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Edición Nº 1784 |
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Bochornos
0. Conozco a Emilio Santisteban desde antes que egresara de manera sobresaliente de la Escuela de Bellas Artes. Varias veces nuestros caminos se han cruzado y puedo afirmar que siempre he tenido por él, el mayor de los respetos. A nivel personal y profesional Santisteban es una de las personas más coherentes que he conocido en el medio artístico del Perú. Muchas veces me hizo ver aquellas cosas que me suelen pasar desapercibidas, lo que agradecí siempre así no tuviera la razón. Los problemas en los que ahora se ve envuelto a raíz de las actividades culturales realizadas el año pasado me resultan deplorables. Los 600,000 soles empleados son realmente ínfimos en comparación a lo logrado. Gracias a su iniciativa, por primera vez en nuestro país manifestaciones que se creían elitistas tenían lugar en las zonas más transitadas de la ciudad, desmitiendo tajantemente la dicotomía popular-culto. Considero que ha llegado el momento de que nuestros artistas y promotores hagan entender de una vez por todas, que la promoción cultural requiere de inversión y que los artistas deben ser pagados como cualquier otro profesional. Los burócratas deberían ser entrenados antes de hablar sobre un tema que les es ajeno para evitar al Estado otro bochorno más en tiempos de vergüenzas ajenas. Puedo dar fe de la decencia de Santisteban. El y quienes lo acompañaron en esta empresa tienen mi solidaridad. En otros países latinoamericanos los hubieran condecorado. Aquí los atropellamos. 00. Tengo un alto concepto de Cecilia Sarria, directora de Cultura de la Municipalidad de Miraflores. Junto a la resurrección de la Miró Quesada, hueso duro de roer, se empeñó en una tarea que lucía poco menos que imposible: Transformar a la abandonada Sala del Parque Reducto en una Galería con atractivo suficiente para ser visitada. Sería injusto decir que no lo ha logrado. La muestra de Urday concitó la suficiente atención para que el público estuviera interesado en la futura programación. Paralelamente, la sala del Centro Cultural Ricardo Palma, que tampoco es un espacio ideal, mantiene una programación constante cuya política conviene revisar . Las colectivas por ahora son una solución.Ya en su anterior gestión Sarria había desarrollado un coherente programa de colectivas, que tuvieron un nivel sobresaliente bajo la curadoría de Armando Williams. Las actuales colectivas dan cabida a un amplio grupo de artistas, particularmente jóvenes, lo cual resulta saludable. Pero sería conveniente convocar a curadores emergentes, pues es la única oportunidad que tendrían de ejercitarse. A pesar de ineludibles errores iniciales, la formación de futuros curadores sería un aporte invalorable. En realidad, una colectiva es una muestra de curador más que de artistas, por lo que los nuevos curadores deben adquirir experiencia para tomar la posta. Por ejemplo considero aceptable los fallidos resultados de la publicitada "Azoteas", a cargo de Marilú Ponte, pues de ella debería haber obtenido un importante aprendizaje. Allí fue posible encontrar esas obras sobresalientes de Andrea Miranda y Sandra Gajate, que ameritaban una exposición muchísimo más extensa. Si el encuentro Miranda-Gajate es un placer, también es una frustración, por aquello de lo que pudo haber sido y no fue. Por eso sería conveniente que las futuras colectivas reunieran a menor número de artistas con mayor cantidad de obras, antes de que éstas terminen saturando al espectador. 000. El Centro Cultural Ricardo Palma inauguró la muestra Libro X con 16 participantes. En este caso la exposición es iniciativa de un grupo de artistas que prescindieron del curador para trabajar una especie de "cadáver exquisito", haciendo cada uno la primera hoja de su libro para luego rotarlo entre sí, de manera que el siguiente continuara el trabajo a partir de la propuesta inicial. En realidad de cada libro se pudiera hacer una muestra en caso de haberse optado por enmarcar sus páginas. Felizmente los autores asumieron el riesgo y mantuvieron el formato original, permitiendo que el público los revise, estropee y complete con sus manos la obra. Es cierto que anteriormente se ha trabajado en torno al libro como objeto artístico. Por ejemplo Elida Román ya ha hecho un par de exposiciones respetables; de Venezuela, Ricardo Benaím también trajo una colección de libros de artistas, titulada 25 %. El último libro de artista que he visto ha sido "Brad'61" hecho por Tony Hendra, quien ilustró su narración con cuadros del fallecido Roy Lichtenstein dándole una vuelta de tuerca a la historia del arte: Lichtenstein partió del cómic y Hendra lo regresa a sus orígenes, en un trabajo altamente ingenioso que rompe el indefinible cliché de lo que peyorativamente llaman arte erudito. El libro como soporte está lejos de agotarse. Los expositores del CCRP demuestran que con ingenio siempre es posible revitalizar un concepto. Los estimulantes resultados de estos 16 dotadísimos artistas así permiten comprobarlo. Altamente recomendable.
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