Edición Nº 1791


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    25 de setiembre de 2003

    Por FERNANDO VIVAS

    Detrás de la Ventana
    Sobre las distorsiones del periodismo y de la lucha anticorrupción.

    LAS pesquisas que Cecilia Valenzuela habría cocinado con ayuda de las empresas de "seguimiento" Acontrol y All Security, según los indicios que presenta CARETAS en esta edición, ni siquiera tienen la coartada de haberse cometido en nombre de una libertad de expresión amenazada.

    No fue prensa en defensa propia ni de la vida ajena; fue, en el primer caso del 2001 en el que se encuentran indicios de seguimiento extremo, pura politiquería: escudriñar al aprista César Zumaeta para confirmar si visitó a Montesinos en su prisión de la Base Naval para negociar con el Doc declaraciones que pudieran implicar penalmente a Alan García.

    Provocativa hipótesis, pero que no justificaba tamaño celo. El entonces procurador José Ugaz habría sido el instigador de esta aventura de "Entrelíneas" en el espionaje político chuponeador, lo que revela un sesgo mucho más serio que el ayfó antiaprista de Valenzuela: que la figura más importante del proceso anticorrupción tenía una agenda política que interfería con las investigaciones.

    Fue precisamente el debut de "Entrelíneas" el 2 de setiembre del 2001 el que delató la distorsión de Ugaz. Valenzuela lanzó una "bomba" que ligaba a sus dos bestias negras, Montesinos y García. Mendel Winter declaró a la fiscal anticorrupción Ana Cecilia Magallanes, que el Doc habló con Alan cuando estaba en Panamá. Dato auténtico pero política y judicialmente soso, pues Montesinos estaba en fuga y García tenía más para oír que para dar.

    Pero no se trató de un espontáneo comentario del procesado. Fuentes de la fiscalía contaron que Magallanes entrevistó primero a Samuel Winter y al preguntarle por el dúo Montesinos-García le dijo que el tema lo manejaba su hermano Mendel. El abogado de los Winter César Nakasaki nos confirmó que hubo las dos entrevistas. Mendel sí se extendió sobre el tema en presencia del mismísimo Ugaz cuya firma aparece en el documento exhibido por "Entrelíneas".

    Esta anécdota del Winter equivocado estaría confirmando la intentona de utilizar políticamente el proceso anticorrupción. Probablemente fue en recuerdo de este caso que el congresista aprista Mauricio Mulder dio cuerda a Jorge Mufarech en la Comisión de Fiscalización que presidía para acusar a Ugaz (lo que, sea cual fuere el motivo de su encono, fue un horror aprista).

    Desde el 2002, Valenzuela pasó al periodismo opositor relegando la confrontación con el Apra a un segundo lugar. Es más, en su arremetida contra su nueva bestia negra César Almeyda, se habría servido también de fuentes apristas.

    Más allá de legítimos giros y fuentes plurales, lo lamentable es que se haya mantenido la vinculación con las empresas All Security y Acontrol según acusan informes del CNI.

    Valenzuela se ha perdido por su compulsivo afán de periodista aristocrática dispuesta a cruzar fronteras éticas con tal de tumbarse a sus enemigos. Además, nuestra Salomé estima que el poder de la prensa se acumula y se mide en cabezas cortadas y crisis azuzadas. Ha olvidado que las decisiones últimas sobre el poder le corresponden al elector o al juez si hay procesos judiciales de por medio... y no a una tiranía periodística que no admite cuestionamiento de nadie.

    En su último lío Valenzuela pidió la cabeza del decente almirante Alfonso Panizo que en verdad, no ha caído sólo por ese pedido ni por efecto de las intrigas de sus ex agentes o del ubicuo Willy González. Han sido sus propios asesores quienes lo habrían llamado al sacrificio con tal de frenar las investigaciones en torno a Valenzuela y Ugaz, dos baluartes en torno a los que muchos amigos cívicos han llamado equívocamente a cerrar filas. ¡Ni siquiera le permitieron revelar que fue él mismo quien, preocupado por su contenido, entregó a Baruch Ivcher el Plan Enrique!

    Valenzuela tiene en su haber algunos notables fiascos pero más son los aciertos a punta de empeño y agallas. Muchos la han escogido como la alternativa ante la vigencia en la TV abierta de periodistas que callaron en los 90. Esta simpatía cívica es un atenuante pero de ningún modo una excusa. Ni justifica la ingenuidad de Beatriz Merino que anunció la caída de Panizo como si así desagraviara al gremio y, para colmo, visitó a Valenzuela el fin de semana.

    Todas estas revelaciones no tienen por qué empañar la marcha actual del proceso anticorrupción, ni salpicar al correcto procurador Luis Vargas Valdivia. Tampoco debieran servir a las estrategias prescriptivas del Apra, cuyo líder mantiene en su entorno a elementos comprometidos con la corrupción de Agustín Mantilla; y mucho menos favorecer a los fujimontesinistas enjaulados. Que se calmen nuestras aguas.



     

    Escribe ANA DE LA REGUERA

    Ana de la Reguera, estrella mexicana de "Luciana y Nicolás", zapea entre Lima y el Distrito Federal.

    Lo que más disfruto son las comedias gringas como "Friends". Me encantan sus actores y sus historias, me olvido del mundo y me meto en el de ellos. También me gusta mucho "Sex and the City". En la TV mexicana veo "Entre lo público y lo privado", un estupendo programa nuevo que pasan los viernes por la noche. Pero en realidad, veo poca TV. Incluso, las noticias mexicanas, las leo por Internet cuando estoy viajando. Sólo me preocupo en ver TV cuando dan mis comedias favoritas y zapeo algo de E Entertainment, Film & Arts. No veo para nada nuestros programas de espectáculo, pero sí puedo estar horas viendo partidos de tenis. En el tiempo que llevo en Perú, honestamente, no he tenido tiempo de ver TV, me la paso grabando y en la noche voy directamente al cable. Creo que la TV no tiene necesariamente que ser educativa sino básicamente entretenida, pero sí quisiera que las telenovelas dieran más calidad al público. Aunque la verdad es que siento que el gusto ha decaído y la gente se conforma con poco.




    Tatiana Astengo, persuasiva terruca en "Paloma de papel" de Fabrizio Aguilar.

    Vuela, Paloma

    Simple y directa, "Paloma de papel" vuela por encima de los últimos títulos del cine nacional. En sus primeros 20 minutos Fabrizio Aguilar comete demasiados errores de primerizo: dirección plana, falta de reacción de los personajes, reiteraciones, mala edición que nos impide contemplar la armonía prebélica del pueblo. Pero de pronto, una vez que nos metemos en los ojos del niño en el laberinto senderista la película fluye con vigor. La violencia se confunde con el juego infantil y los camaradas, en un equilibradísimo retrato humano que no excluye su compulsión sanguinaria, tratan de compensar las carencias paternales de los chicos. Allí faltó complejidad pero hay ternura, acción, fuga jadeante por el espléndido paisaje del Callejón de Huaylas. Hay imágenes que ya postulan a la antología como la de los niños boleando sus huaracas bomba. Otra vez Tatiana Astengo destaca en el reparto por encima de una Melania Urbina muy fina para convencernos de que es una terruca dura. Suerte con el público.



     

     

    Picotazos

    "Los periodistas no tenemos la última palabra"

    Cecilia Valenzuela, tardíamente, en "La Ventana Indiscreta".

     


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