|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos
& Ellas
Culturales
Caretas
TV
Lugar
Común
Piedra de Toque
Artes
y Ensartes
Mal
Menor
|
|
|
ARTICULO
|
21
de agosto de 2003 |
| Paginas
30 y 31 de la edición impresa. |
|

Sergio
Vieira, brasileño victimado, podía llegar al cargo
más alto en la ONU. Derecha arriba, el
camión bomba fue estrellado bajo la ventana del diplomático
brasileño, quien quedó atrapado bajo las ruinas.
|
Morir en BAGDAD
La acción terrorista que mató en Irak a Sergio Vieira,
enviado
especial de la ONU, abre severas interrogantes políticas.
EL camión bomba que el martes último se estrelló
contra la sede de la ONU en Bagdad destrozó algo más que
un edificio y 17 vidas, entre ellas la del brasileño Sergio Vieira
de Mello, probable sucesor de Kofi Annan en la secretaría general
de la ONU. El crimen destruye también la idea de la administración
Bush de que su acción en Irak asestó un golpe mortal al
terrorismo.
El crimen ha horrorizado al mundo. En el momento en que cerramos estas
líneas no se sabe a ciencia cierta quiénes fueron los autores
intelectuales del hecho. Dato enigmático es que los blancos hayan
sido la sede de la ONU y un diplomático brasileño que durante
toda su vida se caracterizó por su acción en favor de los
derechos humanos y la paz. Los hitos de su carrera son Kosovo, Bangladesh,
Sudán, Chipre, Líbano y el Perú.
Cuando Annan lo nombró su representante especial en Irak, Vieira
prometió "ayudar al pueblo de Irak a salir de un terrible período
en su larga y noble historia". No eran palabras que hirieran al pueblo
iraquí. Incluso, no podrían ser consideradas defensoras
de la política que el gobierno de Bush ha llevado a cabo en Irak.
Por algo dijo: "Ningún extranjero puede gobernar Irak".
|
|
Parte
del edificio se desplomó. La Policía iraquí
(derecha) evacuó a más de un centenar de heridos.
|
Puede plantearse la conjetura de que los autores del crimen sean terroristas
ajenos a Irak, quizás la organización de Al Qaeda, que no
hace distingos entre occidentales.
El camión cargado de explosivos estalló bajo la ventana
de la oficina de Vieira en el Hotel Canal de Bagdad, donde se aloja la
sede de la ONU en Irak.
Vieira (55 años, padre de tres hijos), llevaba 30 años
trabajando en la organización mundial. En Irak se había
distinguido por su esfuerzo personal en las campañas de la ONU
de distribución de ayuda humanitaria, desarrollo y programas para
refugiados.
Días atrás, el presidente Bush había declarado
que "la estabilidad en Irak del crucial para la estabilidad en el Medio
Oriente y la estabilidad en el Medio Oriente es crucial para la seguridad
del pueblo estadounidense". Esa cadena lógica ha sido puesta a
prueba en los últimos días. El último fin de semana,
el suministro de petróleo, agua y electricidad sufrió en
Irak duros golpes terroristas. Antes, un coche bomba hizo explosión
frente a la embajada de Jordania en Bagdad, con un saldo de diez muertos.
Para seguir la secuencia lógica propuesta por Bush, la guerra
contra Irak no ha estabilizado ni a Irak, ni al Medio Oriente. Ergo, la
seguridad del pueblo de Estados Unidos ha sido debilitada por esa guerra.
Y no sólo eso. El crimen en que ha perecido un gran latinoamericano
indica que por la guerra en Irak el nivel de la seguridad mundial ha descendido.
|
Recordando a Sergio
La muerte de Sergio Vieira de Mello. Testimonio de un peruano
en Bagdad.
Escribe
GUILLERMO BETTOCCHI
|
|
Guillermo
Bettocchi en Bagdad.
|
COMO se informara en la edición de Caretas Nº
1780, el pasado 10 de julio, estuve en Irak trabajando en mi calidad
de funcionario de Naciones Unidas. Desde esa posición, fui
testigo de excepción de los esfuerzos que realizaba el enviado
especial de Kofi Annan, Sergio Vieira de Mello, para devolver Irak
a los iraquíes y de la mística y convicción
con la que todos mis colegas se entregaron de cuerpo entero a esa
tarea a pesar de las difíciles condiciones imperantes.
Sergio, como todos lo llamábamos sin importar jerarquías
ni rangos, había asumido tal vez el encargo más difícil
de los muchos que caracterizaron su larga carrera en Naciones Unidas
y que lo convirtieron en un latinoamericano ejemplar. Sergio fue
representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados
(ACNUR) en Lima, por los años 70's. Luego estuvo en países
como Bangladesh, Sudán, Chipre, Mozambique, Líbano,
Kosovo y Timor Oriental. Siempre demostró su compromiso con
las víctimas y los más necesitados. Ello lo llevó
a ser nombrado, recientemente, Alto Comisionado de Naciones Unidas
para los Derechos Humanos. Es decir, el encargado de velar por que
los derechos de todos nosotros sean respetados.
Teniendo en cuenta la experiencia de Sergio en procesos de transición
de situaciones de conflicto hacia la democracia, Kofi Annan lo licenció
temporalmente de su cargo de Alto Comisionado y le pidió
que velara porque la administración provisional de Irak cumpliera
con sus compromisos internacionales y garantizara los derechos del
pueblo iraquí.
Ahora Sergio está muerto, junto con otros muchos colegas,
como consecuencia de un alevoso ataque que afecta el futuro de Naciones
Unidas en Irak y, por ende, a todo el pueblo iraquí. Sin
embargo, el cochebomba en Bagdad tiene repercusiones mucho más
graves, pues hace peligrar el concepto mismo de las Naciones Unidas
y de la cooperación internacional "para librar a las generaciones
futuras del flagelo de la guerra". Ese mismo coche bomba ha puesto
también sobre el tapete, una vez más, los riesgos
absurdos que corremos quienes, ya sea desde las Naciones Unidas
o de otras agencias internacionales, del Comité Internacional
de la Cruz Roja o de Organismos no Gubernamentales (ONGs), nos dedicamos,
sin otra motivación que una profunda convicción humanitaria,
a tratar de ayudar a quienes lo necesitan.
El estar de vuelta en Ginebra y, por lo tanto, lejos de la explosión
en Bagdad, no me sirve de consuelo ni de alivio. El saber que la
oficina que ocupé mientras estuve en Bagdad (justo debajo
de la que ocupaba Sergio) está totalmente destruida por la
explosión y los planes que tenía de volver a Bagdad
la próxima semana, me hacen comprender lo cerca que he estado,
otra vez, del riesgo. El pensar en los muchos colegas muertos o
heridos me hace comprender que yo podría estar entre las
víctimas, y le dan a esta tragedia un toque personal muy
doloroso.
Este atentado, además, se suma a numerosos otros sufridos
anteriormente contra funcionarios de las Naciones Unidas y otros
organismos humanitarios, en distintas partes del mundo. Y me pregunto,
¿quién quiere matar a alguien que tiene como principal
función el ayudar y como único interés el hacer
el bien?
La frecuencia con que esta pregunta, de nivel personal, se plantea,
lleva a otra, de dimensión global, mucho más peligrosa:
¿quién, y por qué razón, quiere eliminar
a las Naciones Unidas? El buscar una respuesta a esta interrogante
es más necesario que nunca. Antes de que sea demasiado tarde.
|
|