Edición Nº 1793


 

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    ARTICULO

    9 de octubre de 2003

    Grrrr 21
    Sopresivo retiro del Perú del G-21 crispa relaciones entre la Cancillería y el Ministerio de Comercio Exterior.

    Ministros de RR.EE., Allan Wagner, y de Comercio Exterior, Raúl Diez Canseco: protagonismos y apresuramientos. Atrás Alfredo Ferrero, viceministro y mano derecha de RDC.

    LA sorpresiva y unilateral decisión del 1er vicepresidente de la República y ministro de Comercio Exterior, Raúl Diez Canseco, de retirar al Perú del G-21 la semana pasada, es un gazapo que puede llegar con factura.

    ¿Por qué Comercio Exterior sacrificó una alianza negociadora que demostró fuste en la reciente Cumbre de Cancún de la Organización Mundial de Comercio (OMC)?

    No escapó del análisis de los especialistas la visita de Luis Lauredo a Lima la semana pasada. Lauredo fue embajador de EE.UU. ante la OEA en el 2000 y es el actual director ejecutivo del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA). A su vez, es un interlocutor en el Acuerdo Bilateral de Libre Comercio que el Perú aspira cerrar con EE.UU. Nadie admite que Lauredo condicionó las negociaciones de comercio bilateral a la salida del Perú del G-21, pero un analista con vena taurina ensayó la siguiente explicación:

    -¿Cuándo un torero mata al toro de un "bajonazo"? El tamaño de los pitones explica muchas veces la forma sumaria con la que se decide acabar la faena.

    Sintomáticamente Colombia también se retiró del G-21 esta semana. No es el caso de Chile, sin embargo, que es el país que más cerca está de suscribir un Acuerdo Bilateral de Libre Comercio con EE.UU.

    QUÉ ES EL G-21

    El G-21 fue un grupo integrado por 21 países en desarrollo -13 de Latinoamérica- que siete meses atrás, en Ginebra, optaron por unirse a fin de llegar con una plataforma mínima común en el tema sobre comercio exterior de productos agrícolas en el marco de las urticantes negociaciones sobre la materia en la OMC.

    Dicho y hecho.

    Cuando a mediados de setiembre pasado las delegaciones de 146 países se dieron cita en el popular balneario mexicano de Cancún, en el marco de la V Cumbre Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), el G-21 se supo hacer sentir.

    El tema agrario fue la papa caliente de la Cumbre, y la razón de su estrepitoso fracaso. Pero el asunto pudo haber sido peor. En medio del choque de intereses entre Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, los países del G-21 estuvieron cerca de apuntarse un poroto (CARETAS 1792). No en vano el G-21 lo lidera Brasil e India.

    En virtud al coyuntural alineamiento estratégico en el G-21, el Perú fue uno de los 20 únicos países participantes del famoso y restrictivo "green room" que es donde se libró la batalla final. Fue la primera vez que estuvimos en la "cocina". A pesar del impasse que surgió en el tramo final de las negociaciones, éste no comprometió la agenda nacional.

    AGENDA COMUN

    El G-21 solicita la revisión por parte de la OMC de salvaguardas agrícolas, el reconocimiento de un trato diferenciado para un listado de productos sensibles (ie, arroz, algodón) y el desmontaje de subsidios y barreras arancelarias en el mundo industrializado a favor de una competencia global más leal.

    El pliego de reclamos se viene arrastrando desde la Ronda de Uruguay (1986-1997). Entonces países como el Perú asumieron el compromiso de no subsidiar su producción agrícola y depusieron las salvaguardas, mientras los países industrializados emergieron con un "waiver" bajo el brazo para mantener subsidios y ayudas múltiples. "Un resultado equivocado en extremo", según una alta fuente de Torre Tagle.

    El tema agrario en la OMC es particularmente sensible políticamente puesto que es un sector muy difícil y frágil de las economías, y está en juego la estabilidad y cohesión social de los países.

    Sin duda, entre los miembros del el G-21 es más grande la diversidad que la homogeneidad. Si el Perú es una economía abierta e importadora neta de alimentos, India es una economía cerrada, Argentina es una potencia expotadora de granos y Brasil conserva varios estamentos proteccionistas. Pero coinciden en los tres puntos esenciales de la agenda agraria. "Resulta evidente que el Perú hizo un buen negocio, beneficiándose de la emergente capacidad de negociación", se afirma en Torre Tagle.

    MUSCULO Y PECHUGA

    En Cancún, EE.UU. estuvo de acuerdo con la implementación de cláusulas de salvaguarda, un listado de productos sensibles e incluso el desmantelamiento de los subsidios a sus exportaciones agrarias. Incluso la Unión Europea -la más retrechera- parecía estar dispuesta a llegar a un concenso a cambio de algunas concesiones en el terreno de la competividad (inversiones, compras estatales, políticas de competencia) propias de los Acuerdos de Singapur (1996).

    Fue entonces cuando saltó la liebre. India y los países africanos -aún cuando la UE cedió su agenda negociadora a sólo las "compras estatales"- se resistieron a rajatabla. Por eso fracasó Cancún. No era el caso peruano, que no tiene ningún huevo en esa canasta. "Si el Perú tenía que firmar, lo firmábamos", se asegura Torre Tagle. "Es más, el país no se contaminó con el bloqueo político de la conferencia". La próxima ronda será en Ginebra. Vamos a ver cómo nos va ahora bailando con nuestro propio pañuelito. (Marco Zileri).

     


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