Edición Nº 1791


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    25 de setiembre de 2003
    Por AUGUSTO ELMORE

    LEO con renovado horror acerca de la ola de secuestros en Lima, y con mayor espanto el comentario que afirma que los delincuentes que los cometen serían presos que han sido excarcelados. A esos desalmados habría que sugerirles que secuestren a familiares de los jueces que los liberaron, porque sospecho que estos deben estar bien forrados, y podrían pagar el rescate fácilmente. S.E. ú O., claro.

    En un rasgo que probablemente defina su carácter mejor que ningún estudio psicológico que le puedan hacer, el presidente Bush, apenas supo que el huracán Isabel se iba sobre Washington, se las picó para Camp David, poniéndose así a buen recaudo. Y, felizmente para los habitantes de la capital de Estados Unidos, Bush estaba como siempre mal informado, porque el huracán terminó siendo tan solo una tormenta. ¡Valiente cowboy!, John Wayne se avergonzaría de él. En lugar de fugar y esconderse en Camp David, por lo menos podría haberse refugiado en los sótanos de la Casa Blanca, y así hubiese pasado piola.

    La cultura paga. Y bien. La prueba es la muestra de cuadros de Diego Rivera pertenecientes a la colección del estado de Veracruz que se exhibe actualmente en Madrid, auspiciada por el gobierno de ese estado y por México: pocas veces se ha visto una cobertura informativa mayor en esta ciudad que la brindada a dicha muestra. Le han dedicado cuantioso espacio todos los diarios, revistas, periódicos culturales, espacios de televisión, radio, etc. Claro que se trata de Diego Rivera y no de Perico de los Palotes, pero insisto que ocasionalmente se ha visto que una inversión reditúe más que esta cultural hecha por los mexicanos; como si fuera un pozo de petróleo o una mina de oro en cuestión de imagen para un país.

    Comentando eso con un buen amigo del ministerio de Cultura, su comentario fue: Es que los mexicanos tienen mucha lana, dijo. Es verdad, también es cuestión de lana, pero sobre todo, es saber cómo gastarla, y en qué gastarla. Ellos sí que saben. ¡Y vean nomás el turismo que reciben!. Ese es su cuantioso rédito.

    Profunda pena y no poco desasosiego me produce leer los medios peruanos (por Internet, claro) que en los últimos tiempos parecen un retrato de nuestra sociedad, en la que aparentemente todos están contra todos. Al revés de la proclama de los tres mosqueteros, en el Perú es uno contra todos y todos contra uno. Una suerte de guerra civil de palabras, diatribas e insultos, en la que cualquier episodio, por nimio que sea, se convierte en una montaña que echa humo, es decir en un volcán. Últimamente, por ejemplo, parecería que todos los problemas del Perú están concentrados en la figura de Guillermo Gonzales Arica, Secretario General de la Presidencia, que de repente se ha convertido en el Enemigo Público Nº 1. Probablemente, (me tinca), se trata tan sólo de una forma más de atacar a Toledo, al que por lo general están dirigidas todas las baterías de la prensa, en forma oblicua, sesgada o directa. ¡¿Es que no hay cosas más importantes en el Perú que la figura del Secretario?.

    Primero fue, creo, Zaraí, luego Koki, inmediatamente Eliane, más tarde los hermanos, hoy Willy. Pero siempre Toledo. La venganza es una yuca que se come fría, como diría Fujimori.

    Me entero que la señora Bianca Jagger, impugnadora del proyecto Camisea (que dicen que es el más grande en la historia del Perú), está de pleito con su casero del lujoso departamento que ocupa en la elegantísima avenida neoyorquina Park Avenue. No paga el alquiler, y en vez de ello ha entablado un juicio por deterioros. Vivir en Park Avenue, no pagar el alquiler y preocuparse porque se quiera extraer el gas de Camisea... ¿tendrán alguna relación?.

    La revista económica semanal de El País, aquí en Madrid, hizo un informe el domingo pasado cuyo titular afirmaba: Las aerolíneas se ponen a dieta, refiriéndose a los recortes que harán para equilibrar sus costos. Pero a los que algunas de ellas van a poner a dieta es a sus pasajeros, porque no hace mucho salió una información que decía que en algunos vuelos ya no iban a servir alimentos ni bebidas, y quienes los quisiesen tendrían que pagarlos. Si eso se confirma, la próxima vez que viaje llevaré mi lonchera.

    Delante de mi terraza (¡tengo una terraza!), en el tercer piso del edificio en el que vivo rodeado de árboles, contemplo -los sábados y domingos, que son mis días que me dedico a eso- cómo crecen poco a poco las ramas del árbol más cercano, que no sé cuándo fueron podadas. Y observo los retoños de hojas nacer y crecer casi con intensidad. Los árboles fueron podados frente a mi balcón casi subrepticiamente, al punto que en casa nadie sabe cuándo ocurrió. Y quienes lo hicieron, los podaron tan bien -no con los rudos machetazos que les dan en Lima- que al igual que en París, parecen cortados por una manicura. Por eso será que las nuevas ramas crecen casi con ahínco y rápidamente reverdecen otra vez las calles. Aprende uno así de la vida vegetal: todo aquello que se trata bien, rebrota.

    No sé si será debido a la caída del Muro de Berlín, pero muchas cosas han cambiado desde entonces, también en el Perú. Antes, por ejemplo, los empresarios se negaban a pagar impuestos y hasta financiaban golpes de estado, caso de Odría, para evitarlos. Hoy por hoy ya casi ni llama la atención que un empresario, Dionisio Romero, verbigracia, insinúe medidas que inhibiendo a otros sectores, hagan posible que "los Dionisio Romero paguen más". ¡No es posible, los empresarios ya no son los de antes!


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