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Edición Nº 1781 |
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CON profundo desaliento leo en Internet la gigantesca trifulca alrededor de la propiedad y uso del Canal 5. Y compruebo una vez más que el gran culpable de todo lo que sucede a ese respecto es Fujimori, que nos ha dejado un país enfermo. Y lo peor es que hay quienes, en su nombre, siguen actuando con total impunidad. No contentos con las gruesas sumas recibidas, esperan continuar manipulando la opinión ¡en nombre de la libertad de prensa! Recibo en mi computadora un bien informado boletín económico desde Lima, pero que adolece de un gravísimo defecto: el nombre. Se llama, sabe Dios por qué, Alerta Económica, que creo es contradictorio al ánimo positivo de sus editores. Alerta, para mí y para muchos, es sinónimo de Emergencia, Advertencia grave, Zozobra. Claro que, se dirá, respecto de la economía peruana ese título podría parecer adecuado, pero no me parece justo para el país que hace esfuerzos denodados por mantener el equilibrio. Justamente porque la economía peruana, si bien no se puede decir que goza de absoluta buena salud, es quizá de lo poco que se viene salvando en nuestro país. De paso, es cosa que hay que agradecerles a ministros como Pedro Pablo Kuczynski y Javier Silva Ruete, que es a quienes se debe el equilibro, sobre la cuerda floja si se quiere, que nos viene salvando de la caída. Todas las mañanas camino seis cuadras hasta la estación del metro que me lleva hasta cerca de la oficina. No se cómo será en otoño o en invierno, pero ahora en verano, cuando ya en la mañana los termómetros marcan 35 ó 37 grados, entrar en la estación es como sumergirse en la boca del infierno, así de caliente es. Hacerlo de regreso, con 44º, es, por cierto, mucho peor, razón por la que de vuelta a casa regreso en ómnibus para al menos morirme de calor mirando la calle. Elijo el ómnibus para no desfallecer del todo, porque tanto algunas líneas de tren como bastantes de ómnibus tienen aire acondicionado, aunque, claro, cuando se viaja con mucha gente, éste se desvanece y se convierte en tan sólo una ilusión. "Escuela de Senderismo" decía el aviso que leí en la Guía del Ocio de Madrid. Inmediatamente, como peruano que soy con experiencia en el tema (y digamos que escamado), me alerté y tuve el impulso inicial de llamar al Ministerio de Interior para advertirles y poner a sus funcionarios sobre aviso de este rebrote terrorista aparentemente importado. Pero felizmente no tardé en percatarme de que tan sólo se trataba de cursos de eso que nadie sabe por qué en el Perú se llama trekking, es decir caminar por trochas montañosas, senderos al fin de cuentas, pero gracias a Dios no los de Mariátegui. Fin de la alarma. Aquí en España inventaron el idioma español, sin duda, pero la verdad es que a veces lo utilizan bastante mal. Como cuando llaman Restauración a, adivinen: ¿Cursos para reparar cuadros, muebles antiguos, etc.? ¿Movimiento para propiciar la vuelta al orden y la seguridad? ¿Intento de dar marcha atrás en la historia? No, señoras y señores: Restauración aquí viene de restaurante; se trata de los cursos que se dictan a cocineros, chefs, mozos, etc. ¿Cómo dirán aquí a uno que quiere abrir en restaurante? ¿¡Restáurate, tío!? Acabo de colgar el teléfono después de hablar con Tania Libertad, que se encuentra aquí en Madrid, en donde se presentará dos veces consecutivas, luego de una extensa gira por diversas ciudades del interior, como Barcelona, Aranjuez y otras. La voz extraordinaria de una peruana que ya es universal como ella será todo un regocijo para mis oídos y también una alegría inmensa el estar con ella, que sigue siendo la chica alegre y juguetona que escuché en La Habana hace una punta de años, en un Festival de la Juventud, en el que su voz vibró y conmovió. No es para vanagloriarme, pero creo haber sido el primero en mencionar la trafa que fue el simulacro, una historia que se montó con el supuesto rescate de la soldado norteamericana internada en un hospital de Irak. Hubo como reacción alguna carta de un ciudadano que, muy molesto, despotricaba de mí por haber tenido la osadía de ofender la honestidad de los servicios de información de los Estados Unidos. Hoy en día todo ha quedado al descubierto, y se ha demostrado que todo no fue sino una invención propagandística. No es que yo sea un sapo, es que era evidente. Y lo mismo digo con respecto a las armas de destrucción masiva supuestamente fabricadas por Irak, que constituyeron la excusa para la guerra. Allí sí me equivoqué, porque exageré al decir que seguramente iban a ser encontradas, digo es un decir, al día siguiente de tomada Bagdad, ocultas, creo que dije, en un closet del dormitorio de Saddam Hussein. No fue así y hasta ahora siguen buscándolas. Así es que ahora casi nadie sabe por qué se invadió Irak. No será porque existía allí una bárbara dictadura -que lo era, sin duda- sino por otras razones más prosaicas y menos altruistas: el petróleo, por ejemplo. Claro que Bush dirá, aunque no sea católico y no vaya a misa, que el petróleo bien vale una misa.
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