Edición Nº 1791


 

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    ARTICULO

    25 de setiembre de 2003

    Jiménez con Jale
    El joven torero lidera el escalafón y llega a Acho a encerrarse con 6 toros.

    Por el MARQUES DE VALERO DE PALMA

    LA feria que se nos viene tiene un protagonista fundamental que es César Jiménez. César Jiménez se nos coló de rondón el año pasado, en una feria en la que El Fandi se nos aparecía al principio como la atracción del momento. Pero César Jiménez acabó triunfando, adueñándose del Escapulario y haciendo historia del toreo en Lima. Historia de la grande. Toda una gesta de valor. El "veni, vidi, vinci" cesariano se queda corto con ese "llegué, vi y asusté" que nos endilgó el torero de Fuenlabrada, ya que fue dramático lo que ocurrió en Acho el año pasado.

    Fueron circunstancias épicas buscadas por un torero que tenía entonces dieciocho años de edad y cinco meses de alternativa en su haber. De un torero que quiere darse a conocer y demostrar quién es a pesar de su corto bagaje experimental. De un torero que deja el alma en el albero, en un desafío absolutamente feroz consigo mismo para acabar visitando las tres tardes, de una u otra forma, la enfermería de la Plaza. Y con el valor y el dramatismo y el arte a flor de piel llegó el triunfo. Y por los corrillos taurinos de Lima el nombre de César Jiménez andaba en boca de todos. Y así empezaba la leyenda. Y ese triunfo tan redondo que alcanzó en Lima el torerito en cierne que era por ese entonces César Jiménez lo catapultó a la primera dimensión del toreo. Y fue así porque Lima fue la corona de laurel que cubría un año difícil. El año en que se dio a conocer. El año en que rompía como torero. El año en que se encontró a sí mismo.

    Bueno. Bien. Pues si Lima fue el lugar en donde la autoestima de César Jiménez alcanzó vuelos etéreos, ahora, en Acho, un año después vuelve a presentarse Jiménez, ya totalmente cuajado, como el mejor torero del momento. Y viene a presentarse encerrándose con seis toros y anunciando de esta manera que la epopeya del susto continúa. Nuevamente el drama. Y es el mejor torero del momento porque hoy, cuando usted lee esto, encabeza, con El Juli, la estadística taurina por corridas toreadas, aunque también es puntero, y esto importa más, en número de apéndices cortados, pues al 1 de setiembre llevaba 118 orejas y 3 rabos contra 104 orejas y 1 rabo de El Juli. Cifras cantan. La leyenda continúa. Para César Jiménez Lima es crucial. ¿Por qué pienso que es así? Pues porque él lo siente así. Y es lo que se desprende de su exigencia de encerrarse en Lima con 6 toros 6. César Jiménez vuelve este año a Lima a olearse, sacramentarse y bañarse en autoestima. Un alto en el camino. Una estación obligada. La prueba. El palenque. La arena. El doctorado honoris causa. La reflexión. ¿Hasta dónde puedo llegar? El compendio de una temporada. El resumen. ¿Dónde estoy? ¿Qué es lo que he hecho? El regodeo mental del año en que se convierte en figura. La lucha. ¿Hasta dónde...? Lima viene a ser el Vaticano, la Meca o el Qom de la religión taurina de este torero. Un lugar de peregrinaje. Un lugar para medir fuerzas, renovarlas y aceptar riesgos futuros. ¿Hasta dónde...? Una cosa quedará clara para él: en su segundo año de alternativa ha alcanzado la cima, se ha convertido en figura y el año que viene va a tener que pelear por ser indiscutiblemente el número uno. Ese es su reto y con la necesidad de averiguar las formas y maneras de atacar y ganar en este reto entendemos el por qué de la venida de César Jiménez a Lima. No olvidemos que Lima no es una feria, sino una temporadita y que los toreros, domingo tras domingo, pueden llegar a estar casi un mes en la ciudad. La atracción por Lima la sintieron sus toreros predilectos: Antonio Galán, quien ya no está entre nosotros, José Mari Manzanares, retirado y Vicente Barrera, en activo y que nos vuelve a visitar este año. César Jiménez viene a completar este póquer de ases de amantes correspondidos por la Ciudad de los Reyes.

