|
Edición Nº 1789 |
||||||||||||
|
|
||||||||||||
|
|
Reincidencia en La Tierra SI la poesía busca algo es trascender. Trascender el papel, la tinta, el tiempo, el idioma y el espacio. Liberar a la palabra para que nuevas ideas y sentimientos la vuelvan a encadenar y logren esa apariencia de novedad y originalidad al cantar sobre esos temas inevitablemente han seguido y seguirán, como la sombra en un día soleado, el caminar del hombre. Y eso fue precisamente lo que logró Pablo Neruda (Parral, 1904), quien desde temprano supo que la única forma de ser universal es siendo particular. Y él lo hizo con la emocionante naturalidad de un infante al dar su primer paso o -mejor aún- al verbalizar su primera necesidad. Ello no impidió una amplitud de temas que por supuesto recrean más que los versos amorosos recitados por escolares y jóvenes amantes. También hay desgarramiento, vuelo superrealista y hondo compromiso social. Porque sus versos son las líneas de un diario íntimo que sin impudicia, hizo público: "Si ustedes me preguntan qué es mi poesía debo decirles: no sé. Pero si interrogan a mi poesía, ella les dirá quién soy". Y en ese periplo vital, Lima y el Perú siempre le atrajeron por la estima de sus gobernantes, la amabilidad de sus ciudadanos, el sabor de sus comidas y los pisco sours (en vaso grande) que le agradaba beber en el Hotel Bolívar. Sin embargo, la visita que más nos ha hecho patente esa trascendencia
de la que hablamos al principio, fue la realizada en 1943: invitado por
Manuel Prado el vate sureño aprovechó la ocasión
para conocer el Cusco. Acompañado por el Dr. Uriel García
y por el poeta Luis Nieto no lanzó ninguna muestra de grandilocuente
admiración ante el espectáculo arquitectónico sino
que por el contrario apuntó un mutismo que después de algunos
años transformaría en majestad lírica en "Alturas
de Machu Picchu".
En el '66 tambien visitó el Perú y lo que produjo fue una verdadera apoteosis de admiración: se entrevistó con Belaunde, recibió la Gran Orden de El Sol en el grado de Máximo Oficial en Torre Tagle y se presentó en el Teatro Municipal donde según Caretas 335 los revendedores cobraban hasta 300 soles por una butaca de platea, además de provocar ovaciones estudiantiles, nubes de fotógrafos, páginas de comentarios y editoriales. Todo ello incitó a que Ciro Alegría sentenciara que habíamos vuelto a los tiempos de los bardos. En la misma edición, Mario Vargas Llosa escribió que "el más alto poeta vivo de nuestro idioma ha alcanzado una especie de estrellato mítico universal semejante al de ciertos líderes políticos o de algunas figuras del cine..." La última vez que Neruda pisó suelo peruano fue en 1970. En beneficio de los deudos y damnificados del terremoto en Ancash del año anterior, se presentó en el Colegio Santa Ursula. En Caretas 419, César Lévano escribió que al concluir el recital un poeta de estética antinerudiana como Carlos Germán Belli comentó: "Nada que hacerle. Es un poeta soberano". En el mismo texto, Neruda esclarece la relación fraternal que tuvo con César Vallejo y reseña su diálogo con Velasco sobre los presos políticos Héctor Béjar y Hugo Blanco. El año anterior, 1969, Neruda había aceptado ser candidato presidencial del partido comunista consiguiendo una gran aceptación popular. Sin embargo, al año siguiente, optó por renunciar para dejarle el terreno libre a Salvador Allende, quien constituyó el primer gobierno socialista elegido por el voto ciudadano. El autor de "Canción de gesta" partió a París como embajador, en 1971 obtendría el premio Nobel de Literatura y un año después regresaría a Chile con el cáncer en el cuerpo. El 11 de setiembre de 1973 Pinochet toma la Casa de la Moneda y asesina al Presidente. El poeta fallece doce días después. Y entonces comenzó otra historia. (J. C. M.).
Vida y Muerte UNA de las primeras cosas que nos dice es que estos años han sido críticos porque "los artistas siempre pasan por una crisis que no es necesariamente creativa". Sin embargo, la artista logró madurar las ideas que hoy están al descubierto en "Las Horas, del vacío al instante". La muestra dividida en dos partes: la muerte y la vida. El primer concepto, es desarrollado a través de unas "caracolas" o círculos cósmicos que producen una sensación de "lleno y de vacío" a la vez, degenerando en el lado oscuro, en el uso de una sola imagen que aparece constantemente: El círculo. Por su parte el segundo concepto, es aquel que a través de colores llamativos descubre el "follaje" de los instantes que Clo pasó en diferentes momentos y lugares, trabajos que llegaron a ser terminados en una o dos sesiones de 2 horas cada una y que utilizan como fondo el estado original del soporte. Así, con un lenguaje abstracto -figurativo particular retoma los temas del "no espacio" en 33 cuadros que buscan reflejar una sensación de vida. Desde el 11 de setiembre en la galería Lucía de la Puente de Barranco.
|
|||||||||||
|
|
||||||||||||