Edición Nº 1787


 

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    ARTICULO

    29 de agosto de 2003

    Pasta Que Aplasta
    El drama de los niños de la pasta básica de cocaína (PBC), presentes en toda la cadena del tráfico ilícito de drogas.

    Transporte P.W (15) Un familiar lo usó como burrier para transportar droga de Huanuco a Lima. Der.: Atrapados por la PBC. 962 huecos de venta de drogas en Lima Metropolitana consumen a menores.

    Escribe GASTON AGURTO

    LA cadena de los menores peruanos comprometidos con el tráfico ilícito de drogas, acaba de completarse. En CARETAS 1689 se dio a conocer el primer eslabón: niños que participaban en las faenas de extracción de la hoja de coca en los valles de la selva central. Y ahora, niños y preadolescentes que transportan la droga hacia las ciudades de la costa. Niños que la distribuyen en las calles. Niños que la compran, la consumen y se vuelven adictos. Y niños que, desesperadamente, delinquen para conseguir más.

    La aparición de estos menores tiene que ver con que el Perú es, después de Colombia, el mayor productor de hoja de coca del mundo. En el 2002, según DEVIDA, 47,000 toneladas de hoja de coca producidas en el Perú fueron absorbidas por el narcotráfico local e internacional.

    "Era de esperarse", dice Gastón Rivera, de la ONG OPCION, "que los lugares de venta al menudeo se hayan propagado endémicamente. Hemos hecho un estudio con la Policía, el Ministerio Público y decenas de líderes vecinales, y hemos detectado 962 puntos de microcomercialización sólo en Lima Metropolitana". ¿Qué se está vendiendo en esos lugares? "Principalmente pasta básica de cocaína (PBC), la droga más barata del mercado (de 50 céntimos a un sol un envoltorio de 0.16 a 0.20 gramos). Fumada con tabaco tiene efectos psicoestimulantes y es geométricamente más adictiva que el clorhidrato de cocaína y la marihuana". Ahí no acaba el problema. En una encuesta de CEDRO realizada en el 2001 en diferentes colegios de Lima, Trujillo, Huancayo y Tarapoto, el 8% de la muestra, es decir 83,692 alumnos, declararon haber consumido esta droga, también conocida como pasta, pastel o pye, en algún momento de su vida. ¿Más detalles? "El 30% de los escolares de Lima y Trujillo, que tenían entre 12 y 16 años", informa Milton Rojas, de CEDRO, "declararon que conseguir drogas en el propio barrio era papayita".

    Con la alarma activada, pasamos a escuchar las historias de un puñado de menores vinculados a la PBC, con quienes nos reunimos, para mayor tranquilidad, lejos de sus barrios verdaderos, en un descampado del distrito de Caja de Agua.

    Delincuencia J.V. (14) Robó para fumar, terminó en Maranguita. Der.: Comercialización R.C.(13) Vende PBC en Barrios Altos y crece demasiado rápido. La droga al alcance de los menores. 30% de los escolares peruanos dicen que la pueden conseguir en el barrio.

    BURRIER INTERPROVINCIAL

    En el verano del 2001 una tía le dijo a Pedro W., que entonces tenía 12 años y vivía en la calle, que le pagaría 30 soles por acompañarla ida y vuelta al departamento de Huánuco. Obviamente no se trataba de un paseo campestre. La tía era una conocida distribuidora en los Barrios Altos (Cercado de Lima) y para Pedro ése era el inicio de su carrera como burrier.

    El viaje duró seis horas. Se registraron en un hostal cercano a la estación de bus haciéndose pasar por madre e hijo y luego fueron en taxi a una casa en las afueras de la ciudad. ¡Bienvenidos al hampa! Allí había una docena de personas, grandes y chicos, pesando un polvo blanco opaco y embolsándolo por kilos.

    La mujer metió algunas bolsas en una mochila de colores. Al día siguiente, en la mañana, vistió a Pedro con ropa de colegio, le puso la mochila al hombro y tomaron el bus de regreso a Lima. Volvieron a realizar juntos ese mismo viaje en varias oportunidades. ¿Qué estabas pensando? "Tenía miedo, estaba asustado, nos podían chapar". ¿Por qué lo hacías entonces? "¡Eran treinta soles!". ¿Y qué hacías con esa plata? "Compraba droga".

