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Edición Nº 1776 |
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Reconciliación
¿Con Quién?
SI una sociedad no enfrenta su pasado violento, corre el riesgo de que éste se vuelva contra sí misma. Esta es una de las ideas centrales que anima la publicación del manual "Reconciliación luego de conflictos violentos" (editado por IDEA, Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, 2003, Suecia), presentado en el Perú la semana pasada durante el seminario internacional De la Negación al Reconocimiento, organizado por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. Juan Rial, politólogo uruguayo que ha estudiado casos como los de Rwanda y Burundi, conoce a fondo los obstáculos que enfrentan las Comisiones de la Verdad. "Lo primero -dice-, contar aquello que sucedió, es posible. Las narrativas están en todos lados. Llegar a un nivel de reparaciones es también sencillamente fácil de aplicar. Más complicado es llevar a los responsables a tener un proceso judicial. Y más complejo aún es lograr la reconciliación". El inglés Mark Salter, jefe de programas de IDEA, alerta sobre la idea de reconciliación que se debería ensayar en el Perú. "El asunto crítico -advierte- es aprender de Comisiones previas. Fracasan cuando generalmente te quedas en los fuegos artificiales del informe final y no hay nada más". COMISIONES COMPARADAS Según el modelo clásico latinoamericano, el régimen autoritario comete atrocidades contra los movimientos insurgentes y la población en general. Luego, el gobierno democrático instaura una Comisión de la Verdad que dilucide responsabilidades. Por lo general éstas no llegan al terreno penal pero la identidad del "enemigo" está clara. Se intenta establecer la reconciliación entre la sociedad y sus agresores: por un lado militares y políticos del gobierno autoritario, por otro los grupos subversivos. Para el argentino Daniel Zovatto, director ejecutivo de IDEA, el caso
peruano "es muy ad hoc en la región. Durante el período
de 20 años hubo dos gobiernos claramente democráticos y
uno que, aunque autoritario, no era una dictadura clásica". El
proceso de nuestro país tiene muchas particularidades. En primer
lugar, pese a que la subversión se gestó durante la dictadura
militar hizo su aparición con la reinstalación de la democracia.
Una comparación que viene a cuento es la de Malasia. El Parlamento
británico le otorgó su independencia en 1957 y recién
entonces irrumpió la subversión.
Usualmente, son las Fuerzas Armadas las responsables por la cantidad más significativa de muertos, pero la Comisión que preside salomón Lerner Febres le endosará una amplia mayoría de víctimas a los senderistas. Guardando las distancias con respecto al número de bajas, para Rial "esto los emparenta mucho con el caso camboyano, en el que tienes un grupo subversivo como principal responsable del número de víctimas. Sendero es polpotiano y en Camboya se preguntaban cómo tratar la matanza de millones". En segundo lugar, la crueldad extrema y la delirante ideología de Sendero Luminoso lo aparta de las posibilidades de reconciliación. Más aún si se toma en cuenta que Abimael Guzmán se ha dado el lujo de rechazar los espacios ofrecidos por la Comisión de la Verdad, como ocurrió esta semana. En tercer lugar, anota Zovatto: "Un 75 % de los muertos eran quechuahablantes, un 50 % eran ayacuchanos. La gran mayoría estaba alejada de las élites y la clase media, que generalmente impulsan el trabajo de las Comisiones de la Verdad al ser afectadas directamente, como pasó en Chile, Argentina y Uruguay. En Guatemala fue similar al Perú: ocho de cada diez víctimas eran indígenas". En cuarto lugar, prosigue Zovatto, "aquí varios de los responsables políticos de partidos democráticos, todavía juegan un papel relevante. Esa situación sólo la tuviste con políticos autoritarios, como en el caso de Guatemala con Efraín Ríos Montt, un autócrata que siguió jugando un papel o, en su momento, Hugo Banzer en Bolivia". Rial agrega: "La estructura militar del Perú es parecida al resto de la región (Argentina, Chile y Uruguay). No cambió en nada aunque hubiera otras personas. En Sudáfrica se creó una nueva Fuerza Armada, en El Salvador se llegó a un acuerdo con todos los jefes militares para que se vayan a vivir a Miami". RECONCILIACIÓN A LA PERUANA Si los terroristas están fuera del juego, ¿con quién nos reconciliamos entonces? La meta, según estos especialistas, es compleja y de largo plazo. Incluye, claro, el acercamiento entre las Fuerzas Armadas y las víctimas de sus abusos. Pero, en palabras de Zovatto, "trasciendes la reconciliación y se trata más de un proceso de reconfiguración de la sociedad peruana. Es una oportunidad para mirarse al espejo y decir `hombre, tenemos que aprovechar este momento para encontrarnos con este Perú multiétnico, pluricultural y multilingüe'. Tienes que aceptar el sufrimiento del otro. Si no, esta sociedad no habrá logrado nada". Salter aclara que "todos estos contextos son transicionales. En Timor Oriental, Kosovo, Sri Lanka la reconciliación se dan en un contexto político cambiante. No es un asunto moral sino un proceso político pragmático y tiene relación con la democracia, que no es otra cosa que una forma compleja de resolver conflictos. Las estructuras y procesos democráticos canalizan las diferencias en negociaciones, diálogos y compromisos. Sospecho que eso puede tener relevancia para el Perú". (Enrique Chávez)
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