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Edición Nº 1778 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Pucha, Lorena
Páucar
HIJA, qué susto el que me dio Javier el otro día
cuando me llama por teléfono de urgencia y yo estaba en pleno
masaje con una terapista rusa que ha aparecido por acá y no
saaaaaabes, todo el mundo ahora la quiere tomar, no tanto porque sus
masajes sean nada del otro jueves sino porque, pucha, como no habla
un pito de castellano, o sea, tú le puedes ir diciendo mientras
te sobetea cosas como "Pachiesuncholodemierdaylamujer-nadatedigoyelpaíssevaparaelcarajoyencimaelchancho Bueno, en ésas estaba cuando entra la Jessikah'a Jesseniah's con el teléfono en la mano y los malditos head phonesof course que aceptaba porque lo que hace falta de vida o muerte en este país de sainete, cómo te explico, soy yo en una buena cartera, ¿ya? Pero nada, hija, el otro empezó a hacerme unas preguntas que no veían al caso, tanto que yo pensé que había entrado a las aficiones del Pachi con el célebre etiqueta azul, hasta que al fin entendí algo. Comenzó así: -Hola Chinita, dime, ¿tú sigues haciendo danza moderna? -Por supuesto, Javier, con Maripí y música de Manongo... ¿por qué, ah? -Nada, mejor cómprate un disfraz de chola cusqueña, como en los boletos de la Lotería del Cusco, yo te digo nomás. -Javi, ¿es on the rocks o así a lo bestia? -Puta, China, no te puedo dar más detalles, esto que te digo es por tu bien. Dime, ¿también escribes poesía como antes? -A diario, Javi, a mí la basura me estimula más que a Verlaine. -¿La basura, qué basura? ¿Tienes problemas con el recojo en San Isidro? -Ay, ya, no dije nada, para ti la única poesía es ésa de toíto te lo consiento menos faltarle a mi madre, así que vamos al punto, ¿sí? -Bueno, empieza a escribirle poesías a Manco Cápac y Mama Ocllo, yo sé lo que te digo. Hija, a ese punto yo tenía a la rusa montada en mi espalda, masajeándome con el codo el omóplato y repitiéndome tolstoibelugaochiochi, y no me sentía como para seguir escuchando huevadas, así que decidí cortar por lo sano: -Javi, please, cuando se te pase la mona llámame de nuevo, ¿quieres? -Ah, jódete entonces, no me vengas después a reclamar que no te avisé. Y juá, al muy cholo se le salió el tallán y me cortó, hija, no sabes cómo me sentí. Pero claro, al día siguiente leo en los periódicos que acaban de dar una ley según la cual tooooooda manifestación cultural paga ahora esa cholada que se llama IGV, salvo por supuesto las cosas que le encantan a la Carrot desde que era una hippie con pelo en el sobaco y se venía a bailar güísquiti güísquiti al Hatuchay de Bajo el Puente, yo sé que tú me entiendes la sutileza. Pero hija, tú sabes cómo es la vida: frente a la injusticia hay que hacer un doble proceso dialéctico que consiste en reaccionar y a la vez adaptarte. Por eso, o sea, salí en la fotaza de El Comercio con Alberto Isola, Ampuero, Miguel Rubio y toda la GCU, o sea, tapándonos los oídos en protesta y he firmado cuanto comunicado me han pasado; pero también, pucha, he empezado a descubrir la maravilla que sería para el mundo que yo me mande hacer una faldona bordada, un chalequito tipo Pío Pío, un sombrerete perlado de lentejuelas y strass y me mande a los conos a cantar Chola Soy (culturalmente, eso sí) y No Me Compadezcas, y vas a ver cómo a la Páucar la dejo más arruinada que Michael Jackson, eso es modernidad. De modo que prepárate para que no te asustes, hija, que como escribió Marx, pucha, todo lo sólido se desvanece en el aire. Chau, chau (Rafo León).
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