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Edición Nº 1787 |
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Jarana de Color
CORRIENTE literaria, ideología política y escuela pictórica, el indigenismo tuvo a uno de sus más ilustres representantes en Camilo Blas. Nacido en Cajamarca hace un siglo y bautizado como José Alfonso Sánchez Urteaga cambió su nombre para "separar al abogado del pintor" y para convertirse en uno de los mitos de la plástica local. Sí ganaron su obra la interpretación de los paisajes y personajes serranos y su particular mirada del ritmo exaltado de lo popular -tanto en el Ande como en la costa- donde se yuxtaponen la fiesta, el desierto y los vívidos retratos. La muestra antológica que ahora se presenta bajo la curaduría de Elida Román se complementa con una conferencia dictada por ella y otras tres por Mirko Lauer, quien en el siguiente diálogo nos señala sus puntos de vista sobre el movimiento y el pintor: -¿El indigenismo está caduco? -No en el plano artístico. Como tampoco lo está la vanguardia. En términos políticos y de historia de las ideas el asunto es diferente. Chiapas, los movimientos políticos ecuatorianos y los aimaras en Bolivia cuestionan lo que se tomaba como certezas. -Blas recordaba mucho sus años de bohemia en compañía de Mariátegui y Haya de La Torre pero también afirmó que luego vino la política y lo fregó todo. -Esa es una frase de una exactitud terrible porque la línea
divisoria entre la política y el arte era muy drástica.
Los pintores creían que les bastaba la ideología artística
para participar activamente en el proceso social.
-Corrigiendo a muchos él también señaló que no se consideraba un indigenista sino un peruano nacionalista. -Sucede que los detractores tenían muy presente que lo de indigenista era una chapa estampada por sus rivales. Entonces Vallejo, Blas y el mismo Arguedas, lo niegan porque fechaba históricamente, ubicaba etno y geográficamente y porque de alguna manera la palabra "indigenistas" es una palabra hispanista. -¿Entonces estaba mal empleada? -Bueno es un problema de costumbres y de hegemonía cultural. Evidentemente había un grupo con capacidad de imponer la palabra a los pintores. Nadie ha llamado a los seguidores de Antonio Machado o de la Generación del '98, "hispanistas" en el Perú porque probablemente tenían más amigos en los periódicos. Para bien o para mal, la prensa muchas veces crea la verdad. Y en lo que toca a bautizar, compiten con los curas. (JCM).
La Verdad y El País
DON Martín Aguirre Gomensoro (65) tenía 19 años y pocas ganas de acabar sus estudios de leyes cuando empezó a laborar en el diario uruguayo El País, como se escriben las buenas historias, desde abajo. Convertido en director varios años más tarde, bajo su tenaz batuta El País es uno de los medios más influyentes de su tierra. En su primera visita al Perú acudió invitado a una ronda de conversatorios sobre periodismo y democracia; buenos motivos que por desgracia le impidieron visitar Machu Pichu. Conversamos acerca de la especial coyuntura que le tocó presenciar entre nosotros. -Sr. Aguirre, nuestra Comisión de la Verdad ha sido vilipendiada hasta el hartazgo por diversos sectores. ¿Qué papel le toca jugar a los medios en coyunturas como ésta? -Estaba leyendo que había cifras de 60,000 muertos, la mayoría quechuahablantes. Lo primero es informar en la forma más objetiva y amplia posible. Después valorarlo en su dimensión: si [el informe de la CVR] es un documento facilitador, que ayuda a cerrar heridas, hay que seguir adelante y apoyarlo. Nuestro gobierno creó una Comisión para la Paz, con el claro propósito de generar lo que el presidente llamó "Estado del Alma", a lo que se llama [en Perú] "reconciliación". Y hubo gente que no entendió, que pensó que la labor de la comisión era traer rencores a flor de piel. -¿A quién se responsabilizó finalmente? -Al ejército, a los mandos militares en sus tres ramas. Los cuerpos [de los desaparecidos] los quemaron y los tiraron al río. -¿Hubo cargos políticos? ¿Algún partido se dio la mano con ellos? ¿La Iglesia Católica? -No, ninguno de ellos. Fue estrictamente responsabilidad militar. Todos fueron muertos por tortura. La Comisión trabajó entre 2002 y 2003, y hace pocas semanas que se publicó su informe. Tuvo el apoyo de la ciudadanía, e incluso de los familiares de los desaparecidos. Se valoró el esfuerzo y la intención del gobierno de generar un estado de tranquilidad espiritual. Los que no estaban contentos eran los militares, obviamente. Yo siempre creo en la intención final, en el resultado final. Si no hay dobleces, si no hay subjetividad en el tema, me parece que todo el trabajo resulta muy positivo. (S.M.)
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