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Edición Nº 1787 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Con Lula y Lulita
HIJA, no sabes lo bonita que estuvo la visita de Lula, pero te hablo del backstage porque me tocó, pucha, estar terquísima del chato, porque yo soy íntima de él y de Lulita, que es su mujer y que es re-gia, no te lo puedes imaginar: sobria, de pelo corto, no se pone nada folclórico encima aunque la mates, no se anda por el mundo hablando de los pobres indios y mucho menos trabaja en bancos que estuvieron vinculados a las mafias anteriores, yo sé que tu me entiendes y si no me entiendes eres una bestia. Un dulce la Lulita. Lástima que no pudo venir, pero la tuve al tanto de cada detalle porque estaba medio aterradona, hija, es que no hay hombre perfecto: a Lula lo matan las cholas, es capaz de entregar el Mato Grosso entero a cualquier petrolera a cambio de una de esas chicas que tú ya sabes, con cerquillo rizado para arriba, blujin apretado, estudios de computación y ese clásico e inconfundible poto peruano que hija, tiene como parlantes añadidos encima de los muslos y que a los hombres los hace enloquecer. Por eso, hija, yo a cada rato la llamaba a Lulita a tranquilizarla y de paso, pucha, a pasarle unos chimentos de ésos que sólo se entienden entre GCU, no sé si me comprendas. Me acuerdo que la noche de la cena de gala en Palacio, pucha, tuve que levantarme varias veces porque el celular no paraba. No te voy a decir con demasiada precisión qué era lo que más le interesaba a Lulita, -para que después no me vengan a decir que ya paré la mano con la loca- pero sí te voy a resumir mi respuesta, ¿sí?: "Mira Lulita, no te preocupes por tu marido, no tendría tiempo de cepillarse ni a una biónica eléctrica porque el cholo le ha hecho un programa que sólo de mirarlo a mí me da várices, así que pasemos rápidamente a otro tema. Mira, puede, o sea, que mi visión de las cosas esté demasiado sesgada por mi clasicismo Tudela pero hija, la que te imaginas se nos puso encima todo el folclore junto, qué más te puedo decir, parecía un stand de artesanía peruana en una feria de exportaciones no tradicionales. Tenía una especie de túnica ya ni siquiera precolombina sino paleolítica, hija, de tanto dibujito rupestre que se había mandado bordar. Debajo, una falda ho-rri-ble, estilizada del modelo que usan las recolectoras de choloque en la zona cálida del Ampay, que a ellas les quedan regias porque están diseñadas para trabajar, pero la quetejedi hasta donde yo sé trabaja para el Banco Wiese y la CAF y para sentarse en un escritorio no necesita que la falda sea de bayeta cruda con un cuenco al centro que en sus orígenes se diseñó para transportar semillas, no sé si me entiendes. Oye, si te aburro avísame porque tú sabes que con este tema yo puedo dar conferencias... ¿estás encantada? Bueno, hija, me alegro tanto. En fin, lo demás, completamente olvidable, salvo que a la copiosa cabellera color incendio forestal en Machu Picchu, le ha añadido últimamente unas cachuflas que le asoman encima de los hombros, hija, que si fueran negras yo te diría que estaríamos asistiendo a una consubstanciación del Señor de la Caña que había en la hacienda de mi abuelita Loveday entre Puno y Arequipa y que ahora es un fracaso típico de las empresas colectivistas, cómo te explico... Ay, Lulita, me están mandando a llamar para el brindis de honor, hija, más tarde hablamos porque me falta todo el capítulo referente al modelan de marido que se maneja, y el discurso que se mandó de entrada nomás, que empezaba con un 'os momonto do onor los monos sodomoroconos on on solo orgonosmo quo nos soquo odolonto con los vonos onodos o on solo corozon', y el pobre de tu marido, no sabes, hacía unos esfuerzos realmente cariocas para no cagarse de la risa pero en fin, todo sea por el fortalecimiento de la subregión, ¿no te parece? Me llamas...Chau, chau." . Pero hija, déjame decirte que realmente Pachi, ahí donde lo ves, cholo, feo, retaco, huachafo, mentiroso y trolaloca, pucha, consiguió la firma del MERCOSUR, ¿te imaginas lo importante que es eso? Bueno, si te lo imaginas, escríbeme porque francamente, o sea, yo no le veo la gracia a que de ahora en adelante vayamos a tener que comer alcaparras colombianas en lugar de filipinas; a zamparnos bronceadores brasileños en lugar de los franceses que toda la vida he usado, porque si algo me queda mal a mí en esta Tierra, es el bronceado tipo mulata, no sabes, parezco una aculturada sin plata. Encima, pucha, volverá la carne argentina, que a mí me da unos gases horribles. Ahora, si al Perú le hace bien y vamos a endilgarles a los otros latinoamericanos nuestros espárragos insípidos y nuestros mangos injertados con papaya, regio, que eso beneficiará a los pobres y los pobres son lo mejor que hay en el mundo, ¿no te parece? Chau, chau. (Rafo León).
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