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Edición Nº 1776 |
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En Busca
de las Armas Perdidas "Dicho en términos simples, no existe duda de que Saddam Hussein
tiene armas de destrucción masiva" "El régimen iraquí posee armas biológicas y
químicas. El régimen iraquí está realizando
las construcciones necesarias para producir más armas biológicas
y químicas" "La Agencia Internacional de Energía Atómica confirmó
en la década de los años '90 que Saddam Hussein tenía
un avanzado programa de desarrollo de armas nucleares y que estaba trabajando
en cinco métodos diferentes para enriquecer uranio para producir
una bomba. El gobierno británico ha tomado conocimiento de que,
recientemente, Saddam Hussein ha estado buscando significativas cantidades
de uranio en África."
Escribe LUIS NAVAJAS PODRÍAN multiplicarse las citas de declaraciones oficiales de representantes del gobierno de Estados Unidos, al más alto nivel, transmitiendo su convencimiento de que Irak poseía armas de destrucción masiva (ADM) y Saddam Hussein tenía vínculos con organizaciones terroristas a las cuales podía transferir algunas de ellas. Después de los ataques del 11 de setiembre de 2001, según Bush, no podía esperarse que esta amenaza fuera inminente. En aplicación del concepto de "guerra preventiva" (CARETAS 1740: La Doctrina Bush) había que lanzar un ataque militar para desterrar de Irak las ADM. Han pasado ya más de seis semanas desde que Bush dio oficialmente por finalizada la guerra (en el show preelectoral del Portaviones Lincoln) y las ADM no aparecen. Durante las acciones bélicas que se iniciaron el 19 de marzo pasado, el régimen de Hussein bajo ataque tampoco utilizó para defenderse ninguna arma nuclear, química o biológica (categorías que conforman las llamadas ADM). La filtración parcial de un informe de la Agencia de Inteligencia
de Defensa (Defense Intelligency Agency), anterior al mes de setiembre
de 2002 y referido a las armas químicas, vino a encender el debate
sobre la existencia efectiva de ADM en Irak como justificación
de la guerra iniciada el 19 de marzo. Más aguda es la confrontación
que sufre Tony Blair en Gran Bretaña desde su propio Partido Laborista
sobre este mismo asunto. Otras declaraciones han agitado aun más
las aguas. Según el segundo del Pentágono y ardiente impulsor
de la guerra preventiva contra Irak, Paul Wolfowitz, a la revista Vanity
Fair, "La verdad es que, por razones que tienen que ver con la burocracia
del gobierno de Estados Unidos, nos pusimos de acuerdo sobre el único
asunto en que todos coincidíamos, que fue el de las armas de destrucción
masiva como la razón central."
BUSH Y COMPAÑÍA Debe reconocerse que en sus declaraciones sobre las ADM en Irak, Bush ha tenido nutrida compañía, en gran parte debido a los esfuerzos de Saddam Hussein para no proceder con claridad y transparencia en tema tan sensible. Para comenzar, nunca proporcionó evidencia alguna sobre la destrucción de sus arsenales químicos y biológicos cuya existencia reconoció a las Naciones Unidas. La expulsión de los inspectores del organismo internacional en 1998 acentuó el convencimiento de que algo grave ocultaba Hussein. Hans Blix, el jefe de inspectores de las Naciones Unidas, en su informe al Consejo Permanente del 27 de enero de 2003 reiteró el concepto de falta de "evidencia convincente" sobre la destrucción de material químico y biológico susceptible de ser convertido en armamento. También señaló que Irak poseía material químico y biológico al que se le podía conceder tal uso. Existen expertos que han señalado la coincidencia de las declaraciones de Bush con otras fuentes: el antiguo director de la CIA, John Deutch, en declaraciones al Senado de Estados Unidos en 1996; el secretario de Defensa de Clinton, William Cohen, cuando manifestó su convencimiento sobre la existencia de ADM en Irak en febrero pasado; el Servicio de Inteligencia alemán, que consideró en 2001 que Hussein estaba a tres años de obtener tres armas nucleares; el presidente de Francia Jacques Chirac, que declaró en febrero que posiblemente existieran ADM en Irak y que debían localizarlas y destruirlas; el ex vicepresidente Al Gore señaló en setiembre pasado que Hussein había almacenado armas químicas y biológicas en todo el país; y el entonces presidente Bill Clinton afirmó, en febrero de 1998 que el régimen de Hussein contaba con arsenales de armas químicas y biológicas y con cohetes y bombas capaces de lanzarlos contra objetivos militares. En esa oportunidad, según el experto, Clinton afirmó que el mundo tenía que enfrentar "la clase de amenaza que representa Irak ... un Estado maleante (rogue state) con armas de destrucción masiva, listo para usarlas o proporcionarlas a terroristas ... que se pasean por el mundo entre nosotros sin que los notemos."
