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Edición Nº 1791 |
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Tablas Como Cancha ESTA obra es una revancha. Esa que permite la ficción cuando se enfrenta a la realidad. El dramaturgo-director-actor Aldo Miyashiro fue un asiduo hincha que como todos los de su especie también quiso ser jugador de fútbol. Cuando se dio cuenta -oh fatalidad- que el talento sólo le permitía dedicarse seriamente al fulbito callejero, decidió ser escritor. Así, luego de pergeñar varias obras, conseguir algunos premios y terminar una novela de pronta publicación titulada "Jesucristo Súper Stone", presenta esta pieza donde recrea la fundación de la barra brava de la "U", utilizando subjetivas biografías de personajes reales recogidos de un pasado en la tribuna y de continuos diálogos con los actuales barristas que redondean una anécdota donde el rigor histórico muchas veces fue dejado de lado por la inspiración. De esta manera Misterio, Foreman, el Cuervo, el Nene y Curay trascienden la monotonía de la vida real para alcanzar la trascendencia de la ficción y relatar con sus vidas el génesis de la Trinchera Norte. Pero no todo sucede en las polvorientas graderías, también hay bares, tensas sobremesas familiares, esquinas de barrio, calor y sudor de amantes, aroma a pasta básica y resaca de trago corto. En ese contexto no es difícil imaginar un lenguaje plagado de crudas interjecciones, polisémicas criolladas, corrosivo humor y desvergonzada majadería que tiene como música de fondo a Héctor Lavoe. Es así como la desintegración familiar, la pobreza, la frustración y las oportunidades negadas provocan la creación de nuevos núcleos vitales poseedores de inéditas normas, códigos y sentimientos donde el valor máximo es la defensa de la camiseta: "Con nosotros quien quiera, contra nosotros quien pueda". HABLA MISTERIO "No hay un día en que nos sintamos más peruanos que cuando juega Perú. Cuando esos 11 que son el resumen de todos nosotros y nos llenan de esperanza y las calles quedan vacías. Cuando antes del partido sentimos un profundo orgullo por haber nacido en este país de silenciosos gemidores. Cuando perdemos y gritamos y lloramos y el futuro nos sienta en la silla o en la cancha una vez más para ver nuestra síntesis." "Si usted mira un Mundial podrá comprender a cada país en su real medida, podrá imaginar cómo pelearán en una guerra y cómo les harán el amor a sus mujeres o cómo sus mujeres les harán el amor. Porque el fútbol es el reflejo más exacto de un país". "En el fútbol todos jugamos porque el fútbol es la explicación más certera de la vida. La concepción de la humanidad se encuentra en una cancha donde 22 hombres se enfrentan y buscan su mejor estrategia para someter al rival." TIEMPO EXTRA Bombardas, luces, gritos y pica pica. Silbidos, silbatinas y silbatos. Canchita, chups y sánguches 7 sabores. La gente fuma, grita y maldice. Y la barra bullanguera no te deja de alentar. 17 actores están en la Trinchera Norte del Estadio Monumental para realizar el necesario "trabajo de campo". En la cancha se juega el llamado clásico moderno entre la "U" y el Cristal. De ese partido sólo cabe decir que mientras los reservistas calentaban, los pases en profundidad acababan en el lateral. Y pasan los años, pasan los jugadores pero lo que no pasa es mi pasión. En el entretiempo, mientras una de la actrices juega con el celular, Miyashiro nos comenta que más allá de la historia, la puesta en escena busca establecer una continua participación del público combinando lenguajes teatrales con el de la tribuna a través de cánticos, aplausos y franca pifiadera. Además, aclara que no es una obra restringida a hinchas merengues sino que por el contrario ansía convocar a todo tipo de público para que presencie un espectáculo vivo que relata una historia trágica pero común y plural en esta ciudad que pendularmente nos espectora y acoge. (J. C. Méndez).
Azul Profundo
DESAYUNO americano, alemán, jamaiquino, o escocés. Difícil elección para amanecer un viernes en Cajamarca. La noche anterior se había inaugurado el Festival con un concierto de Susana Baca y una fiesta que se extendió -en algunos casos- hasta el desayuno. Esa mañana comenzaban los recitales y alguien había decidido implementar una nueva técnica periodística: la entrevista presencial a distancia. Todo está en la mente, era la letanía. San Pedro, local que acogía el canto de los vates, es una construcción de granito levantada en el S. XVIII con buena acústica, agua y vino de casa en vasitos de plástico. Aunque nadie va a descubrir poetas a un festival de poesía es necesario mencionar el oficio de la plana mayor integrada por Corcuera, Cisneros, López Degregori, Mora, Sandoval y Robles y el buen nivel de la colombiana Piedad Bonnet, el brasileño Thiago de Mello y el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, la solidez de los jóvenes Roxana Crisólogo, Miguel Ildefonso y Pedro Favarón y la bondad lírica de los norteños Luis Alarcón, David Novoa, Luis Eduardo García, Elvira Roca Rey y Walter Curonisy. Ellos fueron los que después de una deliciosa cena animaron una madrugada inolvidable cantando hermosos temas en japonés, latín y griego: nadie entendió pero todos sintieron. Al día siguiente, en la hacienda San Vicente entre el molle, la retama, el eucalipto y el cielo azul, la vibrante voz de Flor Mercado soplaba verdades al oído: "las penas no matan nunca, sólo atormentan". Pero el sol se va y todo cambia de color. El domingo se presentaba ascético pero en el almuerzo campestre nadie tuvo objeción en imitar a Gargantúa y Pantagruel como ceremonia de despedida de los muchos que pocas horas después partirían de regreso a algún lado. Antes de partir, el poeta de las guaringas (alias Dimas Arrieta) acusó al panfletario poeta Pompilio Abanto (alias el Resucitado) de chuparse toda la energía de Thiago de Mello (alias el Resucitador), luego de arrancharlo de las manos de la muerte en medio del recital de Jorge Enrique Adoum. Esa noche -relataba el poeta de las guaringas- Thiago había sufrido un accidente y por ello el domingo guardó cama en compañía de su adorada garotinha. El lunes en la mañana rumbo al aeropuerto Thiago de Mello estaba nuevamente sano y alegre. Dimas Arrieta no lo pudo ver. (J.C.M.)
Mirada Griega
LA muestra "Iconos Griegos. Colección Velimezis - Museo Benaki" que fue reunida por primera vez en 1997 en el Museo de la Civilización Bizantina de Tesalónica en Grecia y que ha recorrido Suiza, Alemania, España, Portugal, Francia, Italia, Inglaterra y Estados Unidos, llega a nuestra capital para presentarnos obras de los siglos XV y XIX que en su conjunto ofrecen nuevos elementos para el estudio de la pintura eclesiástica posterior a la caída de Constantinopla. En ella, se pueden apreciar iconos que en su mayoría pertenecen a pintores que trabajaron en las siete islas jónicas: Corfú, Paxos, Léucade, Itaca, Cefalonia, Zante y Citera. Los trabajos más antiguos expuestos datan de la segunda mitad del siglo XV y los más significativos de la colección que se presentaron "La Resurrección de Lázaro" del pintor cretense Theofanis Strelitzas -Batas y "La Pasión de Cristo- Piedad con ángeles", enmarcado dentro de madera dorada simulando un altar y con el arco partido. Avisado.
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