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Edición Nº 1787 |
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Fábrica
De Data
EN las instalaciones de la Comisión de la Verdad hay un área conocida como "la fábrica". Allí, en oficinas y cubículos modulares, las computadoras son ocupadas por jóvenes que se visten de acuerdo a su edad. "No comente en la calle las cosas del trabajo", se lee en un cartel. "Nunca se sabe quién está detrás suyo". La información que se produce en la fábrica es, en palabras de un funcionario de la Comisión, lo que hace "única" a la experiencia peruana. Según ésta, ninguna iniciativa similar contó con una base de datos que ilustre el proceso de violencia de un modo tan completo y factual. Desde que se inició el mandato de la Comisión en el 2001, un total de 16,885 testimonios fueron recogidos en todo el Perú. En un momento, se llegaron a movilizar hasta 600 personas en todo el territorio peruano y unas dos terceras partes de ellas se dedicaban a esta recolección. La CVR recibió reportes sobre 23,969 peruanos muertos y desaparecidos. Sobre esto se aplicó la Estimación de Múltiples Sistemas. Dicha metodología se utilizó en casos recientes como los de Guatemala y Yugoslavia. En primer lugar, se cruzó la lista de víctimas de la CVR con las denuncias ante el Ministerio Público sistematizadas por la Defensoría del Pueblo y las de las Organizaciones No Gubernamentales que fueron centralizadas por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. Sobre esos avances se utilizaron una serie de fórmulas matemáticas
complejas que permiten afirmar que el número total de muertos superaría
en 2.9 veces el obtenido directamente por la CVR. Esto significa un total
de 69,280 personas, con un intervalo de confianza del 95% y un margen
de error del 11.9%. Sin duda, la cifra abrirá un debate en torno
a la validez de la metodología empleada.
MUJERES Y NIÑOS El software adaptado para la Comisión fue diseñado por un equipo encabezado por el peruano Daniel Manrique. Según Fritz Scheuren, Phd, catedrático de la Universidad de Chicago y presidente del Grupo de Análisis de Datos en Derechos Humanos de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, "el programa que se utilizó es muy avanzado. Aquí hicieron propias las ideas básicas y las mejoraron. Lo triste es que se necesitará en otros sitios como Timor Oriental. Perú ha hecho una importante contribución a la comunidad internacional". Scheuren insiste en que su trabajo y el de sus colegas Jane Asher y Patrick Ball se limitó a certificar la objetividad de los procesos hechos para la Base de Datos. Al igual que él, Asher no escatima elogios para los peruanos que colaboraron con la CVR. "No conozco nada de la política peruana", comentó Asher. "Y la ventaja de traer gente de fuera reside precisamente en eso". La información consignada en el informe es bastante precisa. Por ejemplo, los hombres de entre 20 y 49 años fueron la mayoría de víctimas (más del 55%). Las mujeres de todas las edades, por otro lado, no llegan a sumar el 20% del total. Hay que recalcar que el 75% de las víctimas fatales mayores de 15 años conformaban un hogar propio. La viudez que afectó a tantas mujeres y las obligó a ser cabezas de hogar fue puesta en evidencia durante las Audiencias Públicas que la CVR organizó durante el año pasado en varias ciudades del país. Los números también diferencian los métodos para
matar. Si bien la violencia alcanzó en nuestro país dimensiones
masivas, también tuvo características selectivas. Un 68%
de asesinados -sin discriminar responsables- fueron ejecutados extrajudicialmente
en grupos de menos de cinco personas. La CVR recuerda que la Comisión
de Esclarecimiento Histórico en Guatemala halló que más
del 50% de personas asesinadas en las comunidades mayas entre 1969 y 1995
perdieron la vida en masacres de 50 o más personas.
Cuando en el Perú se dieron casos de violencia totalmente indiscriminada -matanzas, atentados con explosivos- figuraron entre las víctimas mayor cantidad de mujeres y niños. En promedio, cuando diez o más peruanos perdían la vida en una misma ocasión, un aproximado de 27% eran de sexo femenino y un 20% eran menores de 15 años. LO QUE NO CAPTURAMOS El sociólogo David Sulmont, coordinador de sistemas de información en la CVR, estuvo entre los sorprendidos cuando los primeros, abultados números, comenzaron a emerger. "Entré en estado de choque", dijo a CARETAS mientras los comisionados todavía ajustaban contra el reloj las conclusiones del informe final. "Sabía que, en algunos casos, las fuentes que se habían utilizado hasta este momento no eran del todo confiables. Pero aún así las diferencias numéricas eran muy grandes. Quería explicar porque sabíamos tan poco sobre la realidad. Es un importante momento de la historia que no capturamos". Fueron Sulmont y sus compañeros quienes acuñaron la frase "los peruanos que nos faltan". Hasta ese momento, el efusivo Scheuren se había limitado a describir la metodología que él avala en términos estrictamente científicos. Mientras Sulmont explicaba el significado de estas palabras, los ojos del norteamericano se humedecieron. "Los resultados de este trabajo han sido validados" -dijo luego- "y los procesos con los que se consiguieron fueron objetivos. Ahora es el momento de contarle al mundo". (Textos de Enrique Chávez)
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