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Edición Nº 1788 |
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UNO se decía, hasta hace unos pocos días: ¡cuándo terminará el verano!, refiriéndose a este particularmente asfixiante estío que se ha sufrido en Europa, y en particular en Madrid. Pero como todo es efímero en esta vida, hoy que parece haber súbitamente acabado y la temperatura descendido algo al menos, mucho me temo que habrá quien lo añore (los que aprovecharon para irse de vacaciones a la playa, por ejemplo). Yo no, por cierto, aunque la ciudad haya perdido el aura de lugar abandonado que tenía hasta hace poco, cuando, si no fuera por la temperatura imposible de soportar, lo ideal hubiese sido salir a caminar por las calles solitarias. Hoy por hoy, primero de setiembre, todo parece haber vuelto a la normalidad y, como bajar al metro ha vuelto a hacerse posible, volvemos a encontrarnos con la misma muchedumbre, algo más relajada eso sí, porque la mayoría viene de las playas. ¿Cuándo terminará el verano?: pues muy pronto. En Madrid hasta los pordioseros (que los hay, sí los hay) se fueron de vacaciones. Como aquel zarrapastroso, que ni pide limosna porque con el aspecto que tiene no necesita hacerlo (la gente se la da con sólo verlo) que se ubica todos los días frente a un supermercado cercano a casa o, aquel algo menos desaseado que lo hace frente a otro, ambos se fueron de vacaciones y al igual que las tiendas y comercios que habían cerrado y ahora reabren sus puertas, ellos están de vuelta para recibir limosna otra vez. No sé a donde habrán ido a veranear, pero sospecho que ambos son la versión moderna de aquella película de los 50 titulada Que Dios se lo pague, protagonizada por Arturo de Córdova. De repente me voy a hacer amigo de alguno de ellos para ver si me invita a su residencia de Marbella en las próximas vacaciones. Nunca se sabe. Por mi parte, regresando de mi huida del calor, luego de haber disfrutado de las frescas aguas del Mediterráneo y de la compañía de mis personas queridas en Sète, al sur de Francia, luego de un día de descansar de ese descanso, enciendo el televisor a las 7.30 de la mañana para escuchar las noticias, y la primera imagen que aparece es la del presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Salomón Lerner Febres, presentando y entregando en manos del presidente de la República, Alejandro Toledo, en Palacio de Gobierno, los ejemplares del Informe de la CVR que tanta controversia han producido últimamente. A simple vista el Informe era voluminoso, como voluminoso, arduo y difícil ha sido el trabajo de la Comisión de la Verdad, para averiguar lo que pasó en el Perú a raíz de la guerra desatada por Sendero. Y sé por lo que leo, que ese Informe parece haber dividido al Perú (otra vez) entre los que están en favor de la verdad (¿qué mejor que estar en favor de la verdad?) y aquellos que quieren que nada se sepa (¿qué peor que eso?). Yo me pregunto, luego de la Segunda Guerra Mundial, claro que hubo gente que estuvo en contra del Tribunal de Núremberg pero ¿quiénes, sino los nazis hubiesen querido ocultar los crímenes de guerra?. La CVR no es siquiera un Tribunal, ni tiene capacidad de enviar a nadie al cadalso o a la cárcel, sino es tan sólo una comisión que ha emitido un informe revelando mucho de lo que pasó. Nadie en su sano juicio (esto último no reza para los prosenderistas, por cierto) intentará atribuirle a las fuerzas armadas crímenes de lesa patria, como los cometidos por Sendero, pero si se cometieron excesos éstos tienen que conocerse, para que no vuelvan a ocurrir. Es hora de que los peruanos aprendamos de la historia. Como lo señalé hace poco: sólo la verdad nos hará libres. Por algunas de las cartas dirigidas a CARETAS me entero que Arequipa, encabezada por su alcalde o por el presidente de la región, sigue empeñada en una guerra arbitraria y absolutamente necia contra el presidente Toledo, y hasta el momento parecen no percatarse -ciudad y dirigentes- del enorme daño que se han hecho cuando tomaron la determinación de oponerse a la privatización de la empresa eléctrica local, destruyendo en dicha ocasión todo lo que les vino en gana, incluyendo el balizaje del aeropuerto. A ellos sí que la historia no los absolverá. Perú al pie del orbe, diría Vallejo, si hubiera podido escuchar la exitosísima presentación del tenor peruano Juan Diego Flórez en el Auditorio Kursaal de Santander, país vasco, España, el domingo pasado. La suya fue casi una presentación peruana, porque allí estuvo representando al Perú el embajador Fernando Olivera, quien llevó el consabido y ya emblemático pisco sour, que sirvió para animar la tertulia luego de la presentación del tenor peruano, a la que asistió también Laura Arribas, la dinámica peruana que dirige la Asociación ProPerú (no confundir con PromPerú), ONG que ayuda muy efectivamente a diversos pueblos peruanos. La presentación de Juan Diego Flórez culminó con La Flor de la Canela, casi casi el himno limeño por antonomasia. Con la irresponsabilidad que cabía esperar de ellos, los presidentes apristas de regiones están llamando, según me entero por La República, a un paro del que esperan obtener prebendas imposibles, al punto que el racional presidente de la región Lambayeque, Yehude Simon, independiente, alerta sobre ese llamamiento porque, dijo, "sería demagógico insistir en pedir más dinero al Estado". Por su parte, el presidente da la región Loreto, Robinson Rivadeneyra, calificó la propuesta de "forzada, inviable y no consensuada". Algo que parece inconcebible es que Estados Unidos, es decir Bush, quien desoyendo la opinión de diversos países, como Francia y Alemania, y dándole la espalda a las Naciones Unidas, invadió Irak apoyado por Inglaterra, destruyendo todo lo que pudo las infraestructuras de ese país, sin embargo, ahora esté haciendo un llamado a las naciones para que colaboren en la reconstrucción de lo que ellos demolieron. ¡Qué tales riñones!
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