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Edición Nº 1777 |
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Por JAIME BEDOYA
SI los ceramios hallados en Machu Pichu están ahora en propiedad de la Universidad de Yale y los manuscritos de Vargas Llosa reposan en Princeton, no hay ningún motivo que impida el que la Universidad de Stanford quede como depositaria a perpetuidad de la persona de Alejandro Toledo. La elogiosa opinión que tiene una de las más reputadas universidades norteamericanas acerca de quien honestamente siempre se describió como un error estadístico ameritaría tal desprendimiento nacional. A fin de cuentas y según propia confesión del susodicho fue en esos claustros que empezó a entretener la audaz idea de convertirse en presidente de la república sin saber exactamente para qué. Es por promover esta tenacidad de avanzada que a dicha institución corresponden simultáneamente la responsabilidad y el honor de contar permanentemente con el fruto último de tamaña semilla intelectual, aquella que germinara en las aulas californianas al calor de la imperante sicodelia setentera. La misma que revelaría a Carlos Santana, por citar un coetáneo suyo, que la virgen de Guadalupe fue una gentil visitante extraterrestre. La empatía entre el ex alumno y su alma máter es mutua y correspondida. Hablar de Cabana por el mundo y ser apóstol de su autobiografía es una misión privada que requiere la sensibilidad propia de un auditorio altamente instruído pero emocionalmente virgen, sano y bien comido, ajeno al desempleo asegurado y con el niño que todos llevamos dentro intacto y sin avisar. Ya en el 2001, con sólo dos meses de feliz gobierno, Toledo le decía por teléfono a un inocente estudiante de Stanford que su día de trabajo diario era de dieciocho horas al día, y que en ellos tomaba una decisión por minuto. Esto suponía 1,080 decisiones al día. Mil de ellas pueden haber sido respecto a qué restaurante irse a comer. El resto, elegir entre agua mineral o sin gas para acompañar su bebida favorita. Este carisma presidencial recobrado ante miles de jóvenes cuya sed de exotismo se ve exacerbada por el hecho que jamás se verán afectadas sus acciones de gobierno, explica que el presidente haya aceptado la invitación a Stanford con gran anticipación y entusiasmo. Esto sucedió el 3 de marzo del 20031, justo después que bajara dos puntos en las encuestas a raíz de la justicia a domicilio de Silva Vallejos, la multifuncionalidad de Almeyda en el CNI y la incapacidad ministerial instantánea de Alberto Zanabria. Comprometerse en viajar entonces que iba en picada, e insistir en hacerlo ahora con tres turbinas en llamas sólo revela la consecuencia indeclinable propia de aquel hombre que camina sin pausa hacia su propio destino, ruta conocida como La Baranda de Kiko Ledgard. Esta desesperación primordial por traspasar nuestras fronteras, la famosa fuga hacia adelante, puede tal vez dar luces de cómo así su persona fue privilegiada en una nominación inicial de 400 candidatos propuestos como oradores por los graduandos. La alucinante terna final eran Tiger Woods, Bono y Toledo, que en una equivalencia local sería como hablar de la `Foca' Farfán, el cantante de Líbido, y Toledo. ¿Quiénes eran la primera, la segunda y la tercera opción? La elegancia prima en Stanford. Según refiere el Senior Class President James Alva, él no sabe si Toledo fue el primer nominado en ser llamado por la universidad. Y añade que de saberlo no estaría autorizado a hablar de ello, pero asegura, eso sí, que "al ser contactado, él estaba abrumadoramente honrado de hacerlo y entusiasmado de que lo hubiéramos hecho". Esto no impidió que apenas conocida la elección la pregunta que se hizo la mayoría de alumnos fue "¿Alejandro qué?" En todo caso noventicinco mil dólares, el resultado de descontar los honorarios de 5 mil dólares por el discurso a los 100 mil que costó llevar el avión presidencial hasta California2, es poco precio para la nación ante la plenitud alcanzada ante el multitudinario aplauso de 20 mil jóvenes a horas de graduarse y pegarse una de las borracheras más memorables de sus aprovechadas vidas. En un sentido poético, el orador era el indicado. Pero aún hay más que debemos agradecerle a tal Casa de Estudios. Fue en Stanford que Toledo conoció a la mujer con quien se casaría dos veces3. Y fue en Stanford que obtuvo tres grados académicos. Su tesis doctoral se centró en el impacto de las inversiones en la educación de los roles económicos y en la distribución del ingreso en el Perú. Es decir, lo que aquí él llama su cau cau, y que en el 2001 definía, siempre en declaraciones para su alma máter, como filosofía básica de su gobierno: "la mejor manera de reducir dramáticamente la pobreza es invirtiendo significativa y agresivamente en la mentes de nuestra gente invirtiendo en recursos humanos, nutrición, salud y educación". Ver nota4, por favor. Y finalmente, fue en Stanford donde se registra la primera grafía sajona de su mantra hidrobiológico, galimatías último de su frívola brújula de gobierno y médula básica del bilingüe magma toledista: I do not share the principle of just giving (people) fish. The best way of confronting poverty is to provide them the methods to learn how to fish 5. Tres días estuvo Toledo divagando en California en compañía de su señora esposa y la mayor de sus hijas. Al cabo de esta siempre difícil separación obligada por el destino, un país en estado de emergencia, sometido a nuevos impuestos para pagar sus promesas y con mil quinientos cartuchos de dinamita sueltos por ahí, lo esperaba con el 11 % de sus brazos abiertos.
____________ 2 Se cumple el viaje presidencial número veintinueve en sólo dos años de gobierno: una estela de más de medio millón de dólares marcando el vagar más de 200 mil kilómetros por el mundo. Se está gestando un colectivo para ir a lavar el avión presidencial al Grupo Aéreo 8 todos los días. 3 La primera, por amor, en 1979. La segunda, por si acaso, en plena campaña electoral del 2000. 4 Según el Proyecto de Presupuesto del Sector Público, año fiscal 2003 del MEF.- Inversión en el Ministerio de Salud: 9.2 %. En el M. de Salud: 7.4 %. En el Apoyo alimentario para grupos en riesgo: 4.25 %. En el Ministerio de la Presidencia: 41.3 % 5 La madre de todas las frases, "no quiero regalar pescado, sino...". Entrevista de Anuj Gupta, staff editorial del Stanford Daily, 12 de octubre del 2001.
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