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Edición Nº 1791 |
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A Todo Tren El propio Hiram Bingham no soñó que se pudiera llegar a Machu Picchu así.
EL 20 de octubre se inaugurará formalmente un servicio especial de tren a Machu Picchu. La empresa Perú Rail, vinculada a la británica Orient Express, ha traído vagones especiales construidos en Sudáfrica; los ha acondicionado y les ha puesto el nombre de Hiram Bingham. El viajero, sin embargo, no pasará las relativas penurias que acompañaron al arqueólogo norteamericano en 1911 cuando descubrió para la ciencia la afamada ciudadela, sino que llegará a cuerpo de rey, a cuerpo de inca. Perú Rail lleva a Machu Picchu un promedio de 1,000 turistas al día cobrando pasajes que varían entre 4 dólares y 80. El servicio Hiram Bingham, en cambio, costará 350 dólares más IGV por persona y en tren privativo compuesto de uno o dos vagones comedor, un vagón bar y otro ocupado exclusivamente por una cocina de hotel cinco estrellas y un generador gigante, transportará seis veces a la semana entre 42 y 84 pasajeros solamente. Existe, según parece, un mercado internacional marcado para este servicio de lujo y, después de las pruebas que vienen haciendo con grupos locales, es evidente que también tendrán clientela nacional. El tren sale a una hora razonable -9 de la mañana en lugar de las 6 ó 7 usuales. Los pasajeros son transportados en bus desde el Cusco o el aeropuerto a la estación Poroy, con lo que se reduce el viaje a Machu Picchu a 3 horas y media. Después de un `brunch' en el tren, se llega así a la ciudadela cuando la mayoría de los turistas están partiendo de vuelta, y se la puede recorrer y observar el ocaso andino mas en solitario. El precio, por cierto, incluye todos los consumos del día, incluyendo a los guías y las atenciones en el albergue de las ruinas. Los vagones son más grandes que los usuales y el coche bar, con paneles de madera, lleva todo tipo de licores -incluyendo Johnny Walker rojo, negro y azul. Hay ciertos aficionados -y no se hacen aquí insinuaciones políticas- que podrían tomarse el costo del pasaje en ruta. Al volver de noche después de pasar por Aguas Calientes comprando artesanías, sirven en el trayecto un banquete de cuatro platos. Hay música a bordo y se permite también dormir y soñar.
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