Edición Nº 1784


 

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    7 de agosto de 2003
    Por AUGUSTO ELMORE

    VACACIONES. Vacaciones. Vacaciones. Vacaciones. Vacaciones. La palabra vacaciones ha sido la más pronunciada desde hace un mes en España. Todo parece haber estado supeditado a ello. Uno hablaba hasta el 31 de julio con cualquier persona y notaba que no atendía: su pensamiento puesto en Marbella, en Mallorca, en las playas de Galicia, en Marruecos, Cancún, donde sea menos en lo que uno le decía. Y hoy, ya en agosto, todos, casi absolutamente todos los habitantes de esta ciudad, cerrados sus negocios, están de vacaciones en algún lugar elegido previamente en las innumerables páginas de ofertas de viaje que en el último mes parecían casi ser la única publicidad de los diarios. No sé si será igual en otras partes, entre los países afluyentes por lo menos, pero aquí las vacaciones no sólo son algo sagrado y ritual, sino absolutamente necesario para quienes viven en Madrid, en donde los termómetros marcan temperaturas superiores a los 37 y 40º. Claro que hay gente que se va, sabe Dios por qué a lugares del sur de España en donde el calor es aún peor, como Málaga y Sevilla, por ejemplo, que tienen hasta 48º, pero lo que sucede es que hay que aprovechar las vacaciones. Se sude lo que se sude.

    Lo que sí lamento es que el Perú, que es un destino turístico por excelencia, desperdicie la oportunidad de ofrecer sus circuitos extraordinarios a los españoles, tan afanosos de conocer otros países. Mientras que México -bueno, claro, ¡México!- está en todas las páginas de ofertas turísticas que he visto, mientras que el Perú en contadas con los dedos de la mano. Ni siquiera ha aprovechado nuestro país el estupendo acuerdo celebrado por Promperú con Viajes El Corte Inglés -que ha editado un buen folleto al respecto- para hacerse notar en este período vacacional de los españoles. ¿Será para el próximo?

    La semana pasada no estuve presente con mi página porque mi participación en las celebraciones del 28 de julio me tuvieron ocupado y me fue imposible sentarme a pergeñar estas líneas. Con el riesgo de que algún lector majadero (bueno, también los hay) me atribuya autobombo, quiero decir que la fiesta organizada por la embajada del Perú en el auditorio del parque Tierno Galván de Madrid, fue un rotundo, ¡rotundísimo!, éxito. De 4 de la tarde hasta casi la medianoche, asistieron allí unos 2,000 compatriotas de todas las sangres y, al compás de conjuntos musicales vernaculares y criollos, bailaron hasta cansarse manteniendo en su alegría, pese a la gran cantidad de cajas de cerveza Cusqueña consumidas, absoluto buen comportamiento. Fue una tarde patriótica extraordinaria, en la que, casi al final, todos entonamos el himno nacional. Organizada por funcionarios de la embajada, gracias al empeño del propio embajador, y por el cónsul y funcionarios del consulado general en Madrid, la fiesta del sábado 26 fue en verdad memorable. Papa a la huancaína, anticuchos, tamales, chicha morada y otras delicias nacionales se ofrecieron a los asistentes, que pasaron una tarde digna de remembranza hasta ver caer el sol de fuego ( felizmente ocultado eventual y casi milagrosamente por nubes amistosas y peruanófilas) y avanzar la noche. En la ocasión todos tuvimos el orgullo de ser peruanos y fuimos eventualmente felices, valga la verdad.

    Leo que fue inaugurada la plaza Perú, en la que fuera plazoleta Francisco Pizarro. Y parece que, siguiendo mal que le pese el modelo Andrade, está adornada con flores en abundancia. Desde lejos, aunque no haya congeniado con la necesidad de deportar a Pizarro, ya que a lo hecho pecho, felicito al alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, por el logro. Ojalá nomás que sus enemigos, que nunca les faltan a los alcaldes y a los hombres y mujeres públicos, no le atribuyan a un supuesto vivero de su muy digna esposa las flores que adornan la plaza, tal como hicieron con Alberto Andrade.

    Leo también que ya, finalmente, ha sido solicitada oficialmente la extradición del prófugo Fujimori. Como la vida me ha enseñado a ser realista (y veo según las encuestas que lo mismo le sucede a la mayoría de los peruanos), tengo mis sospechas de que dicha extradición no funcionará, porque el gobierno del Japón se va a negar a considerar las evidencias. Después de todo el chino es japonés.

    Saludo muy cordialmente el regreso de mi colega Fernando Rospigliosi a la cartera del Interior (aunque es como para compadecerlo), el arribo de Anel Townsend a la del Ministerio de la Mujer y la elección de Henry Pease como presidente del Congreso. Son personas íntegras e idóneas en un país que las necesita.

    ¿Quiénes están confabulados en contra de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación?, pues los mentirosos irreconciliables. Los que quieren que nada se sepa, que todo quede impune. En una época en la que hasta el Papa ha pedido perdón por los crímenes, complicidades y omisiones cometidas por los católicos durante la Segunda Guerra Mundial, esta gente que contribuyó a la destrucción de todas las instituciones peruanas, reclama ahora el silencio sobre sus crímenes.

    ¿Cómo se reconoce en la calle, aquí en Madrid, la nacionalidad o el origen de la gente peruana? Por el color de la piel, se dirá, pero no es del todo cierto, porque en verdad cuando se cruzan dos grupos humanos y en uno de ellos va una chica guapa (que las hay, caramba, a montones), los que se voltean a mirarla: ¡ésos son peruanos, sin duda! Como yo, por cierto.

     


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