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Edición Nº 1789 |
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NUESTRO corazoncito patriotero sufre y grima cuando se entera de una noticia, que tiene, como muchas, dos lados, uno bueno y otro malo: En este mes inaugura sus vuelos a Madrid la línea Lan Ecuador (buena noticia). Lo malo es que sea Lan Ecuador y no Lan Perú, porque la llegada de una línea a un destino tan importante para la difusión del turismo es casi fundamental. Gracias a ello el turismo ecuatoriano se verá evidentemente beneficiado y nosotroos estaremos, otra vez, en la cola (al fondo ya no hay sitio). Lo bueno de esa mala noticia es que Lan Ecuador vuela con precios reducidos, y así no va a importar que muchos de los peruanos que utilicen esa empresa vayan a tener que soportar estoicamente una hora en el aeropuerto de Guayaquil, tanto a la ida como al regreso. Y claro que mucho más nos hubiese gustado que fuera Lan Perú la que llegara por acá. ¿Y ahora a quién le echamos la culpa?. Quizá podríamos, siguiendo lo que ya se ha hecho costumbre, echarle la culpa a Toledo. Porque la verdad es que desde que empezó este gobierno -cuyos errores no desconozco, por cierto- la moda usual es la de achacarle al Presidente de la República todos los males de esta tierra, tal vez para apuntalar la derruida imagen de su antecesor en el cargo. Al punto que el principal columnista de un diario nacional señaló hace poco que a nadie en el Perú se le ha ocurrido hasta ahora ser abanderado del presidente que, salvo Luis Solari cuando era Primer Ministro, no tiene quien lo defienda. La moda es darle palo al cholo, aunque sea por interpósita persona de sus hermanos y parentela (hace poco se desató un inusitado ¿o consabido? escándalo, con titulares a todo dar en ciertos periódicos, en el que se acusaba al hermano de Toledo, Anatolio creo, de participar -y llevarse la suya, lo que estaba implícito en la seudo noticia- en la compra de las fragatas para la Marina peruana). Lo que resultó, una vez más, ¡rotundamente falso!. El señor Anatolio Toledo era, o es, un simple empleado o funcionario más del SIMA, y no tenía, ni aparentemente tiene, ninguna posibilidad de participar en dichas adquisiciones, según se encargó de demostrar la propia Marina de Guerra. Pero la "noticia" ocupó la atención de la prensa durante días, hasta ser rotundamente negada y luego desvanecerse. Hasta la próxima. La primera vez que llegué de turista a España -no harán más de 10 años-, era de matarse de risa escuchar a un español tratando de hablar en inglés, idioma que no solo detestaban sino que, por eso, parecían incapaces de hablarlo. Hoy en día las cosas han cambiado radicalmente, no sé si será por influjo de la cantidad de McDonalds que desde entonces se han abierto en toda la península, y ahora hay una gran cantidad de nativos que dominan el inglés. No el pueblo de más abajo, los obreros por ejemplo, sino su vigorosa clase media y los jóvenes, al punto que hace un tiempo asistí en la Universidad Complutense a la conferencia que dictó allí un premio Nóbel norteamericano especializado en el desarrollo y funciones del cerebro y, pese a contar con aparatos auditivos para interpretación simultánea, fui yo uno de los pocos que en el colmado auditorio los utilizó. Es que dominar idiomas es un símbolo de desarrollo y progreso. Lo digo yo que en ese aspecto (¡y otros! dirán aquellos que suelen mortificarse por algunas de mis opiniones) soy casi un analfabeto, un hombre de la Edad Media o de Cromagnon. ¡Vergüenza!. Conté en esta página sobre el corto viaje de vacaciones que hice a Francia. Nada más cruzar la frontera descubrí algo que divide en forma irreconciliable a España y Francia (no será de gran importancia, pero se me antoja revelarlo): la utilización de la cortina de ducha. Mientras que en España la han adoptado y hasta ahora no he visto baño de casa u hotel que no la tenga, en Francia, con empecinamiento que pone en duda a la propia Ilustración, se niegan a utilizarla, obligando a todos aquellos que influidos por esa costumbre -probablemente producto del brutal capitalismo norteamericano- tienen la extraña costumbre de ducharse todos los días, a tener que secar y escurrir el piso luego de hacerlo. Claro que si uno se baña una vez a la semana el problema no resulta serio en verdad, seamos sinceros. Una autocorrección: La brillante presentación de Juan Diego Flórez, el célebre tenor que prestigia el nombre del Perú en el mundo entero, no fue en Santander sino en San Sebastián, siempre en el país vasco. El famoso auditorio Kursaal, que estuvo lleno a rebozar, se encuentra allí. Me llega una comunicación informativa turística sobre el Perú en la que se incluye una extraña palabra: sponsorizar, en vez de esa tan simple que es auspiciar. Yo sponsorizo, tú sponsorizas, él sponsoriza, nosotros sponsorizamos, vosotros sponsorizáis, ellos sponsorizan. ¡A la pucha!. (¿Quién sponsorizará tamaño atropello contra el idioma?). Probablemente este comentario llegará tarde, pero tanto el paro al que convocan los presidentes regionales apristas como la negativa de ese mismo partido a otorgar facultades a la primera ministra, Beatriz Merino, serán una constancia pública de quienes buscan dificultar, o hacer imposible, la marcha del país. Alguien debería escribir de una vez por todas acerca de la negativa actuación aprista en diversas etapas de la historia nacional, en todas las que se han sobrepuesto los intereses partidarios a los de la nación. Señalando también aquellas en las que su intervención haya sido positiva. De existir, claro.
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