice del régimen nazi y llevada a los juicios de Desnazificación en 1952, pero no se le encontró más delito que la vinculación ideológica. Si su caso se hubiera dado en el Perú de hoy, sin duda, más de un juez pediría su cabeza.

     

     


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