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Edición Nº 1788 |
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Una Verdad Más AL fin de cuentas, no debiera extrañar que el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación haya generado una ola de quejas y de recriminación. La última carátula de CARETAS era una ilusión optimista. Por un lado están los afectados, por otro los bobos, los histéricos(cas) y los fascistas. También está cierta prensa que, enraizada en el régimen anterior, no pierde ocasión para demostrar que todo lo actual conduce al caos. Y finalmente están ciertos deslices en la exposición de la CVR que bien se pueden discutir serenamente. Pero, en el fondo, lo que sucede con ejercicios de aproximación a verdades dolorosas es que ingresan en terreno sensible, emotivo y paradójicamente incierto, sobre todo cuando juzgan el comportamiento. "La verdad al ciento por ciento, dice Sigmund Freud, existe tan poco como el alcohol al ciento por ciento". Y hay otros pensadores que complican aún más el tema. "La verdad desnuda no es toda la verdad", opina Jean Dolent. "Si los hombres, una vez que han hallado la verdad, no volviesen a retorcerla, me daría por satisfecho", se queja Johann W. Goethe. "A una verdad le añaden muchos ceros", observa Tirso de Molina con premonición. Y también vale recordar un consejo de Píndaro que resulta particularmente adecuado en las actuales circunstancias: "Cuando lances la flecha de la verdad, moja la punta en la miel". Quizás lo que está faltando es algo más de comprensión, no con los asesinos a sangre fría o con quienes fueron indiferentes al drama de los más desposeídos y afectados, sino con aquellos que, confrontados con una crisis de dimensiones desconocidas y proyecciones aterradoras, buscaron soluciones a tientas, cometieron sólo errores y no merecen el baldón de la vergüenza. Esa también es una verdad.
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