Y LA OTRA "COMPAÑÍA" Según ha afirmado su vocero, la inteligencia que recibe el presidente de Estados Unidos llega como un "mosaico". Quien se ocupa de convertir ese material en algo coherente es la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y su director es el que se la transmite al presidente. El 1 de octubre de 2002, la CIA entregó un "documento blanco" (white paper) referido a los programas de armas de Irak. Su base era un informe más amplio clasificado denominado Estimado de Inteligencia Nacional (National Intelligence Estimate). En los puntos resumidos en las primeras dos páginas de este documento se afirmaba que "Bagdad tiene armas químicas y biológicas" y que "ha renovado la producción de agentes químicos de guerra, probablemente incluyendo gas mostaza, sarín, ciclosarín y VX" (un agente nervioso letal). Quienes tuvieron acceso al Estimado en su totalidad indicaron que la información de base incluida en el cuerpo del documento, no apoya estas conclusiones. Han existido persistentes versiones sobre las numerosas visitas llevadas a cabo por el vicepresidente Cheney a la CIA en el período en que esta información estaba siendo elaborada. Este hecho fue reconocido por la asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, el domingo último. Ella, como era de esperar, negó enfáticamente que las visitas del vicepresidente hubiesen tenido por objeto presionar a los analistas para que llegaran a las conclusiones que él deseaba. Está, también, la información proporcionada por la CIA sobre los dos camiones descubiertos en Irak, a los que la administración Bush les asignó la función de ser centros móviles para la producción de armas químicas y biológicas. Ellos fueron mencionados en la presentación realizada por el Secretario de Estado Collin Powell ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 5 de febrero pasado. Hasta la fecha, no existe ninguna evidencia de que esos camiones tuvieran la función que se les suponía. ¿Por qué el énfasis en el papel de la CIA como fuente de la información de inteligencia en estos momentos? Porque el concepto mismo de guerra preventiva, que conduce a Estados Unidos a actuar militarmente antes de que una amenaza se formalice, supone la existencia de información inobjetable y exacta. No parece ser éste el caso en relación con las ADM, como tampoco lo fue al no poder advertir con tiempo sobre los ataques terroristas del 11 de setiembre. Si es gravísimo de por sí el concepto de guerra preventiva, lo es más cuando se basa en información tan cuestionable. LAS GRANDES DIFERENCIAS Si bien existen coincidencias entre la posición de la administración Bush con otros gobiernos y agencias de inteligencia sobre la existencia de ADM en Irak, también existen profundas diferencias. La primera de ellas es la relativa al lenguaje utilizado. Una cosa es afirmar que Irak tiene ADM y otro es decir que existe información que indica que tales armas existirían. Tal ha sido el caso del informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa, el cual se refería a la "posibilidad" de que Irak tuviera ADM. En el caso de la información proporcionada por los británicos sobre la adquisición de uranio, resultó ser simplemente falsa. La segunda gran diferencia es que ningún país está dispuesto a ir a la guerra basándose en información de inteligencia sobre amenazas que no se han concretado. De allí que, sin perjuicio de que la búsqueda de las ADM continúe, el solo hecho de no poder ubicarlas constituye algo bochornoso para la administración. En especial, y ésta es la tercera gran diferencia, porque cuando el ataque se lanzó los inspectores de las Naciones Unidas se encontraban en plena tarea de localización de las ADM. Nadie se llegó a explicar satisfactoriamente por qué la urgencia de Estados Unidos por atacar a Irak. El jefe de inspectores, Hans Blix requirió más tiempo de manera repetida. Se explicó reiteradamente que localizar ese tipo de armas es un proceso complejo y delicado. Blix ha formulado declaraciones públicas señalando que la inteligencia que le fuera proporcionada por Estados Unidos y Gran Bretaña para localizar ADM fue errada o insuficiente. El solo hecho de haber bombardeado algunos lugares ha hecho más difícil localizar el armamento o los rastros de que él existió. La ausencia de inspectores neutrales arrojará dudas, necesariamente, sobre cualquier hallazgo futuro.
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