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Edición Nº 1778 |
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Del Fusil
al Pincel
Escribe ENRIQUE CHAVEZ UN cactus se emplaza en la entrada de la celda. Peter Cárdenas Schulte, interno de la Base Naval condenado a cadena perpetua por terrorismo, lo utiliza de modelo reiterado para sus cuadros. El cactus es retratado desde todos los ángulos y perspectivas. Puede ser rojo, verde o azul. Unas veces las texturas son pastosas, otras diluidas. En los cuadros aparece solo o se reparte el paisaje con líneas y hasta figuras humanas. Aunque sea la favorita, ésa no es la única temática de su pintura. Cuando las duras condiciones del encierro se relajaron un tanto y le permitieron trabajar con pintura, dirigió la mirada hacia su propio calabozo. Dos metros, por dos ochenta y tres de altura. Primero, ese espacio único que contiene la ducha y la letrina. En paralelo ensayó con técnicas más abstractas. Tiene títulos como Prisión Dorada, Mesa Redonda y Casa de Campo. Escucha todo tipo de música pero favorece los ritmos cubanos
y la salsa de antaño. Lee como si el mundo se fuera a acabar mañana.
Envió textos al concurso de El Cuento de las 2,000 Palabras organizado
por CARETAS. Está al día con lo último de Vargas
Llosa, Bryce Echenique y Pérez Reverte. No conoce género
más hipnotizador que el de la novela policial.
LAS DURAS CONDICIONES Hoy puede recibir libros sin problemas. En 1992 fue capturado por segunda vez y lo trasladaron del penal Castro Castro a la Base. Aunque nunca fue un centro de torturas físicas, el régimen fue extremadamente difícil durante mucho tiempo. La Cruz Roja no ingresó en el primer año y los internos no recibieron visitas familiares hasta 1994. Sólo disponían de media hora diaria para salir al patio y ni siquiera es seguro que esa condición se cumpliera en el caso de los emerretistas, pues se negaron a transar con el gobierno de Fujimori como sí lo hizo Abimael Guzmán. Según funcionarios del Estado que han tenido reciente contacto con ellos, las condiciones del régimen pudieron dejar secuelas. En el caso de Cárdenas, parece que su audición hubiera pagado el precio. Miembros consultados de su familia niegan que su salud se haya visto resentida de alguna manera. Autoridades de la Base afirman que todos los internos han pasado en algún momento por crisis físicas o anémicas. Fueron sometidos a períodos extendidos sin ninguna luz y en los que se les prohibía pronunciar palabra. En el discurso que emitió la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) el pasado 10 de junio (CARETAS 1776), Cárdenas mencionó que en el gobierno de Fujimori "pasamos todos esos años en el más duro aislamiento e incomunicación" Sea por auténtico afecto, sea por salud mental, Cárdenas mantiene una buena relación con los demás presos. Conserva la amistad con quienes compartió la dirigencia del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, Víctor Polay Campos y Miguel Rincón Rincón. El primero, un individuo curtido en el seno de una familia aprista. El otro, radicalizado en los círculos sindicales. Cárdenas proviene en cambio de un hogar relativamente acomodado.
Estudió en el colegio Carmelitas de Miraflores. Recién graduado
exhibía una intensa vocación sacerdotal. "Hubiera sido un
cura revolucionario", reflexiona ahora un miembro de su familia.
"CON EL ALMA EN VILO" Quien fue el número dos del MRTA leyó el mensaje de tono más íntimo que emitió la CVR. "No quiero dejar pasar la oportunidad", dijo, "para dirigirme a todas aquellas personas, en especial a los hijos, a los padres, hermanos, esposos o amigos de aquellos que resultaron afectados por decisiones o acciones en las que yo haya estado involucrado, para pedirles perdón por haberlos dejado sin padres, hijos o hermanos, por haberlos hecho sufrir. Les pido perdón con el alma en vilo". Tenía motivos para hacer la solicitud. Fue señalado por participar en grandes golpes como el robo en Huaura de la bandera del general José de San Martín (1985), la presentación en sociedad del MRTA en el Valle del Sisa, San Martín (1987), el secuestro del empresario Héctor Delgado Parker (1989), el asesinato del general Enrique López Albújar (1990) y el sangriento rescate de Lucero Cumpa (1991). Cárdenas niega su culpabilidad en algunos de estos actos. Dice, por ejemplo, que puede demostrar haber estado fuera de Lima cuando se asesinó a López Albújar. Lo que le resulta imposible es alegar ignorancia cuando dirigía el capítulo limeño de la organización terrorista. No puede eludir su responsabilidad. LA DELGADA LÍNEA ROJA Resulta particular que Cárdenas reconociera que "los izquierdistas
no estuvimos a la altura de las circunstancias". La frase viene, al fin
y al cabo, de alguien iniciado en la izquierda legal.
Cárdenas viajó a la Argentina para estudiar periodismo en Córdoba. La dictadura de Videla estableció el fermento ideal para la radicalización de un joven descontento como él. Según quienes lo conocen, ese viaje fue el gran punto de quiebre en su vida. No pudo terminar la carrera y fue deportado. Regresó al Perú con su esposa argentina. Alquiló un departamento en Barranco, tuvo su primer hijo en 1979 y, luego de un tiempo desempleado, emigró a Huancayo. Trabajó en un periódico local y más tarde partió becado hacia Cuba. Se divorció, contrajo matrimonio con una peruana y tuvo dos hijos más. De vuelta al Perú se vinculó a la galaxia de grupúsculos de izquierda que pugnaban por comerse un pedazo del pastel electoral que se venía encima. Ingresó al Partido Comunista Revolucionario Marxista Leninista (PCRML) y en esas circunstancias conoció a Víctor Polay. En 1980 se intentó gestar la Alianza Revolucionaria de Izquierda (ARI), que tenía por intención cobijar bajo el mismo paraguas a los movimientos que participarían en las elecciones. El experimento fracasó y todos aquellos asteroides se quedaron. Algunos lograron integrarse a la Izquierda Unida, otros como Cárdenas y Polay se vieron bailando con su propio pañuelo rojo. El MRTA inició sus actividades mirando al espejo centroamericano y colombiano. Adicto a las grandes acciones propagandistas, su proyecto no tenía el desquicio de Sendero Luminoso ni sufría del delirio de grandeza característico de esa organización. A medida que SL se convertía en una moledera de carne, las acciones del MRTA fueron girando hacia esa misma dirección. El estándar ya no era el de los procesos guerrilleros en Honduras y Nicaragua. El secuestro de empresarios fue particularmente cruento e inhumano. Cárdenas jugó varias veces a ser equilibrista y por lo menos en tres ocasiones se desplomó sobre el lado más belicoso. Endureció sus posiciones en Argentina, decidió tomar las armas cuando no encontró un espacio político y más tarde fue en parte responsable por la radicalización de los métodos terroristas del MRTA. De haber tomado algunas decisiones distintas, hoy no se rompería la testa frente a un lienzo.
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