    "Los partes de detención de la Fiscalía Antidrogas", informa Gastón Rivera, de OPCION, "indican que son cada vez más los menores utilizados en el transporte de pequeñas cantidades de PBC, bajo la modalidad de tráfico hormiga desde las zonas de producción -Huánuco, Ayacucho y San Martín- hacia Lima y demás ciudades de la costa". Pedro ahora tiene 14 años. Los dos últimos los ha vivido expuesto a los peligros de la calle y fumando casi a diario. Si antes su inocente apariencia servía para despistar a las autoridades; ahora, al verlo desaliñado, sucio y con algunos cortes en el rostro, la gente preventivamente opta por no cruzarse en su camino.

     

    "Los limeños consumen al menos una tonelada de PBC al mes". Gastón Rivera, de OPCION.

    TODO SE COMPRA Y SE VENDE

    Vender PBC. Ese es el negocio de Rolando C. Un petiso de 13 años, cabello rapado y discreto cerquillo, zapatillas americanas y buzo deportivo una talla más grande al estilo hip hop. Rolando nació y se crió en la cuna del delito: en el callejón 'El Buque' (Barrios Altos), donde la gran mayoría de familias se dedica a la venta de drogas y a sus delitos asociados: robo, venta de objetos robados, prostitución. ¿Has probado Terokal? "El Terokal ya fue. Yo fumo pasta". ¿A qué edad empezaste? "A los nueve, un amigo del callejón me invitó y me gustó".

    Rolando está dando un peligroso paso adelante en la escalada criminal fomentada por las drogas. De correr de un lado a otro llevando paquetitos de pasta para los angustiados trashumantes de su barrio, acaba de enrolarse en una pandilla de unos 15 chiquillos de su edad. "Eso de vender uno o dos ketes por un sol, es para mocosos", dice. Estos chiquillos admiran a los prontuariados pasteleros del distrito -el 'Negro Bomba', 'Calichín' y 'Bebé'- y siguiendo su ejemplo se dedican a as altar carros en la zona comercial del Barrio Chino. Como aves de rapiña, esperan que los autos queden inmovilizados en las congestiones de las seis de la tarde, para caer sobre ellos rompiendo las lunas y arrebatando -aretes, lentes, teléfonos celulares, maletines y carteras- todo lo que encuentran en el interior. Para Rolando, la cuenta regresiva hacia Lurigancho ha empezado a correr.

    La PBC se fuma mezclada con cigarrillos (kete) o con marihuana (mixto). El ritual incluye alcohol para calmar la ansiedad de los altibajos. Der.: Adicción: M.M. (16), atrapada en el vicio.

    ADICTA AL PASTEL

    La de Meche M. es la historia de muchos niños de la calle. A los siete años huyó de las constantes y, para ella, incomprensibles golpizas de sus padres. Vagando sin rumbo, se encontró con un grupo de pirañitas que le enseñaron a inhalar Terokal para soportar el hambre y el frío, y para darse el valor necesario para arrebatar objetos de poca monta. Las mareas urbanas la llevaron a los submundos del Callao, a 'Los Barracones', donde fue adoptada por una gavilla de rameras de mala muerte y toxicómanos desnaturalizados. Fue allí que, abruptamente, se hizo una mujer adulta antes de cumplir los 12 años. "Me violaron entre varios fumones de los Barracones", dice casi sin inmutarse. "Después de haberlo hecho, me consolaron haciéndome probar pastel".

    Ahora Meche tiene 16 años, un hijo de un año de padre NN y demasiadas heridas sin sanar. De tanta droga no sólo está flaca, pálida y con los dientes careados, sino que ha desarrollado el temible síndrome de abstinencia, que se creía atacaba sólo a los toxicómanos incorregibles con varios años de trajín. Cuando deja de fumar por un par de días, se le seca la boca, sufre taquicardias, desarreglos estomacales, delirios de persecución (la noica) y temblores generalizados (la tembladera). Para no sufrir tiene que fumar. Ha quedado atrapada en un círculo vicioso.

    La historia de estos niños y, especialmente, la de Meche es tan conmovedora que le ofrecimos una caja de leche para su hijo. A Meche le brillaron los ojos. Pero quienes conocen de estos dramas nos advirtieron que cualquier donación es mejor hacerla directamente a quienes cuidan del bebé. Meche, como cualquier adicto no rehabilitado, es capaz de cambiar la leche por unos cuantos ketes.

     


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