    Antonio Galán, Jose Mari Manzanares, Vicente Barrera y ahora César Jiménez, son los toreros que han tenido un vínculo especial con Lima. El último aquí en hondo muletazo. Der.: A su probada valentía, Jimenez suma el pellizco de la plasticidad. Afarolándose en Acho.

    Este año ha sido duro para el torero. Ha toreado con los mejores, con Ponce, Juli, Fandi, etc., y en la mayoría de ocasiones ha ganado. Y ha ganado porque ha mantenido una regularidad fantástica a lo largo de toda la temporada. Y esto de la regularidad la analiza el torero en una entrevista a Mundotoro de la que extracto: "El valor se fundamenta en la técnica, el valor de la razón no el del coraje de una tarde. Sin técnica no se puede tener el valor suficiente para mantener una regularidad tarde tras tarde". Así que Jiménez ha alcanzado este año una superación técnica que lo califica como un torero sumamente inteligente. Pero nosotros el año pasado lo vimos en su dimensión artística de recibir al toro y tirar de él con mucha suavidad, colocándolo en jurisdicción óptima; también lo vimos bajando la mano como casi nadie lo ha hecho; y lo vimos recortando el pase para erguir la figura en algunos momentos y torear con desmayo, al desgaire, gustándose, recreándose en el momento, durmiéndose en la difícil facilidad, alcanzando el clímax extrasensorial de la comunicación directa con el toro. Lo vimos belmontiano puro. Quieto. Clavado en la arena. Con ausencia de toreo de pies y de joselitismo, aunque en algunos momentos nos recordara a Ponce y su sabiduría congénita. Lo cual nos indica que este año vamos a ver a un César Jiménez más evolucionado, con más técnica y poder y menos falibilidad, pero con toda la estética intacta.

    También ha avanzado y rizado el rizo en el camino del toreo espectacular. El año pasado lo veíamos clavándose en la arena de rodillas y citando al toro desde lejos. Lo cual sorprendía y asustaba a la gente. Este año lo podremos ver (pues ya lo ha hecho en muchas tardes) recibiendo de muleta al toro, de lejos, con los pies juntos cubiertos por la montera, y dando pases cambiados por la espalda. Pies juntos. Cubiertos por la montera. Tanda de pases. La inmovilidad absoluta. ¡Oh Dios! Y lo que se convierte en algo mucho más riesgoso, espeluznante y espectacular, el recibir al toro con la capa, tocándolo por primera vez, con toda la fuerza de la salida, a base de chicuelinas sucesivas. ¿Chicuelinas sin tocar al toro? ¿Es esto factible? ¿Dónde queda la técnica? ¿Queda ésta ahogada por el valor? Pues la técnica debe jugar un papel muy importante ya que el torero sigue vivo. Aunque con estas chicuelinas este año, en Almería, al dar la octava chicuelina a un toro de salida, éste le propinó una tremenda paliza, de la que salió indemne por milagro del Cielo.

    César Jiménez viene a Lima. César Jiménez se presenta con seis toros en la tercera de feria. Viene a coronar la temporada y a encerrarse en un retiro taurino de ejercicios espirituales de alto riesgo. Viene a otear el horizonte que se avecina, el de su tercera temporada como matador, y a intentar entrar en la historia de los números unos del toreo por derecho y voluntad propias. Que lo consiga es lo importante. Lo que sí está claro es que, en la historia de este torero, Lima va a ser testigo privilegiado y fundamental de su esfuerzo epopéyico. Del esfuerzo de un muchacho de diecinueve años que quiere encaramarse al Olimpo del toreo. Si Dios quiere y los toros lo respetan. ¡Brindemos por esto!


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