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Edición Nº 1777 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Doble Función
en el Cine
CLARO, o sea, a mí me tuvo que pasar, y todo por no aguantarme a mi siguiente viaje a NY y mandarme a un cine nacional a ver una película profundísima que se llama Exótica y encima no entendí nada. Pero hija, estaba en una escena en la que un viejo igualito a Grados Bertorini se quiere serruchar a una mucama que en sus fantasías es su hija, cuando suena un celular detrás de mí. "Malditos guanacos, carajo", fue el eco patriótico que con las justas llegué a ahogar. Pero no, nada de guanacos, contestó un caballero en el mejor acento del Barrio Once de Buenos Aires, a los gritos: "¡No hinchés las bolas, Alipio, dejáme afanar a la mina!" Hija, no me pude aguantar y volteé a mirar al cafre que hablaba en el cine de esa manera y me encuentro con un muchachón de pullover escocés que no estaba nada mal, la verdad, con el celular pegado a la oreja y una fémina colgada de la cintura, directamente extraída del Melody ese donde Pachi se iba dichoso a mirarse en el espejo del techo cuando todo era felicidad, ¿te acuerdas? Bueno, como soy del Villa María supuse que una sola mirada digna y firme iba a ser suficiente para que el caballero apague el maldito aparato y me deje ver la película en paz. Pero qué equivocada estaba, no sabes. El hombre siguió, hija, en un diálogo por demás incomprensible, del que recuerdo retazos como: "Escucháme, me paso por el orto tus convicciones ideológicas, che, así como la toma del poder. Devolvéme a mi gente apenas te mande la guita y de esto no se habla más". Mientras eso ocurría, pucha, la fémina se estremecía como una gata caliente pero de techo de calamina, no sé si me entiendes, y de cuando en cuando metía su cuchara en la conversación, añadiendo finezas como "Ay papi, terruquín, déjanos un ratito solos porque ahorita me voy", y yo no entendía nada de qué era eso de irse en la mitad de la película, hija, porque que era confusa lo era pero así son las películas buenas, el día que alguien las entiende se convierten en La Novicia Rebelde, cómo te explico. Pero bueno, como el Grados Bertorini se había cambiado de la mucama a una tipa que se supone representaba a la angustia existencial encarnada, me comencé a aburrir horrores y decidí pasarme a la función de atrás, que se comenzaba a poner interesante. "Che forro, creí que nos habíamos entendido... sí...no... cómo che... escúchame, no es la primera vez en mi vida que pago para que me suelten a una manga de boludos a los que se llevaron a cambio de guita... así es la vida che... siglo veinte cambalache..." Hija, la cosa se iba poniendo cada vez más intrincada, sobre todo porque la fémina parece que estaba apuradísima por irse y se puso a lanzar unos gemidos tan raros que saqué de la cartera un Fórmula 44 y se lo metí en la boca, no sabes la pena que me dio, pobre. "Mirá Alipito, hablemos claro, ¿eh?: dejáme a mi gente, yo te doy a cambio lo acordado y me quedo con el encarguito de componer con el cholo una versión... si che... ¿pero sos bruto, Alipio, que no sabés lo que es una versión? Escucháme, no perdamos más tiempo, ¿eh?, porque lo único que quiere el cholo es rajarse a Stanford para la foto con el Dalai Lama y Mandela, qué querés que te diga... sí...no... pero cómo, ¿no era un millón en verdes y lo demás en Kentucky Freid?...¿no tenés palabra, Alipio?" Y bueno, la cosa siguió y siguió hasta que la película se acabó, yo me quedé en bolas y la pobre señorita siguió con esa congestión pulmonar que tanto la hacía sufrir. Claro, a la noche una que pone el noticiero, se entera de lo que había pasado y se da cuenta de que una vez más, sin comerla ni beberla, pucha, había estado donde revienta el cuete. ¿Qué he hecho yo para merecer esto, a ver explícame? Y lo peor de todo, hija, es que pasado lo que te cuento, tan súper confusional y traumático, pucha, decido tomar mi avión y adelantar el viaje a NY, con tan mala suerte que cuando estaba reservando el pasaje por teléfono, o sea, escucho a la tipa del counter que interrumpe la conversación porque alguien había llegado con urgencias: "Señor Gonzales Arica, en seguida lo atiendo con el ticket para don Alejandro". Plop, ¿te imaginas lo que hubiera sido viajar con Pachi por seis horas seguidas y sin escala? Mejor, a Punta Sal, hija, sabiendo absolutamente que él no está. Chau, chau. (Rafo León).
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