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Edición Nº 1775 |
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Tacora Bohemia Escribe JUAN CARLOS MENDEZ (*) PARECE sangre. Como si surgiera del marco se extiende en forma de una desdibujada lluvia sobre la superficie de la puerta marrón. La numeración es doble. Sobre la madera desvencijada está el 283. Más arriba, sobre la pared blanca está el 334. Este pertenece a la nueva distribución que tiene el antiguo Hotel Lima, ahora convertido en Centro Comercial Guizado Hermanos. Poblado de talleres textiles, máquinas de coser, telas y concentrados obreros que no saben quién vivió allí. La pregunta repetida innumerables veces sólo es respondida levantando los hombros o negando en silencio. El único que sabe algo es el jefe de seguridad ("¿fue pintor, no?"). El nos lleva al cuarto, lo abre y nos permite buscar rastros de alguien que vivió y pintó allí. Las doce del día en el invisible reloj de un cuarto de 3x 4 m., sin enchufes, con un estante formado por una ruma de periódicos que acoge un cepillo de dientes, una lata de betún y una foto de Marilyn. El pintor se despierta y luego un desayuno que incluye un churrasco montado con huevos fritos y un tazón de café con leche, después la visita y conversación con los amigos y más tarde el trazo y pintado de los quijotes, desnudos, toreros, arlequines y el bullicioso color de la Parada, ésa que tanto extrañó durante su corta estancia en la capital francesa y que le hizo escupir a su regreso y recién bajado del barco: "Tacora es mejor que París". Muchos creían y creen que fue un borracho, portador del mal de lúes y que la tuberculosis lo fulminó. Falso. No tomaba, no fumaba y si bailaba pegadito. Sobre todo con su bastón y su infaltable tonguito en la cabeza. Porque era un tipo muy alegre, desenfadado, juguetón y feliz consigo mismo. Un pintor que había elegido una vida consagrada a dominar el color. Y en ese proceso, siempre había tiempo para darse una escapada al 51/2 y zambullirse en la falsa belleza de una chica de almidón, de trementina, de soledad, en la que buscaba esa belleza inasible de la Monroe. Por eso, cuando Eduardo Moll le envió desde Venecia un retrato tamaño natural de la bomba rubia, el pintor escribió, contemplándola: "No tenemos hijos. Vivo solo con ella en mi hotel. Nunca me habla, ni la toco. Sólo la contemplo. Además es de papel" Y sobre papel es que dibujaba esos retratos en los cuartitos de los
chifas de la calle Capón o en el "Alfil Gitano" en el parque central
de Miralfores, donde a partir de las 11, 12 de la noche ingresaba con
la majestad de su metro 48, su estentórea carcajada y su rostro
exagerado y andino y sus dientes gigantes y, respetuoso, solicitaba retratar
a la bella dama a cambio de algunas monedas, de algo de comer. Hasta que
la gente se marchaba y regresaba a su hotel, para jugar con los perros
de la calle o con alguna fulanita amable.
Y así el viaje que se inició cuando a los 18 años llegó de Puno a Lima con 8 soles en el bolsillo para luego de diversos oficios y sacrificios, ingresar y estudiar en la Escuela de Bellas Artes, ganarse una bolsa de viaje a la Argentina: "me has enviado un gran talento metido en un tacho de basura", diría el director de la Escuela de Bellas Artes gaucha en carta a Juan Manuel Ugarte Eléspuru y el regreso a Lima y el gran éxito de venta de sus pinturas y el viaje a Europa y como decía el pintor `mutatis tatis mutandis" llegaría el cáncer, el sufrimiento hasta un miércoles nocturno de noviembre de 1986, en la azotea del Hotel Lima acometiendo, a la luz de unas velas sostenidas por su amigo Julio Garro, su último cuadro: "La Quinta Heeren de noche" y al día siguiente entrar en coma y a los dos días morir. La tarde ya se impuso en la Parada. Desde la azotea del que fue el Hotel Lima, frente al Restaurante "Susy" (caldo de mote e hiígado frito de entrada), se nos ofrece una vista del Cerro San Cosme, de los techos conquistados por la basura, los exagerados bocinazos de los carros, taxis, combis, los puestos de maní y caña de azúcar en el cruce de la Av. 28 de Julio y Huánuco y algún demente, algún carterista en este enjambre de comercio, desolación y neblina. Volvemos al cuarto 283, miramos la puerta y entendemos que no es sangre. Es pintura. _________
Surcos en la Piel
DIFERENTES manifestaciones y prácticas artísticas se mezclan para constituir el todo heterogéneo que es "Piel", muestra colectiva organizada por el Grupo XAV, que conforman Luis Lama y Juan Peralta. Las obras presentadas recorren un amplio espectro técnico: desde métodos clásicos como la pintura y la escultura hasta otros modernos como la imagen digital, las instalaciones y la proyección de vídeo, e incluso las producciones de tipo tradicional como las máscaras artesanales. El propósito del proyecto es desplegar ante el espectador la gama de posibilidades de exploración artística contemporánea y al mismo tiempo experimentar con una propuesta que quiere escapar las temáticas tradicionales y que, a pesar de su diversidad, conserva siempre el nexo de lo orgánico y lo corporal, reflejo de las marcas que la vida (y la muerte) dejan sobre el cuerpo y sobre la piel. Los artistas que han contribuido a la exposición son Ivana Ferrer, Cristina Gálvez, Fernando Gutiérrez (obra reproducida arriba), Gabriela Hennig, Humberto Polar, E. Rodríguez Larraín y Sol Toledo, entre otros. Avisado.
Araña Etérea
LA muestra está compuesta por un conjunto de piezas de distintas dimensiones hechas con fibras de nylon, y complementadas con proyección de luces y vídeo. La artista, siempre en busca de lo abstracto, prefiere renunciar a los materiales orgánicos y definidos para explorar los espacios fluidos, a través de los volúmenes incorpóreos y la claridad de sus fibras. Así, Colichón fue abandonando progresivamente el color en sus tejidos al utilizar los transparentes hilos de pescar que eran, sin embargo, muy buenos reflectores y conductores de luz, y que podían ser utilizados ahora como suplemento del color. "Es como si la luz alimentara la obra". De otro lado, la técnica puede tomarse como un rescate de la ancestral práctica del telar y puede ligarse a la antigua tradición de tejido en el Perú, aunque en una vena totalmente contemporánea; no en vano la muestra que viene acompañada de una proyección de vídeo generada por computadora. Esta obra etérea y apacible es un ejemplo del oficio de paciencia que supone el tejido artístico.
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