Edición Nº 1784


 

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    ARTICULO

    7 de agosto de 2003

    Paginas 20 y 21 de la edición impresa.


    'Ninjas' criollos. Los comandos son adiestrados en artes marciales y manejo de explosivos. Derecha, temple de acero para el combate cuerpo a cuerpo.

    Guerreros del ENE
    La Brigada de Fuerzas Especiales del Ejército es la primera
    línea de combate contra Sendero Luminoso.
    Vértigo y camuflaje. Los comandos se especializan para la lucha en todo tipo de terreno.

    SE llama torre multipropósito, mide lo que un edificio de cinco pisos y le hace honor al nombre. Se arrojan los comandos con la ayuda de distintas cuerdas. Una les ayuda a caminar por las paredes con la naturalidad propia del Hombre Araña.

    "Fast rope, fast rope", ordena el instructor. La cuerda rápida es un instrumento de importancia vital en una zona difícil como la selva de Viscatán. Uno a uno desciende el personal que controla su velocidad apretando y soltando la soga. "Si no tienes puestos los guantes de asbesto", dice el oficial mostrando las manos, "terminas con éstas peladas".

    Gritan los efectivos. Rugen en el vocabulario de la brigada. Cuatro de ellos tienen uniformes característicos y permanecen inmóviles para la foto. El coronel Víctor Montes se acerca al `ninja' de pasamontañas negro y con un toque de la bota le separa más las piernas.

    En tal marcialidad se cuela una nota de corneta. Y otra. La tercera ya parece una fiesta. Son cuatro miembros de la tropa que practican despreocupados en las gradas del batallón Pachacútec. Apenas se interpone la cámara enderezan sus espaldas e instrumentos. El calentamiento musical se sincroniza en la melodía de una conocida marcha militar.

    RESERVA ESTRATEGICA

    Al cuadro de línea de comando colgado en el muro le falta una foto. Es la del mayor Carlos Castañeda, fallecido el 10 de julio junto a cuatro suboficiales y dos ronderos en la selva de Huanta (CARETAS 1781). Castañeda estaba al frente del batallón y su reemplazo acaba de ser nombrado. El mayor Jaime Sánchez Polo (35) saluda con una sonrisa, pero el apretón de manos delata de inmediato la dureza de su oficio.

    Los 3,500 integrantes de la Primera Brigada de Fuerzas Especiales del Ejército saben a qué negocio se han metido. La BRIFE es según su jefe, el general EP Otto Guibovich, "la reserva estratégica que tiene el país". Del cuartel en Lima salen los soldados a cubrir las necesidades temporales de las unidades en todo el Perú.

    El feroz entrenamiento dura sólo ocho semanas. Unicamente los más fuertes pasan la prueba. La Brigada cuenta con 3,500 efectivos. Der.: Espacio en blanco. El mayor Carlos Castañeda, muerto en Huanta en junio de este año, estaba al frente del batallón.

    El soldado que viene de la calle pasa por un examen clínico y psicológico. Ya interno recibe una instrucción básica de ocho semanas, que incluye rutinas de ejercicios con y sin armamento, primeros auxilios, camuflaje y manejo de explosivos.

    A lo primero que hay que acostumbrarse es al ruido. El estruendo de granadas MGL es tan cotidiano como el desenfreno en las bocinas de los autos limeños. Y aprenden a gritar debajo de túneles en los que retumba la explosión de una carga dinamitera. "La idea es saber dónde esconderse y si es posible taparse las orejas con arena para no quedar sordo", dice Iván (24), que apenas retornó de un operativo en Ayacucho.

    Tras los dos meses iniciales, la tropa toma sin excepción el curso básico de paracaidismo. Allí se marca la verdadera diferencia. Según el coronel Gilberto Garrido, jefe de tropa, "les cambia el espíritu, se sienten diferentes y son imbuidos con la mística de la Brigada".

    Luego viene la especialización. Los cursos ponen énfasis en el combate antisubversivo. Escorpión es para la costa y se desarrolla en la base de la playa La Tiza, en Lima. Al curso Puma en la base de Campo Herminio, Huancavelica, van los que aprenderán a combatir al terrorismo en territorio serrano. En Pichanaqui, selva de Ayacucho, se desarrolla el curso Otorongo.

    El mayor Castañeda estaba entre los especialistas en terrorismo rural y urbano. Sus compañeros han podido reconstruir los últimos instantes de su vida a partir de las circunstancias en las que encontraron los cuerpos. "Él iba delante de la patrulla cuando no tenía por qué hacerlo debido a su condición de oficial", afirma uno de sus compañeros. "Sabía que entraba a una zona de muerte y aligeró los equipos para entrar en combate".

    Los senderistas tienen minados los caminos en las inmediaciones de Vizcatán. Son explosivos conectados por cordones detonantes que actúan en radios de hasta doscientos metros. Con una disposición de ese tipo sembrada entre los distritos de Sivia y Pichari se encontraron Castañeda y su tropa.

    A pesar de la añoranza que pueda despertar el recuerdo del compañero, los comandos están hechos de una madera endurecida tras dos años de preparación. "Uno tiene la vida alquilada", reflexiona un oficial mientras se despide. "Cualquier día nos tropezamos en la ducha y esto se acabó". (L.C.-E.CH.)

     


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